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sábado, 29 de diciembre de 2012

Un diputado mexicano pide prisión para los delitos derivados del esoterismo

Recuperamos una noticia que ha pasado bastante percibida en medio de la marabunta informativa con motivo del supuesto fin del mundo anunciado para el pasado 21 de diciembre. 

El diputado mexicano Andrés Eloy Martínez (del PRD) promoverá una iniciativa de ley para sancionar hasta con cuatro años de cárcel los delitos derivados del esoterismo, según informó el diario Milenio.

Definió esa conducta ilícita como la destinada a “obtener un lucro indebido y explotar preocupaciones, supersticiones o ignorancia de las personas por medio de supuestas evocaciones de espíritus, adivinaciones, curaciones u otros procedimientos carentes de validez técnica o científica”.

Respecto a las supuestas profecías mayas sobre el fin del mundo, unos días antes de llegar la fecha del 21, el diputado federal y aficionado a la astronomía [el diputado es astrónomo y divulgador científico y está financiando personalmente de su bolsillo un satélite para temas de investigación] hizo un llamado a mantener la prudencia y evitar el “pánico irracional”. Martínez calificó esas versiones como simples charlatanerías o versiones pseudocientíficas.

Instó a dar un tratamiento responsable y asegurar el equilibrio informativo en la difusión de esas “profecías”, para evitar así consecuencias negativas y conductas que atenten contra la integridad de las personas. Andrés Eloy Martínez subrayó que no se trata de censura a las libertades de expresión y de creencias, sino de evitar abuso y lucro con la fe o la ignorancia de la gente.

En El Universal leemos que el también secretario de la comisión de Ciencia y Tecnología anunció que propondrá un punto de acuerdo de urgente y obvia resolución para exhortar que toda información de las teorías del fin del mundo, sea abordada de modo responsable, con toda seriedad y velando porque existan bases científicas, además del respecto a la libertad religiosa y de expresión.

Dijo que es necesario incluir en la reforma educativa un reforzamiento de la enseñanza y la divulgación de la ciencia y establecer sanciones más severas en los códigos penales contra “charlatanes”. Afirmó que quien tiene conocimientos básicos de ciencia se da cuenta que el “fin del mundo” supuestamente contenido en el calendario maya, “no puede ser”. Martínez Rojas invitó a la población a no caer en conductas que atenten contra su integridad así como a denunciar a quienes las promuevan.

Fuente: MilenioEl Universal

lunes, 24 de diciembre de 2012

Boletín Info-RIES nº 263

Ya pueden leer el último boletín de la Red Iberoamericana de Estudio de las Sectas (RIES), Info-RIES. Continuamos con el amplio monográfico que estamos dedicando al Fin del Mundo (ahora en su 2º parte). Si desean suscribirse lo pueden solicitar de manera gratuita a http://www.ries-sectas.tk/


Boletín Info-RIES nº 263 (25/12/12).

1. Así han hablado los obispos iberoamericanos sobre el fin del mundo.
2. Tres millones de norteamericanos, preparados para el fin del mundo.
3. Las Águilas, una fortaleza construida por italianos en México para esperar el final.
4. El fallo de la profecía maya y de otros anuncios catastróficos.
5. Guatemala y México acogieron una gran multitud de visitantes el 21 de diciembre.
6. ¿Cuánto cuesta salvarse del fin del mundo? El lado económico y comercial. 
7. Sociólogo chileno: “hay muchos que necesitan gente dependiente y atemorizada”.
8. El miedo al apocalipsis en México, Estados Unidos, Rusia y China. 
9. Cuando la profecía falla: las sectas y la disonancia cognitiva. 
10. El 21 de diciembre en los enclaves mayas: entre el espectáculo y el negocio.

domingo, 23 de diciembre de 2012

Así han hablado los obispos iberoamericanos sobre el fin del mundo

Después de haber informado sobre lo que se ha celebrado en Iberoamérica en torno al 21 de diciembre, con las profecías mayas sobre un cambio de era y la angustia generalizada por el supuesto fin del mundo, en todo este ambiente que ha oscilado entre el temor por el final y las ceremonias de la nueva religiosidad que pretende recuperar las espiritualidades indígenas, los medios de comunicación se han acercado a diversos obispos y sacerdotes para recabar una palabra alternativa. Recogemos algunas de las declaraciones que ha publicado la prensa.

Mons. Ulises Macías: “Dios es el que rige la vida

El fin del mundo no tiene que ser catastrófico”, afirmó el arzobispo de Hermosillo (Sonora, México), Ulises Macías Salcedo, al preguntarle su postura sobre el término de una era en el calendario Maya y la asociación de esto con el supuesto “fin del mundo”. Un posible término de la humanidad, pero en manos de Dios y no basado en vestigios de culturas ancestrales, pronosticó el prelado al llegar la supuesta fecha del fin de la humanidad, según la interpretación de algunos arqueólogos sobre el calendario de la cultura Maya.

Qué bueno que la gente pudo comprobar que Dios es el que rige la vida, y que el mundo está en sus manos, Él es el único que puede decir y nos lo dirá cuándo acabará el mundo”, enfatizó, tal como recoge El Imparcial.

Mons. Luis Bambarén: “aparecerán falsos profetas”

Tras el anuncio sobre un supuesto fin del mundo, el obispo emérito de Chimbote (Perú), Luis Bambarén Gastelumendi, desmitificó estas creencias apelando a la fe. “Solo Dios, autor del universo y de la vida, puede revelarnos el origen de la creación y su final”, comentó el 21 de diciembre, fecha del presunto final de todos.

Agregó que Jesús nos descubre cómo será el fin del mundo: “Habrá señales en el Sol, la Luna y la Tierra, los pueblos estarán llenos de angustia por el estruendo del mar embravecido, la gente se morirá de espanto, porque las fuerzas de la naturaleza serán sacudidas… estén vigilando y orando en todo momento para librarse de lo que va a suceder y estar de pie ante el Hijo del Hombre, cuando llegue” (Lc 21,25-36).

Sobre la pregunta de los apóstoles de cuándo sucederá el fin del mundo, Bambarén vuelve a citar a Jesús: “Eso lo sabe solo mi Padre, y no para revelarlo. Estén sobre aviso y no se dejen engañar, porque aparecerán falsos mesías y falsos profetas que harán prodigios capaces de engañar. ¡Estén atentos!”. Es más, el obispo precisa que quienes viven hoy angustiados porque creen que ya llegará “que se pongan en paz con Dios y sirvan con amor a los pobres. Jesús nace y nos trae la paz. Que renazca la esperanza y alegría, desterrando todo falso temor. Feliz Navidad”.

