martes, 29 de mayo de 2018
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martes, 29 de mayo de 2012
¿Qué aire se respira en El Arte de Vivir?
jueves, 10 de mayo de 2012
"Vino viejo en odres descartables": Isha y las nuevas sectas con disfraz terapéutico
jueves, 3 de noviembre de 2011
La millonaria industria del gurú indio Sri Sri Ravi Shankar
"¿Lo puedo abrazar?", pregunta Shruti, una niña de Delhi, que estaba desesperada por tener una audiencia con su gurú. Pero la gran multitud, de varios miles de devotos, impidió que lo pudiera alcanzar. Se la veía ansiosa por lograr al menos poder ver de lejos al hombre por el que había viajado desde tan lejos. Shruti es una de los muchos devotos de Sri Sri Ravi Shankar, uno de los líderes espirituales más populares de la India moderna.
Y no es sólo popular en casa: tiene una presencia en más de 150 países en todo el mundo y sus seguidores se cuentan en millones. Por lo que más se le conoce es por lo que él llama su "programa Arte de vivir", diseñado para "aliviar la angustia urbana" por la vía de la meditación.
Meditación y lentejas
Los líderes espirituales no son algo nuevo en India, donde los hay más per cápita que en cualquier otra nación. Lo que ha cambiado recientemente, sin embargo, es que ya no se trata de un conjunto de creencias o de fe personal; es también una industria boyante, cuyo valor se estima en millones de dólares. Hoy en día, además, hay innumerables empresas derivadas de estos gurús -desde música en CDs y videos, hasta turismo y canales de televisión, pasando por portales espirituales que le permiten a los seguidores presentarles sus respetos a sus dioses por internet.
El cuartel del imperio de Sri Sri Ravi Shankar ocupa un imponente terreno que se extiende por más de 40 hectáreas en la sureña ciudad india de Bangalore. Hay un suntuoso ashram (lugar de meditación y enseñanza hinduista), numerosos "centros de recursos" y una escuela para el estudio de Vedas, los cuatro textos que fueron la base de la desaparecida religión védica, previa al hinduismo. También cuenta con una enorme cocina que alimenta a 5.000 devotos todos los días.
Llenando el vacío
Paseando por el complejo, llama la atención la gran variedad y gama de mercancías que se han desarrollado a partir del gurú. No se limita a discos y libros; productos como cremas bronceadoras, champú y medicinas también están a la venta. El profesor Dipankar Gupta ha estado explorando esta tendencia en la que la religión y espiritualidad se transforma en una industria multimillonaria que, en algunos casos, convierte a los gurús en megarricos.
Sri Sri Ravi Shankar, por ejemplo, está en el puesto 8 de la lista de Forbes de los líderes más importantes de India. Gupta cree que una de las razones por las cuales estos gurús tienen tanta influencia es que llenan un vacío que deja el Estado. Muchos proveen seguridad social, educación y salud a la gente que de otra manera virtualmente no tiene acceso a esos servicios.
Cómodamente espirituales
Lo que le preocupa a Gupta es que "algunos de estos gurús viven esplendorosamente". Desde su punto de vista, "eso no conjuga con su persona espiritual". ¿Qué siente Sri Sri Ravi Shankar respecto al dinero habiendo asumido tal posición en algo tan espiritual?, le pregunto. "La espiritualidad no tiene precio, sin embargo se hacen ciertos cargos para costear los gastos del programa y no hay nada malo en eso", declara, en conversación con la BBC.
No obstante, la cantidad de dinero supera el mero costo de los gastos, le señalo, y me responde poéticamente: "La fastuosidad es contraria a la espiritualidad, pero la comodidad, no. La austeridad no tiene que implicar sufrimiento. Uno no tiene que vivir en una choza con goteras, con frío y sólo una cobija. Eso no es señal de espiritualidad. Cuando hace calor no tienes que estar bajo el sol para ser espiritual... ¡puedes tener aire acondicionado, sin problema!".
Buen negocio
Los miles de devotos no parecen percibir las aparentes contradicciones mientras bailan al aire abierto, meditan con su gurú y se alimentan del arroz y las lentejas que les sirven en la cocina de su líder espiritual. Todos parecen sentir que la transacción sale a cuenta. Entre tanto, Nitish Kashyap, un joven estudiante que acudió al centro en busca de respuestas a sus preguntas, volvió desilusionado.
