jueves, 31 de enero de 2013

Las sectas muestran que sigue habiendo sed de espiritualidad

Según ha señalado el sociólogo y coordinador del Observatorio de la Libertad Religiosa del Ministerio de Relaciones Exteriores italiano, Massimo Introvigne, las minorías religiosas no tradicionales no superan el 2% de la población en ningún país de Europa, refiriéndose a las sectas. Por otro lado, los estudios que maneja el sociólogo apuntan un aumento de las personas que no creen en Dios.

Basándose en estas informaciones, el medio digital español Zoom News, de reciente creación, ha publicado un reportaje elaborado por Alicia Rodríguez, y que ha titulado "El auge de las sectas frente a la pérdida de fieles de las religiones tradicionales". Lo reproducimos a continuación.

Feuerbach, Marx o Nietzsche fueron algunos de los estudiosos que vaticinaron la muerte de la religión, basándose en que en un futuro el hombre dejaría de necesitar a Dios. Ahora, casi dos siglos después, Luis Santamaría, sacerdote y miembro de la Red Iberoamericana de Estudio de las Sectas (RIES), apunta que “es cierto que hay menos personas que creen en Dios como lo presenta la religión tradicional, pero sigue existiendo sed de espiritualidad, por lo que acaban refugiándose en otras alternativas como el fundamentalismo, las sectas y la religiosidad difusa hecha a medida, menos formal”.

Santamaría reconoce que la Iglesia Católica lleva años planteándose seriamente el auge de las sectas como un desafío. “Existe una labor de autocrítica respecto a qué se está haciendo mal para que un católico acuda a una organización de ese tipo a buscar lo que no encuentra en la Iglesia”, asegura el sacerdote. Para el miembro de RIES, el problema puede radicar en el énfasis que se le ha dado a “lo social y moral”, dejando en segundo término “lo espiritual”.

Sectas y jóvenes

La religiosidad de los jóvenes (de 15 a 29 años) es la menos estática de la sociedad y su comportamiento en este campo es un buen indicativo de la tendencia actual. Tal y como recuerda Santamaría, los sondeos Injuve -realizados por el Instituto de la Juventud cuando dependía del Ministerio de Sanidad, Política Social e Igualdad- señalan que entre 2002 y 2010 el número de jóvenes españoles que se consideran católicos ha descendido 15 puntos porcentuales. Por otro lado, la categoría de miembros de otras religiones subió del 2,1% al 7,7%.

También el doctor Pepe Rodríguez, especialista en problemáticas religiosas y director del Equipo Multidisciplinar para el Asesoramiento y Asistencia en Problemas Sectarios (EMAAPS), cree que las alternativas clásicas están perdiendo fuelle a favor de las sectarias. “Cada vez hay más dolor, desconcierto y estupidez, lo que lleva a muchos a plantearse cualquier salida”, apunta Rodríguez.

Para él, el problema reside en la misma sociedad, de un claro perfil de “inmadurez”, donde se ha experimentado un importante incremento de la tensión y la ansiedad. “Para reducir esa sensación se recurre a todo tipo de mecanismos como las drogas y las adicciones”, explica el especialista. Las sectas estarían dentro del segundo grupo, consideradas como “adicción grupal” cuando se usan de forma patológica para reducir la ansiedad y se entra en una dinámica de dependencia.

¿Cuántas sectas y cuántos adeptos?

Conocer el número exacto de estos grupos manipulativos resulta una misión imposible desde el momento en el que se pretende consensuar el significado mismo de la palabra ‘secta’. “Hay un berenjenal definitorio, no puede haber acuerdo de parámetros de medición objetivos”, asegura Pepe Rodríguez. Para el director de EMAAPS el término adecuado para hablar de esta problemática es ‘sectarismo destructivo’.
Se trata de dinámicas grupales que usan técnicas coactivas y de manipulación con el fin de aislar a los adeptos y vulnerar sus derechos”, explica Rodríguez. El sacerdote y miembro de RIES, Luis Santamaría, reconoce que existen muchas definiciones distintas, algunas tan dispares que ni siquiera coinciden en la naturaleza manipuladora de la misma. “Estas discrepancias en su significado hacen imposible su medición”, afirma Santamaría.