Mons. José Luis Dibildox: “no tiene caso buscar fechas”

El obispo de la Diócesis de Tampico (Tamaulipas, México), José Luis Dibildox Martínez, atajó las versiones sobre el fin del mundo como se han propalado profusamente a través de las redes sociales, al indicar que las Sagradas Escrituras no son precisas en este tema, según informa Hoy Tamaulipas.
“"No, obviamente es una mala interpretación, las Sagradas Escrituras lo que dice es que estemos siempre preparados, nadie sabe ni el día ni la hora, entonces no tiene caso estar buscando alguna fecha sino estar siempre preparados para el día que Dios nos llame””, precisó monseñor Dibildox. Agregó que este tipo de ideas logran difundirse de manera generalizada porque la gente siente curiosidad de si en verdad vaya a ocurrir un final de los tiempos, lo que también refleja un temor entre la sociedad.

A lo largo de los años se han puesto muchas fechas, hay quienes han hecho sus cálculos y que tal día se va a acabar el mundo, pero en el Evangelio lo encontramos con mucha claridad: Jesús nos dice que nadie sabe el día ni la hora, estemos preparados, entonces no tiene caso buscar fechas”, completó monseñor Dibildox Martínez.

El obispo de Tampico abundó que la gente se inclina por este tipo de ideas debido a que siente un temor hacia lo desconocido, pero principalmente que son aquellos quienes temen que el mundo se acabe y tienen familia e hijos y no se han realizado plenamente en esta vida, “y como que esperan más tiempo para ello y caen en ese temor”, reiteró el prelado.

En este tenor, monseñor recordó que para estar preparados para asistir ante Dios, las personas deben crecer en la fe, como lo reitera el Papa Benedicto XVI, y por ello se promueve desde el Vaticano el Año de la Fe. “Tenemos que madurar en nuestra fe para darle un sentido a nuestra vida, para darle un sentido a nuestra esperanza cristiana también, necesitamos madurar en nuestra fe, y así veremos con mayor optimismo y con mucha esperanza la vida y el futuro”, citó.

Cardenal Cipriani: “no tiene ningún asidero”

Desde Manchay, a donde acudió para compartir un almuerzo con los niños de la zona, el cardenal Juan Luis Cipriani, arzobispo de Lima (Perú), rechazó cualquier insinuación sobre la posibilidad de producirse el 21 de diciembre el fin del mundo. En declaraciones a la prensa, el primado de Perú indicó que tales profecías, basadas en una interpretación del calendario maya, no tienen ningún asidero ni fundamento.

Yo creo que el periodismo aprovecha estas profecías para levantar su rating, pero no tiene ningún asidero, ningún fundamento, lo único que hace es confundir a la gente y tal vez a unos cuantos graciosos que se ríen de nosotros, pero no tiene más sentido”, manifestó, tal como informa RPP

Mons. Felipe Arizmendi: “es una interpretación errónea”

El obispo mexicano Felipe Arizmendi Esquivel pidió a la gente hacer caso omiso de quienes afirman que el viernes 21 se acabaría el mundo porque supuestamente así lo predijeron los mayas. En entrevista, el obispo de San Cristóbal de las Casas (México) sostuvo que “es una interpretación errónea decir que los mayas predijeron para esa fecha el fin del mundo”.

Refirió que varias personas le preguntan si este 21 de diciembre se acabaría el mundo, si el sol no brillaría, si sucedería un terremoto y otras calamidades, dudas que atribuyen a partir del calendario maya, que concluye su cuenta larga precisamente ese día. Nada hay de eso, indicó, aunque añadió que en efecto el calendario maya es muy preciso porque se basa en una observación cuidadosa del movimiento astral, incluso es más exacto que el calendario juliano que utilizamos, pues hay meses que tienen 31 días, incluso uno 28 o 29.

Detalló que los mayas medían el tiempo en 13 bloques de 400 años, llamados ‘Baktun’. Precisó que el 21 de diciembre termina su cuenta larga de años, pero nunca predijeron catástrofes, mucho menos el fin del mundo. “Su calendario termina en esa fecha, como terminó el siglo XX el 31 de diciembre de 1999 y empezamos el siglo XXI el 1 de enero del 2000. Nada pasó con ese cambio de siglo”, apuntó.

Pero los vaticinios que ahora se hacen tienen otro fin, “como el caso de que algunos protestantes anunciaron que al concluir el siglo pasado sería el fin del mundo”, pero por enésima ocasión lo hicieron en forma fallida y atemorizante y solamente perseguían el interés de que los ignorantes se afiliaran a su religión. “Lo mismo pasa ahora con el calendario maya. Termina una contabilidad que llevaban de los años y empieza otra, que no escribieron en sus registros. Nadie sabe cuándo será el fin del mundo, pues Jesús dijo que eso sólo Dios Padre lo sabe”, expuso.

Monseñor Arizmendi añadió que el 21 de diciembre de cada año empieza el solsticio de invierno, cuando el sol empieza a vencer la oscuridad de la noche, y empezarán poco a poco a ser más largos los días, hasta que lleguemos al verano con predominio del sol. Por ello, los antiguos celebraban en esas fechas de diciembre las fiestas en honor del sol, como si fuera un dios, mencionó.

También recordó que los cristianos, a partir de los siglos IV y V, cambiaron el sentido de esas fiestas paganas en honor al sol, y empezaron a celebrar la Navidad el 25 de diciembre, “considerando que el verdadero sol que vence la oscuridad del pecado y de la muerte es Jesucristo”.

Asimismo, afirmó que en la Biblia no se precisa el día ni el mes del nacimiento de Jesús, “pues lo más importante en la revelación de Dios es la muerte y sobre todo la resurrección de Jesús. Posteriormente escogieron el solsticio de invierno como fecha simbólica para la Navidad”. Lo importante de estas fechas es vivir en paz y armonía en la familia y en la comunidad, “para que gocemos de la paz que Jesucristo nos trae. No nos dejemos atemorizar por ignorantes y predicadores. Jesús es nuestra paz, nuestro sol, nuestra vida”, recalcó. 