"En el ambiente del campamento es fácil sentirse relajado pero apenas volví a la vida real, me di cuenta de que nada había cambiado... fue un desperdicio de dinero". Pero Nitish parece estar en la minoría. Cualquiera que sea su valor espiritual, el buen marketing y la publicidad le han ayudado a estos gurús a ser poderosos en la India contemporánea y sus congregaciones los aúpan.
Para saber más
El sacerdote español Julio de la Vega-Hazas, miembro de la Red Iberoamericana de Estudio de las Sectas (RIES), escribió un amplio artículo sobre este grupo y su gurú, que puede leerse en el portal Catholic.net.
jueves, 21 de julio de 2011
La moda del hinduismo light a la carta: sucedáneos religiosos para escapar al interrogante sobre Dios
Dentro de la columna sobre jóvenes y nuevas religiosidades, de la agencia de noticias Zenit, dirigida por Luis Santamaría del Río, sacerdote experto en nuevas religiosidades y miembro fundador de la Red Iberoamericana de Estudio de las Sectas (RIES), les ofrecemos la última aportación. Puede consultar el resto de artículos a partir del siguiente enlace. El autor del artículo de hoy es el sacerdote español D. Julio de la Vega-Hazas Ramírez, doctor en Teología y licenciado en Derecho, miembro de la Red Iberoamericana de Estudio de las Sectas (RIES), y autor, entre otros, de los libros "El complejo mundo de las sectas" (2000), "El mensaje social cristiano" (2007) y "Educar en la templanza" (2009).
* * * * *
En los años 60, a raíz de la independencia de la India y la traumática separación de Pakistán, hubo un verdadero revival religioso en la India. La corriente llegó a Occidente, dejando el recuerdo de los llamados Hare Krishna canturreando por las calles, o de carteles de personajes como Maharishi (Meditación Trascendental) o Rajneesh –ahora conocido como Osho– invitando a apuntarse a sus cursos de meditación.
Hoy todo aquello se ha transformado bastante. Los llamados ashrams, que entonces eran unas comunidades semimonásticas donde se vivía –o se pretendía vivir, según los casos– una vida austera de separación del mundo y meditación, se han convertido en acogedores hoteles que dan cursos de meditación y yoga. La oferta puede ser más compleja, incluyendo cosas como masajes y tratamientos médicos que al menos en un caso llegan a la radioterapia. Están repartidos por toda India, y los mejor instalados son parte de la oferta turística del país. Su principal clientela, de todas formas, no son los extranjeros, sino la clase media india que crece con pujanza a causa del desarrollo económico, y que vive con la misma agitación que la occidental. Por supuesto, los grupos más conocidos en Occidente tienen su moderno ashram, y figuran entre los más lujosos: ISKCON (el Hare Krishna) en Vrindavan (el principal, pues tiene varios), Osho en Puna, Meditación Trascendental en Rishikesh, y el más reciente Arte de Vivir del llamado –siempre se trata de pseudónimos laudatorios– Sri Sri Ravi Shankar se ha instalado en las afueras de la ciudad más tecnológica y prometedora de la actual India, Bangalore.
La gran mayoría de la clientela de estos establecimientos busca paz, sosiego interior y claves para resolver sus problemas personales donde se oferta y creen poder hallarla dentro de su tradición religiosa, el hinduismo. Pero el planteamiento mismo ya deja ver que, a pesar del cuidado decorado y la imagen de profesionalidad con que se anuncian, el producto, religiosamente hablando, es una devaluación. El auténtico yoga es un ascetismo que requiere toda una vida para alcanzar su meta, y no una mezcla de gimnasia y relajación física y mental que endereza un espíritu perdido en el stress de la vida moderna. Y la “conciencia cósmica” para un hindú que tome en serio su religión no es algo que se consiga en un cursillo de quince días. Esto es algo que no pasa inadvertido en la India, y no faltan críticas al respecto. Pero da igual, es una cuestión de mercado: también allí hay una fuerte demanda de lo que podríamos llamar religión light o descafeinada, y la oferta no se hace esperar. Claro está que siempre hay alguien que busca algo más auténtico, y también les hace falta a estas organizaciones, pues de ahí reclutan a su personal.
