jueves, 29 de mayo de 2014

Uruguay: se mantiene la laicidad, pero crecen las religiosidades alternativas

Crece la cantidad de uruguayos que pasan del ateísmo y las religiones clásicas a estudiar kabbalah, rituales chamánicos y otras corrientes. Así inicia Tomer Urwicz su reportaje titulado “La nueva espiritualidad” en el diario uruguayo El País.

A los ocho años Soledad Navarro (36 años) quedó huérfana y su nombre cobró aún más significado. Una década de educación católica no consiguió que pudiera responderse la pregunta que la carcomía desde la infancia: ¿por qué a mí? Pasó el tiempo, formó su propia familia, se graduó en Gerencia y Administración, tuvo un buen pasar económico y una vida con todos los requisitos para ser tildada de exitosa; pero el dolor, dice, seguía adentro suyo. Buscó soluciones con terapias tradicionales hasta que a los 31 años una amiga la acercó al estudio de la kabbalah. Hoy está volcada a la espiritualidad y hasta participa cada mañana de cursos online desde su iPhone mientras hace cinta en el gimnasio.

Santos Victorino (48 años) tuvo una crisis existencial a los 33 años, por una historia de amor. Su entonces pareja, a quien conoció en un grupo de zarzuela de Rivera, murió de cáncer de esófago. Fue tal el vacío que sintió que participó de un “rezo del tabaco”, invitado por unos amigos. El chamán que dirigía la ceremonia le sugirió que se acercarse al Santo Daime, del lado brasileño de la frontera, en donde probó por primera vez la meditación con ayahuasca (mix de hojas alucinógenas). La experiencia fue mala y se prometió no repetirla. Pero de a poco sintió un cambio en su vida y decidió volver a intentarlo. Desde ahí no lo dejó, tanto que hoy dirige el Instituto Espiritual Chamánico de Uruguay, con rituales en Montevideo, Salto y Paysandú.

Una realidad sociológica significativa

¿Qué tienen en común los chamanes y la kabbalah? Probablemente muy poco, excepto ser parte de ofertas espirituales que, en los últimos tiempos en Uruguay, nuclean cada vez a más adeptos por fuera de las religiones tradicionales. De hecho, en la última década descendió un 15 % la confianza que se deposita en la Iglesia Católica, según datos del Latinobarómetro de 2011. Sin embargo, no disminuyó la creencia en Dios (8 de cada 10 uruguayos son creyentes) o la práctica de ceremonias, explica el antropólogo Nicolás Guigou, investigador de la Facultad de Humanidades de la Universidad de la República. En todo caso, como Soledad y Santos, hay quienes buscan caminos alternativos para encontrarse consigo mismos.

Y aunque muchas veces suele confundirse este tipo de opciones con cambios de vida radicales, Soledad aclara que ella no abandonó su confort ni cambió sus amistades. Tampoco usa una vestimenta especial ni sigue normas estrictas que parezcan de una religión cerrada. De hecho, considera que el estudio de la kabbalah no es una religión, sino una “tecnología espiritual” o “sabiduría” que tiene más de 4.000 años y que, a través de interpretaciones y alegorías, “permite mejorar la calidad de vida para ser más feliz”.

El pasado 8 de abril, un hotel de Pocitos ofició de centro de reunión para ella y otros treinta kabbalistas que provienen de distintas religiones o, incluso, dicen ser agnósticos. Se dividen en tres salones, según el grado de estudio que hayan alcanzado, y debaten “el tema de la semana” que es explicado en español por un maestro a través de videoconferencias. Cada día de curso cuesta 350 pesos. La mayoría son mujeres, en el entorno de los 40 años, y con un buen pasar económico. No falta quien juega al Candy Crush mientras espera la hora de comienzo o quienes hablan de negocios antes de entrar a “clase”.

Varios son profesionales o alcanzaron altos niveles educativos. Es que, “finalmente llega a Uruguay algo que ya viene pasando en el resto del mundo: las búsquedas espirituales se expresan también en los sectores más intelectuales”, explica el sociólogo Néstor Da Costa, docente de la Universidad Católica y Claeh.

Ingesta de drogas rituales

Algo similar ocurre en las ceremonias chamánicas que dirige Santos. El encuentro tiene lugar un sábado y llueve. Las gotas impactan con fuerza en la claraboya de una antigua casa del Cordón. En su interior hay unas 20 personas haciendo rituales con ayahuasca, rodeados por una bandera artiguense que recuerda a los ancestros y una luz tenue que hace olvidar el paso del tiempo y las cinco horas que dura la sesión. Tres de los participantes vienen por primera vez, y Santos aconseja pensar en tres palabras clave para cuando el alucinógeno haga su efecto: “luz, fuerza, amor”.