Mons. José Guadalupe Galván: “una oportunidad para tener más esperanza”

La idea de que el mundo se va a acabar es una idea mal fundada que proviene de corrientes paganas, con muchos propósitos que repercuten de manera negativa, dijo el obispo de Torreón (México), monseñor José Guadalupe Galván Galindo. La cultura maya entendía un fin de era, pero son muchas las imprecisiones por lo que lejos de hablarse de un fin apocalíptico de la humanidad, “el fin del mundo” puede tomarse como el inicio de una nueva era, de valores, paz y unidad, según leemos en El Sol de La Laguna.

El obispo reconoció que actualmente se vive una nueva época, pero el mundo no se va a acabar, “es una oportunidad para tener más esperanza y sobre todo el cambio que se necesita, preguntarnos en qué debo de cambiar yo para que el mundo cambie, por lo tanto en lugar de atemorizarnos nosotros debemos celebrar santamente la Navidad”, dijo.

Pero además dijo que es un buen momento para que las personas busquen estar en paz consigo mismos, estar en paz con Dios y con quienes los rodean. Recordó que según los estudios antropológicos que revelan la medición del tiempo de los observatorios de la cultura maya en la época prehispánica, hablan del 21 de diciembre como fecha final de una era.

Un cambio en nuestra vida, en nuestra sociedad, en éste mundo globalizado donde desde hace tiempo estamos pensando en qué va a pasar mañana, el mundo no se va a acabar”, precisó. Sin embargo, dijo el obispo que el fin de una era a la que se refieren las corrientes paganas, puede ser aprovechada por los católicos cristianos como el momento preciso para generar un cambio, ese cambio que “hemos esperado de las instituciones y de los gobernantes”. A Teresa de Calcuta le preguntaron que por qué no cambiaba el mundo, y ella le contestó: “cuando cambiemos tú y yo, cambiará el mundo”.

Mons. Jonás Guerrero: “apostamos a la vida eterna”

El obispo de la Diócesis de Culiacán (México), Jonás Guerrero Corona, llamó a los fieles a no hacer caso de las versiones de que el mundo se acabaría el 21 de diciembre, porque son charlatanerías que pueden quitarle a las personas la paz interior, tal como informa Línea Directa. Recordó que Jesucristo dijo que nadie sabe el día ni la hora en que regresará el Hijo del hombre a hacer justicia, y recomendó que en lugar de que cunda el miedo, sepamos que el tiempo de Adviento y la Navidad es la época propicia para renovarnos y prepararnos espiritualmente. “De quienes le apuestan al fin del mundo, nosotros los que creemos en Cristo le apostamos a la vida eterna, cuando Dios quiera”.

El Evangelio nos dice nadie sabe el día ni la hora; yo invito a todos los que creemos en Cristo a que le creamos de verdad”. “Que no haya charlatanes de ninguna especie que nos quiten la paz interior, la paz de los hogares, el fin del mundo vendrá cuando Dios quiera, y Jesús nos aseguró: nadie sabe el día ni la hora”, expresó.

Mons. Rutilo Muñoz: “todavía hay una historia muy larga”

Ante el supuesto de que el 21 de diciembre fuera el fin del mundo, el obispo de la Diócesis de Coatzacoalcos (México), Rutilo Muñoz Zamora, llamó a la población a conservar la calma y no caer en psicosis. Por el contrario, según recoge el medio Veracruzanos, dijo que todo eso es totalmente falso, son rumores que se han escuchado tantas veces, “pero sabemos que no es cierto”, y dijo, “todavía hay una historia muy larga” y conminó a seguir avanzando en el camino de la fe.

Al recordar que el 2012, para la grey católica, ha sido denominado “el año de la fe”, dijo que es una oportunidad que tenemos para renovar nuestra confianza con Dios, para poder comunicarla a los demás, conservando las buenas tradiciones, como son; la convivencia, la oración, el nacimiento, las posadas “bien celebradas”. “Realmente que la navidad sea un motivo de esperanza en éste tiempo tan difícil que estamos viviendo”.

Para monseñor Muñoz Zamora, desde su apreciación, la inseguridad que se vive hoy en día es producto de dos razones; primero, haber abandonado la fe en Dios, y segundo, el descuido que hemos tenido de nuestras familias, al no inculcar valores. Al no tener a Dios en nuestro corazones, mucha gente sin importar si son católicos o no, ya no profesan ninguna religión.

Para la Iglesia Católica, el 2012 fue un año en donde ha habido luces y sombras, han sido más los desafíos, por lo que dijo, en este tiempo de adviento, es el momento de perseverar en el camino de la fe. “El hombre justo es aquel que confía en Dios, y es como un árbol plantado junto a un río, que tiene siempre fertilidad, cuando la persona se aparta de Dios, se va debilitando y queda estéril, en su actuar”.

Mons. Luis Felipe Gallardo: “es una cuestión mediática”

El obispo de Veracruz (México), Luis Felipe Gallardo Martín del Campo, aseguró que la población no tiene porqué temer ante el presunto anuncio del fin del mundo. “Ya se ha venido comentando lo que dicen tanto los científicos, como los antropólogos, y todo este tema es una cuestión mediática, de gente interesada en el comercio, en el rating, en todas estas cosas, hay que solo se quieren promover para vender más”.

Yo pienso que no, según lo que dicen los científicos le quedan muchos años al sol, a la tierra, pero hay que tomar en cuenta lo que venimos escuchando al terminar el año litúrgico, y desde el primer y segundo domingo de adviento que al final de los tiempos, que no sabemos cuándo, ni siquiera de nuestra muerte sabemos (…) vendrá el hijo del Hombre a juzgar a los vivos y a los muertos, entonces que estemos preparados”, expuso el obispo.

En entrevista aseveró que no hay que alarmarse porque es falso que se vaya a acabar el mundo.

Monseñor Martín del Campo señaló que los ciudadanos se deben preocupar por llevar una vida en paz, plena, de amor y de cordialidad. Precisó que hay que estar “preparados”, pues nunca se sabe cuando será nuestro día final.

Mons. Ramón Castro: “no se acaba el mundo, ni tampoco mejora”

El obispo de Campeche (México), Ramón Castro Castro, señaló que el “fin del mundo”, que achacan al calendario Maya, el día 21 de diciembre, es un falso temor, una “efímera” psicosis colectiva que asusta pero no transforma, pues no modifica la existencia, según leemos en el medio digital Noroeste

En la celebración del tercer domingo del tiempo de adviento, el prelado recordó que “pasó otra de las profecías del 12 del 12 del 12 y nada”.