Es importante conocer esto para poder entender su proyección en Occidente. Aquí existe una demanda mayor si cabe de tranquilizantes de conciencia para quienes no quieren comprometerse en serio con una religión. Y esta oferta oriental parece encajar muy bien con sus demandas. Se pueden advertir tres niveles en los que se pone en contacto esta demanda y la correspondiente oferta en nuestro mundo, aunque no deben tomarse como una rígida división, pues la realidad aquí es muy compleja.
Encontramos en primer lugar las organizaciones de corte abiertamente hindú, con su gurú al frente (las principales ya se han mencionado arriba). Sin embargo, salvo para quien lo pida expresamente, aseguran que lo que ofertan no es hinduismo, sino algo compatible con cualquier creencia. Venden el yoga como una mera técnica para sentirse bien y deshacerse del stress –los “cursos de respiración” del Arte de Vivir son en la actualidad el ejemplo más típico–. Se presentan como expertos en psicología –Osho es aquí el mejor ejemplo–, o como oferta de una vaga espiritualidad. El cebo en este caso es fácil de entender: espiritualidad sin religión suena a producto atractivo para quienes buscan, y a ser posible de manera rápida aplicando una técnica, los efectos beneficiosos de la religión –conciencia en paz sobre todo– pero sin religión. En realidad, dentro de esas organizaciones se sabe perfectamente que lo que dan es lo mismo que en la India pero aún más diluido. Dependiendo de la demanda, ahí se queda todo o dan algún paso más; por supuesto, las estancias en sus ashrams indios van siempre incluidas en la oferta.
En el segundo nivel encontramos otras organizaciones, normalmente más modestas e igualmente procedentes de Oriente, cuyo ropaje ha dejado de ser el propio pues se presentan con un aspecto occidentalizado. Ofrecen básicamente lo mismo, pero sin que aparezcan vocablos como “meditación”, “espiritualidad” o “yoga”, aunque entre su parafernalia no falte alguna cita de santones religiosos orientales, mezcladas con otras de distinta procedencia. Aquí el disfraz es más del tipo New Age: Se ofertan cursos “de potencial humano”, se presentan como una especie de naturalismo que promete sacar de lo profundo de uno mismo las claves para el sosiego, la felicidad o el perfecto control de sí mismo y las relaciones con el prójimo. Evidentemente, quienes propagan estas cosas saben de dónde las han sacado. Es posible que ellos mismos contemplen el hinduismo como una religión naturalista, pero es imposible que ignoren que es una religión. Disimularlo no es más que una táctica para abrirse paso en el mercado.
El tercer nivel lo forman personas singulares, la mayoría occidentales. Lo que venden son libros y conferencias (y sus derivados: DVDs, folletos, etc.). Las ideas siguen siendo las mismas, pero la terminología es completamente occidental, pero aquí se presentan sobre todo como sistemas de autoayuda. Puede que busquen la imagen de un sabio académico, o puede que se prefiera la de un genio independiente –la primera da más autoridad, la segunda casa mejor con la autoayuda–, pero en todo caso no pasan de ser una especie de nuevo gnosticismo con ideas prestadas, por mucho que se quiera ocultar esto último.
Es fácil comprobar que conforme hemos ido bajando de nivel, aumenta el grado de disfraz. Lo cierto es que tampoco importa demasiado, porque en todo caso lo que encontramos en este sector son sucedáneos de religión más que religión propiamente dicha, algo, que, como la Historia demuestra, prolifera en sociedades en las que es frecuente la aversión o el miedo a enfrentarse con lo auténtico, a ponerse frente a Dios.
miércoles, 3 de diciembre de 2008
El Arte de Vivir organiza fiestas de meditación en discotecas de Argentina

“Noches de om, túnicas, reiki y jugos de frutas. En las raves de los yoguis urbanos hay meditación y se baila psytrance”. Así encabezaba hace unos días Jorge Luis Fernández el artículo que publicó sobre este tema en el diario argentino La Nación. En él descubre lo que hace en estas fiestas la secta El Arte de Vivir.
Viernes a la noche en una disco de Palermo. La consigna era divertirse sin alcohol ni drogas, y con una barra que ofrecía tragos energizantes. El programa de televisión “Argentinos por su nombre” quiso experimentar y llevó a una pandilla de motoqueros, para ver si estaban en su salsa. Pero no fueron los reyes de la noche. El rey de la noche fue Pankaj, un instructor hindú de meditación que salió de la nada con una túnica blanca, incandescente, y se abrió paso.