Todos repiten al unísono y el murmullo se entremezcla con el golpeteo de la lluvia y música instrumental que intenta relajar. Por más que algunos ya tienen experiencia con la sustancia, los nervios se notan en sus rostros. La ingesta suele traer vómitos y ganas de ir al baño, sumado a experiencias en las que “todos los cucos, los miedos y el inconsciente salen a la luz”, dice el maestro de ceremonia. “Una toma de ayahuasca”, compara, “equivale a un año entero de psicoterapia”.

En el grupo hay, justamente, algunos psicólogos en busca de otras herramientas, porque lo aprendido en la facultad no les alcanza. Hay empresarios, personas con VIH y toxicómanos. También están quienes, como Elisa (32 años), se acercan en busca de ayuda; fue con su ex marido adicto a la cocaína. Cuenta que con estas meditaciones encontró “una salida”. Otros como Rafael (29 años) participan por el simple “placer de sentirse bien” consigo mismo y como forma de conocerse un poco más. Y algunos pocos, dice Santos, llegan para probar un alucinógeno diferente a los que ya experimentaron.

Pero ni las profesiones ni los motivos que los trajeron a este ritual ni la historia de cada uno se notan en medio de la ingesta del ayahuasca. Todos pagan los 800 pesos que cuesta estar allí y visten de blanco, sin ropas ostentosas, para evitar que los colores “compliquen el viaje psicodélico”. Cada uno está sentado en su silla de plástico sin cruzar brazos ni piernas y tienen a un costado una bolsa de nylon para los vómitos. Cada vez que alguno se siente mal, los colaboradores de Santos lo acompañan al baño. Porque, a diferencia de lo que sucede en las religiones más clásicas, en las nuevas formas de espiritualidad hay veces que se pone en juego hasta el cuerpo.

De la ayahuasca a la geometría armónica

Aunque en este tipo de corrientes espirituales no se llega al grado de emotividad de las iglesias pentecostales -que tienen mayor influencia en los sectores menos pudientes- igual se “exaltan los sentidos”, afirma el antropólogo Guigou, quien investiga con este tipo de grupos en Brasil. Lo hacen a través de la alimentación, yoga, respiración o música y con un acercamiento que el experto define como “más intelectual”.

Mijael Sabaj (21 años) es prueba de esta búsqueda errante y que involucra al cuerpo. En los últimos dos años pasó de probar ayahuasca, a estudiar kabbalah, a hacer terapias con sonidos y aromas, hasta que finalmente encontró la “sabiduría” con la que se siente más cómodo: la geometría armónica. En los elementos de la naturaleza trata de hallar círculos entrelazados, triángulos y cuadrados que explican el origen del universo y cómo “todo tiene su unidad”, dice. Todo comenzó cuando conoció una aldea en Israel que se dedicaba a la agricultura sustentable. Él, vegetariano de nacimiento y acostumbrado a filosofar en las cenas familiares sobre el respeto a la tierra, vio que aquel lugar nucleaba buena parte de sus intereses.

De regreso a Uruguay se juntó con algunas comunidades alternativas en el país, muchas vinculadas a grupos espirituales esotéricos. Fue así que conoció a una de ellas, el Camino Rojo, y a personas que, como él, sentían que “el mundo es un caos y hay que tomar una actitud para estar en paz con el medio en que se vive”. Esa es la explicación que encuentra Mijael para justificar este creciente “esnobismo espiritualista”.

Espiritualidad a la carta

Pero no es solo eso. “Internet permite que se abra la oferta religiosa y que toda esa información, que por ahí la gente quería encontrar, está accesible”, comenta mientras muestra un texto que tiene subrayado para explicar que “cada uno marca lo que le interesa y lo que no, lo descarta; de eso se trata”.

Es tal la rotación por las distintas formas de espiritualidad que se están imponiendo en Uruguay, que los especialistas advierten del fenómeno pero no lo pueden cuantificar. Es que hay veces, explica Guigou, en que “una persona dice que es atea porque en ese momento se siente así, pero el día anterior participó de rituales chamánicos o de las mil y una formas de estudio de la kabbalah; las dos corrientes que están teniendo más fuerza en Occidente”. El único dato oficial que se tiene es de la Encuesta de Hogares Ampliada de 2006, donde se muestra que 23% de los uruguayos creyentes en Dios lo hace por fuera de las instituciones.