Por lo tanto, dijo, “seguramente pasará el 21 de diciembre, cuyo solsticio es el último en el calendario Maya, y nada. No se acaba el mundo, y lo que es peor, tampoco mejora”. Afirmó que el alboroto que se suscita en torno al fin del mundo, haciendo mancuerna con ciertas fechas enigmáticas, no logra cambiar en nada el mundo, expuso, y afirmó que es la vida del hombre la que aguarda la llegada en plenitud del Señor.

Si queremos que la Navidad no se reduzca a una fecha de calendario que una vez vivida nos despierta a la cruda realidad de siempre, no dejemos de escuchar con el corazón abierto y sin barreras la Palabra que Dios nos dirige”, planteó. “Escuchemos la constante voz que clama en nuestros desiertos urbanos, las interrogantes que nos lanza certeramente para confrontar la vida”, pidió el prelado en la homilía dominical.

Hay una abismal brecha entre los pocos ricos y los muchos pobres que hace que la miseria azote con fuerza a vastos sectores desprotegidos y vulnerables, por lo aciago de la situación de la economía mundial, lamentó. Por esa razón, llamó a quien tenga dos túnicas para que regale una al que no tiene, y quien tenga comida que comparta.

El individualismo galopante hace creer que lo único importante somos nosotros mismos y nuestros intereses, porque el egoísmo aberrante nos hace indiferentes y fríos ante el hermano necesitado y deja de dolernos el sufrimiento ajeno”, consideró.

Agregó que “la mejor manera de estar preparados, lo mejor que podemos hacer para no vernos excluidos de la salvación que nos trae Jesucristo, es acostumbrarnos a vivir en la justicia y la virtud, según las cuales se da y se reconoce a cada uno lo que corresponde”.

viernes, 21 de diciembre de 2012

Boletín Info-RIES nº 262

Ya pueden leer el último boletín de la Red Iberoamericana de Estudio de las Sectas (RIES), Info-RIES. En la fecha de hoy lo dedicamos al Fin del Mundo (1º parte). Si desean suscribirse lo pueden solicitar de manera gratuita a http://www.ries-sectas.tk/


Boletín Info-RIES nº 262 (21/12/12).

1. El Vaticano y el fin del mundo.
2. Conciertos, refugios, cenas y orgías para el fin del mundo.
3. Cuando se apaga el fuego apocalíptico con gasolina.
4. La cumbre para la nueva conciencia.
5. Rtanj: la otra montaña del fin del mundo, en Serbia.
6. Jesuita experto en San Pablo: “no sabemos cuándo será el momento”. 
7. ¿Cuántos cristianos y no cristianos esperan en la vuelta de Cristo y el fin del mundo?
8. Lo que se ha dicho sobre el fin del mundo en los medios de comunicación. 
9. Detienen en China a mil miembros de la apocalíptica Iglesia de Dios Todopoderoso.
10. Según la ciencia, ¿hay posibilidades para el fin del mundo el 21 de diciembre?

jueves, 20 de diciembre de 2012

Conoce las sectas 6x05

Ya pueden escuchar el último programa de "Conoce las sectas", el programa de Radio María de España, producido y dirigido por la Red Iberoamericana de Estudio de las Sectas (RIES). En directo, en radio María de España todos los sábados cada dos semanas a las 20 h. (hora española).


SUMARIO:

- Con nosotros hoy...: El fin del mundo, con el sacerdote D. Luis Santamaría.
- Actualidad del sectarismo: con el sacerdote D. Luis Santamaría.

jueves, 13 de diciembre de 2012

El Vaticano y el fin del mundo

"Fragmentos de apocalipsis"

Publicamos de la serie "Fragmentos de apocalipsis", del sacerdote D. Luis Santamaría, su entrega número 22:


El apocalipsis que no será”. Así se titula el artículo que ha publicado estos días en italiano el célebre diario de la Ciudad del Vaticano, L’Osservatore Romano, escrito por el jesuita argentino José G. Funes, director del Observatorio Vaticano. Por la fecha y el encabezado, cualquier lector puede suponer el asunto que aborda y su propósito: despejar las dudas al personal sobre lo relativo al fin del mundo del próximo 21 de diciembre desde la ciencia en diálogo con la fe.

Un artículo, por cierto, muy interesante, y que a día de hoy no ha sido traducido al castellano (esperaremos a la edición semanal del domingo por si hay suerte). Supongo que el padre Funes no se habrá extrañado al ver los titulares que ha provocado su colaboración en el diario oficioso de la Santa Sede, porque creo que es uno de los empleados vaticanos más “utilizados” por los medios de comunicación para tomar sus declaraciones y presentarlas como la voz oficial de la Iglesia entera, o al menos de la Sede romana. “El Vaticano descarta el fin del mundo” ha sido lo más repetido, junto a otros como “El Vaticano también desmiente”. Es verdad que siempre hay algún medio que prefiere ser serio y simplemente dice lo que hay: “Astrónomo vaticano descarta”. Mucho mejor.

¿Y qué dice en ese artículo el bueno del padre Funes? Enmarca la preocupación por el fin del mundo en las grandes cuestiones metafísicas de la humanidad y resume la profecía maya que anuncia para el 21 de diciembre “un alineamiento de los planetas y del sol con el centro de la Vía Láctea y una inversión de los polos magnéticos del campo terrestre”. ¿Y dedica largos y sesudos párrafos a desmentir tal afirmación? No, nada de eso. El jesuita, que une a sus licenciaturas en Filosofía y Teología un doctorado en Astronomía, y que tiene autoridad en el tema, no pierde el tiempo ni malgasta líneas del rotativo vaticano: “No vale la pena discutir el fundamento científico de estas afirmaciones (obviamente falsas)”.

Explica cómo entendían los mayas el espacio y el tiempo, el cosmos y la historia (con carácter cíclico y repetitivo), y señala los enigmas que nos quedan por entender del cosmos, ya que “no conocemos la naturaleza física de la materia oscura ni de la energía oscura”. El sentido de lo que existe, añade, lo da la fe. Y alude al libro del Apocalipsis y a la resurrección final: Cristo es el futuro –bueno, muy bueno– de la humanidad.

