lunes, 6 de agosto de 2012

Espiritualidad oriental, terapias naturales y esoterismo pretenden sustituir a la fe

Un equipo del departamento de Antropología de la Universitat Rovira i Virgili (URV) ha culminado una investigación sobre el auge que están experimentando, en los últimos años, diferentes prácticas importadas de Oriente, como la meditación o el yoga; las terapias naturales, desde la acupuntura hasta las flores de Bach, y los saberes esotéricos, sea mediante la lectura de las cartas del tarot o una sesión introductoria al neochamanismo. Tres grandes pilares, tres ejes con muchos puntos en común, surgidos en un nuevo contexto social, el de los “nuevos imaginarios culturales”. El trabajo concluye que estos sustitutivos de la religión, la fe y también de la medicina convencional han llegado para ocupar parte de un vacío dejado en multitud de personas, incapaces de encontrar respuestas a sus inquietudes. Así lo cuenta Esteve Giralt en el diario La Vanguardia.

El estudio de la Rovira i Virgili, financiado por la Generalitat, destaca la emergencia de lo que denomina como “el mercado de la insatisfacción”, con la búsqueda creciente de alternativas ante la pérdida de los referentes clásicos, “como la religión cristiana y las prácticas médicas hegemónicas, que convierten al paciente en un sujeto pasivo que únicamente se deja tratar y medicar, pero nada aporta”.

Los investigadores hablan de la “tercera vía”, donde la razón y la fe pierden su papel hegemónico para dar protagonismo a la intuición, la imaginación, la emoción o la expansión de la conciencia. “Muchos de quienes buscan en la espiritualidad oriental pasaron antes por el ámbito católico y lo dejaron por insatisfacción”, explica el antropólogo de la URV José Reche, gran conocedor de las filosofías orientales y especialista en taichi y yoga, con largas estancias en India.

Los investigadores analizan qué es lo que hace que alguien se apunte a un curso de meditación zen, a una sesión catártica en una masía aislada, a un temascal chamánico o a un curso de biodanza. El nivel de satisfacción de quienes redescubren estas nuevas formas de creer, curarse o sencillamente de sentirse mejor es muy elevado, según concluye el estudio. “La gente encuentra respuestas y satisfacción porque hay también un componente corporal, una vía experimental. Frente al dogma, el camino marcado y lo establecido, aquí la persona tiene sensación de libertad”, razona Joan Prat, catedrático de Antropología de la URV y coordinador de la investigación, que se inició a finales de 2007.

El cuerpo, de ser un elemento pecaminoso, pasa a ser protagonista. “En Oriente el cuerpo tiene una importancia fundamental, es un trampolín para llegar a Dios. Y el concepto de culpa no existe, el pecado sería la ignorancia”, destaca Reche. La actitud de quien practica, mucho más activa, es una de las claves del elevado nivel de satisfacción, concluye el estudio. “El sujeto es arte y parte, no una cosa sobre la que se interviene. Puedes hacer cosas para tu bienestar y el de las personas de tu entorno, no se trabaja sobre enfermedades sino sobre quienes las padecen”, subraya Inés Tomàs, doctora en Psicología y psicoanalista. “Soy yo quien puede hacer algo para mi bienestar, no soy un sujeto pasivo en manos de la medicina o la religión”, añade Felip Caudet, fisioterapeuta, acupuntor y naturópata.

La investigación destaca entre sus conclusiones que vivimos un momento de efervescencia de las nuevas espiritualidades porque cada vez más la sociedad busca pero no encuentra respuestas ni logra satisfacer sus necesidades vitales. La crisis económica es uno de los factores que explican este auge, pero no el único. La necesidad de entender el propio cuerpo y aprender a disfrutarlo es otro de los puntales para entender por qué cada vez más personas encuentran en el yoga o la meditación lo que antes no hallaron en la religión cristiana o el judaísmo, doctrinas que relegaron la cuestión física a un plano secundario, destaca la investigación.

El estudio extrae conclusiones acerca del perfil de los usuarios de estas prácticas, mayoritariamente mujeres mayores de 35 años. En muchos de los trabajos de campo, el 90% de los usuarios eran mujeres. Un momento de crisis personal es en muchos de los casos la espoleta. Entre los usuarios también se ha detectado un grupo de personas que han sufrido un acontecimiento traumático, como la pérdida de un familiar. Se produce lo que los antropólogos definen como una “sociabilidad alternativa”, pues se encuentra respuesta también a la necesidad de sentirse querido.

El estudio destaca que en las experiencias in situ se han encontrado “espacios marcados por unas relaciones de confianza mutua y hermanamiento intenso”. Los investigadores muestran su sorpresa al ser recibidos a menudo en los cursos y talleres prácticos con abrazos intensos y besos generosos de desconocidos. Las necesidades son espirituales, pero también físicas, canalizadas a través de las terapias complementarias o de prácticas espirituales donde el cuerpo es también protagonista.

El doctor Prat recuerda que James Frazer, antropólogo evolucionista, sostenía que tras superar una fase mágica y otra religiosa, la civilización permanecería instalada en un periodo marcado por el laicismo, alejada de los dioses, confiando en solucionar sus problemas de la mano de la ciencia. “Frazer se equivocó, si no, no se explicaría el conjunto de creencias de nuestro entorno actual”, destaca Prat. “Vivimos una época de transformaciones profundas, era un momento ideal para realizar esta investigación”, destaca Caudet. “Estamos ante una nueva era, de búsqueda de valores no materiales. Nos hemos encontrado con un momento convulso”, añade Tomás.

En un entorno como el de las terapias naturales o la espiritualidad oriental, tan poco institucionalizado, con escasa o nula regulación, los investigadores se han encontrado, aseguran, con grandes terapeutas, médicos, enfermeros o psicólogos que vieron que los recursos tradicionales no les bastaban, pero también con auténticos farsantes que buscan hacer negocio. “Hay grandes profesionales, con experiencias muy notables, y auténticos fantasmas que después de un cursillo de algunos fines de semana empiezan a ofrecer algunas prácticas”, alertan.

El estudio constata también el uso creciente de algunas terapias naturales como complemento de la medicina tradicional, como el reiki, la homeopatía o las flores de Bach para paliar el dolor y los efectos secundarios de tratamientos como la quimioterapia. Los investigadores destacan que han encontrado un entorno de conocimiento basado en la experiencia y la sensibilidad. “Los usuarios prueban y, si les funciona, siguen”, destaca Prat.

El estudio sostiene que sin la crisis este fenómeno tendría su propio recorrido, pero que la situación actual está acelerando su crecimiento. La investigación, a la que ha tenido acceso La Vanguardia, se presentará públicamente en forma de libro (Els nous imaginaris culturals. Espiritualitats orientals, teràpies naturals i sabers esotèrics) a finales de este año en la URV.

Fuente: La Vanguardia