Perfil de las sectas y sus líderes

Por otro lado, Omar Saldaña, del departamento de Psicología Social de la Universitat de Barcelona y miembro del equipo Invictus Investigación, recuerda que las sectas “son un fenómeno de gran invisibilidad y, además, aunque puedan realizarse sondeos difícilmente se podrá conocer cuáles de ellas son realmente manipulativas”. “La mayoría de los casos que nos llegan al gabinete proceden de grupos que ni siquiera conocemos”, explica Juantxo Domínguez, presidente de la Asociación para la Prevención de la Manipulación Sectaria, RedUne.

La tradicional imagen de secta se ha visto alterada en los últimos tiempos. “Se ha experimentado un profundo cambio en el proceder y la naturaleza misma de estos grupos, que no tienen por qué estar relacionados con la religiosidad”, explica Domínguez. Su entidad destaca tres tipos de sectas, que son las que están detrás de más del 70% de los casos que les llegan: las relacionadas con la salud, donde existe un amplio espectro de intrusismo por parte de sanadores y ‘médicos del alma’; aquellas que se concentran en el tema laboral y las seudoreligiosas, que se basan en ritos como el esoterismo o el satanismo.

Pese a existir multitud de tipos de sectas, todas ellas cuenta con una ideología y un líder común. Pepe Rodríguez explica que al mando siempre hay alguien con un trastorno de personalidad. “Este sujeto puede ser narcisista, por lo que se aprovechará de la gente sin ningún escrúpulo, o tener un trastorno paranoide, incluido un punto de alucinación que le hará creer que es un elegido. Este delirio les permite idear una doctrina y comunicarla de forma coherente y vehemente, lo que les allana el camino a la hora de manipular”, señala el director de EMAAPS.

En contra de lo que pueda pensarse, hacer negocio no suele estar entre los objetivos del líder. “Eso llega siempre a posteriori”, aclara Rodríguez, “quieren tener a gente alrededor para equilibrar sus ansias de dominio, aunque es cierto que en este contexto resulta más fácil el expolio”. Luis Santamaría también opina que el tópico del líder sectario que solo busca aprovecharse de la gente no se cumple siempre. “En ocasiones, en casos sonados de suicidio colectivo, este sujeto ha muerto junto con el resto de personas pertenecientes a la secta porque realmente estaba convencido de lo que predicaba”, apunta el sacerdote.

Una sociedad estresada, desinformada y en crisis

Por otro lado, el perfil del afectado es muy heterogéneo. Para Santamaría, “cualquiera, si se le encuentra en el momento oportuno, puede ser una víctima”. En este sentido, los expertos coinciden en atribuirle una baja autoestima y una carencia afectiva y espiritual. Para Rodríguez, el auge de las sectas se debe fundamentalmente a la ansiedad del hombre del siglo XXI, que le empuja a buscar alivio en los lugares más insospechados. Por su parte, Luis Santamaría señala la crisis económica como factor determinante, considerándola caldo de cultivo por hacer más vulnerable a la gente.

Según Santamaría, la clave para solucionar el problema de las sectas destructivas es una buena formación en cultura religiosa. “Defiendo que la asignatura de Religión es necesaria para que una persona pueda tener capacidad de discernimiento a la hora de valorar las alternativas religiosas”, señala el miembro de RIES. Además, considera fundamental que los religiosos recuperen su popularidad perdida en los últimos tiempos.

Para Pepe Rodríguez, toda posible solución pasa por la maduración de la sociedad, mientras que Juantxo Domínguez, presidente de RedUne, cree que el problema es “el amparo de este tipo de grupos en nombre de la libertad religiosa”. “No se quiere crear jurisprudencia en torno a este sector, por lo que acaba convirtiéndose en un campo abonado para el intrusismo y el fraude”, lamenta Domínguez. “Sería conveniente avanzar en el desarrollo de métodos para detectar prácticas de abuso psicológico en contextos grupales y también en la revisión de la legislación vigente para que dichas prácticas sean reconocidas como delitos”, apunta Omar Saldaña, de Invictus Investigación.

Fuente: Zoom News