La verdad es que en poco espacio José G. Funes ha sido capaz de aclarar las cosas de forma sencilla, con una postura en la que encuentran coherencia el conocimiento científico y el sentido religioso, algo tan necesario en nuestros días. No ha necesitado toda una colección de “fragmentos de apocalipsis”, como uno que me sé yo, para desmontar falsedades y afirmar, de forma propositiva, la verdad de la fe cristiana.

Pero muchos periodistas, en este tema, han perdido una oportunidad. ¿Cuál? La de poder emplear titulares como los que he citado más arriba, pero con propiedad. Y me explico: el pasado 18 de noviembre, en su alocución semanal en la oración del Ángelus, Benedicto XVI comentó –como es su costumbre– el evangelio proclamado en la eucaristía del día, que precisamente era una parte del discurso de Jesús sobre los últimos tiempos (Mc 13, 24-32), leído en el penúltimo domingo del año litúrgico.

El Papa dice –y el que avisa no es traidor– que “es probablemente el texto más difícil del Evangelio”. Por su temática (el futuro de la realidad, indeterminado) y por su lenguaje (simbólico y apocalíptico). Que nos lo digan a los curas, que tuvimos que predicar ese domingo sobre un texto supuestamente sombrío y pesimista, que presenta una catástrofe cósmica como señal anunciadora del día final. Sin embargo, subraya el pontífice, en este contexto terrible destaca la figura de Jesucristo como centro de todo lo que existe: “es Él el verdadero acontecimiento que, en medio de los trastornos del mundo, permanece como el punto firme y estable”. Él es la Palabra de Dios por la que todo ha sido creado, y es el criterio de interpretación de toda la realidad.

Por eso llega un momento de su alocución en el que Benedicto XVI afirma: “Jesús no describe el fin del mundo, y cuando utiliza imágenes apocalípticas, no se comporta como un ‘vidente’. Al contrario, Él quiere apartar a sus discípulos –de toda época– de la curiosidad por las fechas, las previsiones, y desea en cambio darles una clave de lectura profunda, esencial, y sobre todo indicar el sendero justo sobre el cual caminar, hoy y mañana, para entrar en la vida eterna”. ¡Muy bien dicho! Aquí está la clave.

¿Pensaba el Papa en la profecía maya y los 40 millones de entradas de Google [ahora 87 millones de entradas en Google] que, según el padre Funes, revelan una preocupación social? No lo sé. Más allá de la contingencia y del carácter anecdótico de algo que va a pasar a la historia dentro de escasos días, cuando llegue la fecha esperada, Benedicto XVI ha reafirmado la fe y la esperanza de los cristianos: pasará todo, menos la Palabra que es Cristo. Por eso, junto a la fe y a la esperanza también se encuentra la caridad. Porque ante Jesús “cada uno de nosotros es responsable del propio comportamiento. De acuerdo con esto seremos juzgados”.

En un mundo relativista e inestable, donde el sufrimiento causado por la naturaleza o por el egoísmo humano sigue enfrentándonos al misterio del mal, el Papa recuerda que “necesitamos también un fundamento estable para nuestra vida y nuestra esperanza”, que es el mismo Cristo, Señor del cosmos y de la historia. Toca final feliz, que no quiere decir algo de película romántica o infantil. Feliz de verdad. Esto no vende tanto para publicarlo en los medios, pero es la respuesta definitiva de la fe a los miedos que, con fundamento o sin él, sigue teniendo el hombre de todos los tiempos. ¿Habrá un fin del mundo? Sí. Porque, como continuaba el título del artículo del director del Observatorio Vaticano –que antes no he copiado en su integridad–, no es el momento del apocalipsis… “al menos por ahora”.

jueves, 23 de agosto de 2012

El rapto

"Fragmentos de apocalipsis"

Continuamos con la serie "Fragmentos de apocalipsis", del sacerdote D. Luis Santamaría, en su entrega número 17:


En algunos ambientes evangélicos –sobre todo entre los born again christians o “cristianos renacidos” presentes en los Estados Unidos– hay un tema de moda que plantea una escatología peculiar. Se trata del “rapto” o “arrebatamiento” (rapture), que en resumen es lo siguiente: cuando llegue el fin de los tiempos, en un momento previo a la tribulación predicha por el Apocalipsis, los creyentes verdaderos serán arrebatados (o “raptados”) corporalmente por el Señor. Esto hay que enmarcarlo en un sistema de pensamiento llamado “dispensacionalismo premilenario”, según el cual hay un calendario muy preciso en la historia de la humanidad, aunque el reloj divino se habría parado en la época del Nuevo Testamento, y sólo volverá a ponerse en marcha cuando se inicien los últimos tiempos.

Si tenemos que buscarle un padre a esta teoría, no nos queda otro remedio que fijarnos en John Nelson Darby (1800-1882), una figura imprescindible del protestantismo fundamentalista del siglo XIX que, tras abandonar la Iglesia anglicana, se hizo miembro de los Hermanos de Plymouth y desarrolló sus ideas escatológicas más peculiares. Se habla de dispensacionalismo porque divide la historia universal en diferentes edades o “dispensaciones” según el plan salvífico de Dios. La era contemporánea es, para Darby, el momento en el que Dios separará los creyentes verdaderos de los no creyentes, como se separa el trigo y la cizaña en el tiempo de la siega, anticipando así el retorno inminente del Señor Jesús.

Darby era inglés, pero se desplazó con frecuencia para difundir sus ideas, que han influido mucho en Norteamérica, adonde acudió en siete ocasiones. También podemos encontrar estas tesis en el mundo pentecostal. Sin ir más lejos, la mayor confesión evangélica española –la Iglesia Evangélica de Filadelfia, formada por gitanos– asume la teología dispensacionalista.

Según los grupos y los pastores que aborden el tema del rapto, se puede llegar a extremos que serían objeto de risa si no fuera porque constituyen episodios de temor apocalíptico muy poco cristiano. Un amigo me contaba recientemente algo que vivió cuando fue miembro de una comunidad evangélica pentecostal, aquí en España. Uno de sus hermanos del grupo, minusválido, después de un adoctrinamiento intensivo basado en estas enseñanzas escatológicas que incluía películas sobre el tema, regresó de la capilla al centro especializado en el que vivía, y en medio de un temporal salió a la calle en su silla de ruedas convencido de que llegaba el momento del arrebatamiento, y de que Jesús le devolvería las piernas que le faltaban. Un ejemplo de los efectos que puede tener todo esto leído en clave fanática, y que no nos queda muy lejos.