Pankaj subió al escenario y el resto obedeció sin chistar. El DJ desconectó la marcha mientras los bailarines dejaron de sacudirse. Si alguien creyera que en Buenos Aires estaba todo visto, tendría que haberse arrimado: lo que era una fiesta se convirtió en una meditación de quinientas personas en silencio recostadas sin el ringtone de un celular. "Se arma un clima de conciencia grupal", reflexiona al final del encuentro Pablo Faga, un miembro de la ONG El Arte de Vivir, organizadora de Yoga Rave. "Hay algo que se expande y pasa a ser compartido por todos. Hay respeto, incluso de la gente que no está involucrada."
"La idea es demostrar que podemos divertirnos de otra manera -agrega su compañero Ramiro Roballos-. La meditación elimina el estrés y sube el nivel de energía. Esa energía afecta todo el ambiente, como cuando ves a alguien que tiene una onda increíble." Yoga Rave (que planea repetirse en 2009) fue el punto más alto de una tendencia que apenas empieza, y tiene la filosofía hindú como principal componente. De hecho, cuando tuvo que buscar un nombre para su fiesta, que se realizará el 6 de diciembre próximo, el disc-jockey Cristian Trincado tomó prestado el vocablo sánscrito asana, que se aplica a las posturas de yoga.
"FiestAsana es la postura festiva -dice irónico-. Es la idea de un grupo de amigos, pero está en el inconsciente colectivo: todos queremos ir a bailar más temprano." El toque distinto de la propuesta es su arranque vespertino. Como muchos que superaron los treinta, Trincado se cansó del ejercicio madrugador y de perder las facturas del domingo. Al consultarlo sobre qué cosas lo irritan más, el DJ resopla y enumera: "Hay que dormir una siesta y perder el día siguiente recuperándose. Además, la ropa y los bronquios quedan a la miseria por el humo. Parecería que la noche se convirtió en un campo de batalla".
Estas fiestas alternativas, que alientan el contacto con lo natural, tienen un precedente en las celebraciones hippies del estado de Goa, India, durante los años 60. En los 90, incorporaron sonidos de música electrónica y se generó una síntesis tribal-tecno-psicodélica que se bautizó Goa trance o psytrance. "Conocí estos eventos en la India hace quince años y me impactaron las energías que generaba el baile", recuerda el DJ Moksha, pionero argentino del psytrance, organizador del ciclo After Power (domingos, a la mañana, en los arcos de Palermo) y de las fiestas Dancing Budhas Outdoor, que se realizan durante el verano en zonas abiertas del conurbano.
"Hacemos estos encuentros en contacto con la naturaleza, en un área de acampe con pileta, fogón y todas las comodidades", explica el DJ. "Arrancamos a la tarde con sonidos ambientales y a la madrugada la música suena fuerte, poderosa, para darle la bienvenida al sol. Entre baile y baile hay clases de yoga, meditaciones y un área de masajes y reiki. También tenemos una barra de comidas naturistas, todo muy sano y rico", explica.
Pero indudablemente quienes más conocen de vida sana son los propios yoguis, como la gente de Uni-Yôga, instituto especializado en las complejas posturas del swásthya yôga que años atrás puso en marcha sus fiestas. "Son ambientes libres de humo, en virtud de que la mayoría no tiene el hábito de fumar", comenta Edgardo Caramella, director de la institución. "Tampoco se consume alcohol ni drogas. En su reemplazo hay jugos, licuados, bocaditos? Los practicantes de swásthya yôga adquieren gradualmente otros hábitos", añade.
Las fiestas se realizan en las sedes de Capital y San Isidro, con show de malabaristas, recitales y números coreográficos de swásthya yôga. Aunque en principio eran exclusivas para practicantes y amigos, el éxito de las "fiestas sanas" (como ellos las llaman) hizo que Caramella recibiera habitualmente llamados de gente interesada. "Esto me llevó a una conclusión -dice-. Son muchos los que desean divertirse sin beber o estimularse químicamente." Ahora, en vez de chin-chin, los nuevos bailarines dicen ommm...
Fuente: Info-RIES nº 108 (28/11/08).