“Una parte sustantiva de mi pueblo es católico y tengo la obligación de respetar eso”. Las palabras pronunciadas por el presidente José Mujica tras la asunción de Daniel Sturla como nuevo arzobispo de Montevideo marcan un cambio de época, opina el sociólogo Da Costa. Antes, dice, lo “religioso no importaba”, y ahora pasa a ser relevante aunque en lo público se mantenga la laicidad.

Uruguay es uno de los cuatro países del mundo más secularizados, junto a Francia, México y Turquía, recuerda Guigou. Desde fines del siglo XIX el país ingresó en un ferviente interés por separar la Iglesia del Estado, hasta concretarlo definitivamente en la Constitución de 1917. Pero más allá de la historia, los especialistas resaltan que “la gente llevaba su espiritualidad en voz baja, en su casa, y no lo hablaba en público. Ahora se nota un cambio”.

Mijael casi no le contaba a sus amigos de generación sobre sus prácticas. Ni siquiera cuando estudió Psicología antes de cambiarse a cine. “No es que lo ocultaba, pero sentía que no me entenderían o que lo asociarían con una secta”, afirma. Sí dejaba entrever su espiritualidad en detalles. Por ejemplo, jugaba al básquetbol en Biguá con la remera número 13 -suma de la concreción (el seis) y la totalidad (el siete). Pero ahora no tiene temor al qué dirán. Todas las mañanas medita con movimientos al estilo yoga aunque haya alguien a su alrededor y en su página de Facebook postea pensamientos e imágenes vinculadas a su cosmovisión.

Soledad no necesitó comentarle a sus allegados sobre sus estudios de kabbalah porque “enseguida notaron” un cambio en ella. Santos tampoco tuvo inconveniente porque se dedicó de lleno a la espiritualidad. Le agradece a la crisis económica de 2002 porque se fundió su empresa y pudo cambiar de vocación.

¿Es todo una moda pasajera? Tanto Guigou como Da Costa hablan de un cambio de época y de nuevas religiones, que hará que la gente rote con mayor frecuencia. Una nueva espiritualidad.



Qué opinan los referentes religiosos tradicionales

Gran Rabino Ben Tzion Spitz
Comunidad Israelita del Uruguay (Kehilá)

La gente está buscando soluciones espirituales fuera de las tradiciones clásicas, aunque mucho de lo que encuentran proviene de fuentes clásicas. Lo que sucede es que hay veces en que no se aprecia lo suficiente aquello que uno ya tiene en su casa y lo más interesante es buscarlo afuera. Pero, por lo general, tarde o temprano regresan”. ¿Por qué se da ahora? “La gente quiere sentirse cómoda entre lo que cree y lo que hace en su diario vivir. La kabbalah, por ejemplo, se hizo popular por un lado místico que la hace sexy, pero no es algo para quien no sabe las cuestiones básicas”.

Monseñor Milton Tróccoli
Obispo Auxiliar de Montevideo (Conferencia Episcopal)

Hay una búsqueda de espiritualidad que se manifiesta de diferentes maneras. Lo que creció es la oferta religiosa. Y aquellas cosas que vienen de Oriente, que es una cultura más espiritual, potencia estas búsquedas”. ¿Por qué? “Vivimos en un mundo muy extrovertido y hay necesidades de contactar con algo más profundo que dé sentido a la vida”. ¿Por qué no se confía en la Iglesia para esas búsquedas? “Que haya decrecido la desconfianza en la institución no quiere decir que haya menos personas interesadas en el catolicismo y se identifiquen con esta corriente”.

Sheik Khaled El-Kot
Centro Islámico Egipcio

¿Por qué las instituciones religiosas tradicionales pierden fuerza? “En Uruguay se trabaja mucho y no se tiene tiempo para participar de los ritos religiosos. En el islam, por ejemplo, el viernes es el día sagrado y es bastante difícil compatibilizarlo con un día laboral”. No hay conocimiento desde el Centro Islámico Egipcio, dice, de si crecen otras formas de espiritualidad. “Puedo decir que el Corán (libro sagrado del islam) tiene sus aspectos espirituales muy profundos”. En Uruguay, estiman, hay unos 400 musulmanes (100 en Montevideo) aunque no todos son practicantes.

Fuente: ElPais