Como dice Damian Thompson comentando de forma muy gráfica la idea darbysta del rapto, “sigue siendo una de las imágenes apocalípticas más potentes jamás ideadas, pues de un solo golpe libra a todos los cristianos de los horrores que causa la llegada del fin, a la vez que les permite contemplar cómo los condenados perecen en el emocionante drama de la Gran Tribulación”. Esto, explica el periodista, permite mantener el fervor milenarista “a fuego lento”, sin llegar a la explosión, pero consiguiendo así mantener a las personas y a las comunidades en esa tensión de que Cristo puede llegar en el momento menos esperado. Hace poco pude leer en una explicación de la tesis dispensacionalista que en la actualidad, “el cumplimiento e intensidad de los eventos apocalípticos nos indican que el rapto de la Iglesia puede suceder en cualquier momento”.

En los Estados Unidos, como dije antes, esto del rapto es una materia de dominio común, algo que forma parte del imaginario colectivo como creencia difundida entre grandes sectores del evangelismo. Sin ir más lejos, recuerdo una escena de Los Simpson en la que, en un momento de catástrofe apocalíptica, los Flanders, familia vecina de los protagonistas se pone a orar, y son arrebatados hacia el cielo. Hay algunas películas y producciones audiovisuales en las que vemos desaparecer gente de forma repentina, ilustrando esta expectativa.

Pero lo más destacado de los últimos años en este ámbito es la serie de novelas Left behind, que también se han llevado al cine con el título Lo que quedó atrás en España, que forma una trilogía junto con Fuerzas de la tribulación y El mundo en guerra. E incluso se ha hecho un videojuego (publicitado así: “el primer juego en el que la adoración es más poderosa que las armas”). A lo largo de doce libros, Tim LaHaye y Jerry B. Jenkins plantean de forma literaria una convicción que comparten muchos evangélicos. El argumento de la primera novela sirve para hacernos una idea: en un vuelo comercial desaparecen de repente varios pasajeros, y sólo queda su ropa. Lo mismo pasa en el resto del mundo con millones de personas. Se trata del comienzo del Apocalipsis. Imaginen lo que pudo suponer esta serie literaria, y sus versiones audiovisuales, en los Estados Unidos en torno al año 2000 y, sobre todo, después del 11-S.

El tema del rapto tiene una base escriturística que es necesario desentrañar, así que vayamos a la Biblia. En su primera Carta a los Tesalonicenses, en torno al año 50 –se trata del primer escrito del Nuevo Testamento–, Pablo escribe sobre “la suerte de los difuntos” para hacer una llamada a la esperanza cristiana en la resurrección de los que mueren unidos a Cristo. Cuando llegue la parusía, la segunda venida del Señor, al son de la trompeta resucitarán los muertos, y “después nosotros, los que aún quedemos vivos, seremos arrebatados, junto con ellos, entre nubes, y saldremos por los aires al encuentro del Señor” (1 Ts 4,17). Parece que la comunidad de Tesalónica, expectante de una inmediata vuelta de Jesús que no terminaba de llegar, se preguntaba por el destino de los creyentes fallecidos en el ínterin, además de interrogarse por la fecha de la parusía. El mismo Pablo, en una primera época, esperaba vivir cuando todo esto sucediera.

Además, los defensores del arrebatamiento emplean otra cita bíblica, y esta vez del mismo Jesús, de su “discurso escatológico” en el evangelio según San Mateo: cuando venga el Hijo del hombre “dos hombres estarán entonces trabajando en el campo; a uno se lo llevarán y dejarán al otro. Dos mujeres estarán moliendo: a una se la llevarán y dejarán a la otra” (Mt 24,40-41). En el evangelio de Marcos la referencia es menos explícita, ya que serán los ángeles los que convoquen a los elegidos de todo el mundo (cf. Mc 13,27).

¿Qué pensar de todo esto? ¿Tienen razón los que, basándose en la Biblia, defienden la inminencia de la venida del Señor y la realidad del arrebatamiento de los creyentes verdaderos? La respuesta podemos encontrarla en la misma Escritura. San Pablo contestaba en su escrito a las inquietudes de los cristianos de Tesalónica, que parecen ser las preocupaciones de ciertos grupos actuales. ¿Cuándo volverá Cristo? Sólo Dios lo sabe. ¿Y qué pasará con los que hayan muerto? Ellos, y los que vivan en ese momento, compartirán la victoria de Cristo resucitado sobre la muerte; no habrá ventaja de los vivos sobre los muertos.

En estos textos constatamos varias afirmaciones de fe fundamentales, además de las respuestas paulinas que acabamos de decir: los acontecimientos finales son de iniciativa divina, y no pueden ser adelantados o retrasados por los hombres, tal como a veces defienden algunos intérpretes errados. Se nos habla de unos hombres que son apartados del resto de la gente, tal como sucede en el Apocalipsis con la multitud incontable que ha lavado sus túnicas en la sangre del Cordero. Tal es el sentido de la consagración que tiene lugar en el bautismo, cuando el creyente es incorporado a Cristo, es ungido (en griego christos) como él, y se une a su misterio pascual, es decir, a su muerte y resurrección. Por eso la actitud del cristiano es la vigilancia. Pero no la tensión apocalíptica y fanática. Por eso Pablo escribía también a los tesalonicenses exhortándoles a trabajar sin molestar a nadie, haciendo siempre el bien (cf. 2 Ts 3,11-13).

La imagen de Cristo en la parusía como un remedo de secuestrador es ciertamente temible. Y el tono vital que contagia no es muy optimista que digamos. En este campo, del Dios revelado en Jesús no podemos aprender otra cosa que una llamada a la esperanza, no basada en cálculos temporales ni en temores paralizadores. Seremos convocados por el Señor a un juicio, y la garantía de lo que nos ha prometido y nos espera al final la tenemos en María, la Madre del Señor. Eso es lo que hemos celebrado hace unos días con el misterio de su Asunción: su existencia entera, su cuerpo y su alma participando de la gloria de Cristo.

lunes, 25 de junio de 2012

La costumbre de subirse al carro del fin del mundo en 2012

"Fragmentos de apocalipsis"


Continuamos con la serie "Fragmentos de apocalipsis", del sacerdote D. Luis Santamaría, en su entrega número 15:

Si hay algo que destaca en el consumo actual de los medios de comunicación es la avidez con la que recibimos los datos ofrecidos por encuestas de cualquier tipo. Recientemente se hacían públicos los resultados de una que no deja de ser interesante, realizada por una empresa demoscópica de Nueva York en abril de 2012. En resumen: el 14 % de la población mundial cree en la cercanía del fin del mundo. Dejando de lado los comentarios que puedan hacerse sobre la fiabilidad de la muestra y de las conclusiones al tratarse de un estudio de alcance planetario, nos muestra una cuestión que ha alcanzado gran difusión.

Es cierto que podemos contar con unos sectores de población fijos en este tema, “suscritos”, por así decirlo, a la inminencia del fin del mundo. Adeptos de sectas milenaristas, algunos grupos cristianos radicales y gente influida por las más variopintas doctrinas esotéricas y de la Nueva Era conforman un peculiar movimiento poliédrico del que estamos viendo algunas muestras en esta serie de artículos. Pero, aunque se cuenten por millones, no constituyen un porcentaje importante si ampliamos nuestra mirada a una escala mundial. Por ejemplo: adventistas del Séptimo Día y testigos de Jehová suman alrededor de 33 millones de miembros según algunas estadísticas. No digo que sean pocos, pero ¿qué importancia tienen cuando estamos hablando de una cantidad de más de 7.000 millones de seres humanos?

Sin entrar en estimaciones numéricas –calculen ustedes mismos los porcentajes y las cantidades de las que estaríamos hablando–, cabe preguntarse a qué se debe la amplia difusión de todo lo relativo al fin del mundo en estos últimos tiempos (y no se tomen lo de “últimos” como una indirecta). Además de otros muchos factores, habría que señalar claramente la insistencia que se ha hecho en el fin del mundo presuntamente predicho por los mayas para diciembre de 2012, o el cambio de época, o lo que cada uno prefiera. Ya es algo perteneciente a la cultura popular que los mayas predijeron “algo gordo” para finales de este año. Todo el mundo lo sabe. Todo el mundo lo ha oído. Aunque me gustaría que alguien realizara una encuesta relacionada con esto: qué dijeron los mayas, dónde lo pone… y quiénes eran los mayas y cuándo y dónde vivieron. Nos sorprenderíamos de los resultados, estoy seguro.

El hecho es que el “apocalipsis maya” de 2012 es algo muy extendido, y tomado más en serio o más en broma, forma parte de la sociedad contemporánea. Como hemos visto en otro artículo, ya ha pasado de forma natural al mundo de la publicidad y a muchas otras áreas, y los libros que tratan estos temas se cuentan por cientos. Y por eso –y aquí cobra sentido el título de esta reflexión– hay muchos que “se han subido al carro” del fin del mundo inminente para desempolvar sus viejas doctrinas peregrinas y actualizarlas a la luz de la revelación maya. Aunque no tengan nada que ver. Pero se trata de una técnica común en el mundo de lo esotérico y de las nuevas espiritualidades: el sincretismo y la interconexión de todo, ya sean civilizaciones desaparecidas, revelaciones espiritistas, tradiciones espirituales serias o teorías científicas.

El ejemplo que quiero tomar es el de el libro La llegada de los dioses. El subtítulo de la obra nos da una idea de su contenido y su propuesta: “El calendario maya y el retorno de los extraterrestres”. Pero antes de adentrarnos en este producto reciente –pues se ha publicado en español en 2011– tenemos que analizar su historia anterior, y así veremos con claridad la estrategia de adaptación al “apocalipsis maya”. El autor es todo un clásico en esta materia: Erich Von Däniken. Según la revista Año Cero, es “el autor más conocido de todos cuantos han escrito sobre las posibles visitas de extraterrestres en la antigüedad”.

Su página web afirma que ha vendido más de 63 millones de copias de sus 26 libros. Suizo nacido en 1935, lleva muchos años dedicado a difundir su convencimiento de que los extraterrestres visitaron nuestro planeta en el pasado. En un claro caso de intrusismo profesional, hace una relectura ufológica de los restos arqueológicos y de los textos conservados de las culturas antiguas para edificar, sobre esos monumentos y documentos, su hipótesis de los seres del espacio. Donde no hay certezas científicas, o incluso donde sí las hay, contrastadas por el trabajo de investigadores serios, siembra la duda de los hombrecillos verdes que, al final, se convierten en la explicación de cualquier episodio o material no del todo claro.

Y desde aquí hay que entender su continua referencia a los “dioses”, que no serían otra cosa que seres inteligentes de otros planetas, antiguos astronautas que habrían entrado en contacto con los hombres, y a los que éstos habrían rendido adoración, admirados ante sus naves y demás artilugios más avanzados que la sabiduría humana de entonces. En su forma de operar pseudocientífica y pseudohistórica, Von Däniken aplica un sencillo proceso cognoscitivo a la investigación de la Antigüedad que, ejemplificado, viene a ser el siguiente: las pirámides de Egipto son obras colosales, y nos parece imposible que pudieran levantarse en su tiempo con los medios que había, luego han tenido que ser elaboradas o, al menos, dirigidas por nuestros hermanos extraterrestres, mucho más listos que nosotros. Aplíquese esto a cualquier otra gran obra antigua, y tendremos un amplio catálogo de historias para la programación y literatura tan abundante del género de los “misterios ocultos”, que van desde la isla de Pascua hasta la arquitectura americana precolombina.

En El retorno de los dioses (1995, y traduzco de la edición inglesa), leemos que “estamos en gran medida en la mente y ante la mirada de otras formas cósmicas de vida y que, como resultado, muchos de los eventos históricos dramáticos y de las enseñanzas importantes de los textos religiosos deberían ser reinterpretadas, ¡incluso la misma idea del Día del Juicio!”. Lo de la atribución divina podemos verlo resumido en su último libro: “hace miles y miles de años, extraterrestres de carne y hueso tecnológicamente más avanzados llegaron a la Tierra en naves espaciales materiales… [Nuestros ancestros] no comprendieron los aspectos técnicos que había tras la llegada de estos extraterrestres de carne y hueso, así que los malinterpretaron, tomándolos por seres divinos, cosa que, desde luego, estos visitantes no eran. Y así nacieron los ‘dioses’. Producto de un simple (aunque importante) malentendido”.

¿Cuál es el paso dado en este último libro de Erich Von Däniken, llamado por los suyos “el padre de la paleoastronáutica”? Muy sencillo: en diciembre de 2012 –¡qué casualidad!– “los dioses regresarán de su largo viaje y aparecerán de nuevo en nuestro planeta. Al menos, eso es lo que el calendario maya nos parece indicar”. Como puede verse, queda la sombra de la duda, “por si acaso”, porque habrá que seguir vendiendo libros después de la fecha en el caso de que no ocurra nada, ¿verdad? Y continúa: “los llamados dioses –los extraterrestres– vendrán de nuevo. Nos dirigimos hacia un ‘shock divino’ de proporciones inimaginables”.

Analiza a su manera los escritos mayas y llega a esta conclusión, la del regreso de los extraterrestres. Lo que respondería a la espera escatológica de las grandes religiones. Si el primer libro del autor se tituló precisamente ¿Carros de los dioses?, podemos asegurar que su última jugada, por ahora, ha sido subirse al carro del “apocalipsis maya”. Lo triste es que pueda haber gente que se fíe de este señor y viva atemorizada por la invención de una mente tan imaginativa… y lucrativa.

sábado, 19 de mayo de 2012

¡Que viene el Harmagedón! (3): los testigos de Jehová

Fragmentos de apocalipsis (13)

Continuamos con la serie "Fragmentos de apocalipsis", del sacerdote D. Luis Santamaría, en su entrega número 13:

Si hablamos de la batalla apocalíptica de Harmagedón, no podemos olvidar a los testigos de Jehová. Hay gente que recuerda la portada de uno de sus libros, tan difundidos por todo el mundo en sus tiradas impresionantes, que se titulaba Usted puede sobrevivir al Armagedón y entrar en el nuevo mundo de Dios, con cubiertas amarillas y casi 400 páginas, nada más y nada menos. Fue publicado en 1958, cuando todavía no eran una confesión religiosa reconocida en España, pero el libro se distribuyó por toda la geografía nacional. Es uno de los tratados clásicos de la secta, y contiene sus peculiares doctrinas escatológicas.

De hecho, se cita muchas veces como muestra de la teología jehovista anterior a la fecha crucial de 1975 (en la que “el fin de este sistema de cosas” no llegó), aunque la sociedad corporativa Watchtower, que controla este movimiento, haya retirado este libro de la circulación. Una afirmación contenida en la obra, y que da una idea de la doctrina, es la siguiente: “Del nuevo paraíso, el jardín paradisíaco habría sido solamente una muestra… En la nueva tierra, se harán los arreglos para muchos matrimonios de los sobrevivientes de la guerra. Ahora, para poder ser ciudadano de esta nueva tierra, es preciso dar el nombre a la sociedad de Testigos de Jehová”. Queda claro lo que toca hacer.

Ya ha aparecido una alusión bélica a lo que sucederá en los últimos días, pero vamos a fijarnos en cómo presenta la secta el tema del Harmagedón (teniendo en cuenta, siempre, la supresión de la “h”, que se cae al traducir el término inglés propio de un grupo muy norteamericano). Es conocida la práctica habitual de los testigos de Jehová de modificar sus doctrinas, en un proceso que ellos denominan “aclaración de entendimiento”, y que no es otra cosa que adaptar la dogmática a sus necesidades coyunturales. En su libro –ojo a los títulos que vienen, que son bien expresivos– “¡Babilonia la grande ha caído!¡El reino de Dios domina! (1972) explican que ya en 1897 publicaron un libro titulado La batalla de Armagedón (editado anteriormente como El día de la venganza), y en él explicaban cómo sería “esta guerra final”.

Sin embargo, “no fue sino hasta el número de la revista Watch Tower del 15 de julio de 1925 que los testigos cristianos modernos de Jehová entendieron que esta guerra final no sería una sencilla lucha humana por la dominación aquí en la Tierra, sino una guerra universal. Sería realmente una guerra con Dios Todopoderoso, en la cual él destruiría a la entera organización del Diablo en el cielo y en la Tierra”. Una batalla que será comandada por el mismo Jesucristo. Así ya queda definido lo que será el Harmagedón.

El discurso es muy previsible, a lo largo de las publicaciones de los testigos de Jehová: la ira de Dios va a venir contra las naciones malvadas, ya que “él tomó su gran poder al fin de los Tiempos de los Gentiles en 1914 y comenzó a gobernar como Rey para siempre por medio de su Mesías que entonces fue entronizado”, según explicaba La Atalaya en 1970. Aunque la hostilidad de las fuerzas del mal será creciente, los fieles no tienen nada que temer, porque “la ira de Dios no es contra los que pacíficamente han buscado reconciliación con él. Estos reconciliados serán los súbditos terrestres con quienes él comenzará su pacífico nuevo sistema de cosas para toda la humanidad redimida”.

Al final, como repiten por activa y por pasiva, habrá literalmente un cielo nuevo y una tierra nueva. Mientras tanto, la mirada sobre el mundo es sumamente negativa. ¿Por qué? Sencillamente porque, como decían en su revista principal en 1973, “su destrucción [la de la Tierra] está muy cerca”, o en un libro publicado en 1975, “vamos acercándonos a ella directamente”, al ir avanzando esa generación que comenzó en 1914 con el inicio del reinado de Cristo y la expulsión de los demonios del cielo, como acabamos de ver.

Es bueno que bajemos a los detalles de cómo será la batalla de Harmagedón, una vez dicho que será una guerra universal real. Todas las realidades mundanas empecatadas (naciones e Iglesias), al perseguir a los “verdaderos cristianos” (los testigos de Jehová, por supuesto), se están poniendo en contra de Jehová y del Cordero. Y, cómo no, “necesariamente viene el choque con Dios después de eso”, que no es otra cosa que la batalla final. Y recuperando la “h” en este momento, afirman preocupados: “¡Todas las naciones ahora van marchando a Har-Magedón! Esto sí, por lo menos, puede decirse sin lugar a equivocaciones según el horario de la Biblia y según los acontecimientos mundiales que cumplen las profecías bíblicas. ¡Es inminente la confrontación con Dios!”.

Ante una guerra tan terrible, ¿hay esperanza para el ser humano? Sí, pero sólo para los que estén en el bando de los buenos, junto a Jehová Dios. ¿Y quiénes van a perder esta batalla? Las referencias que se dan son bien explícitas: “¡Vea a la organización de las Naciones Unidas! ¿Podrá mantenerse en su lugar y repeler el ataque divino? La profecía divina dice: ¡No!”. La ONU va a caer, junto con todo el sistema político y religioso mundial, inicuo.

Jesucristo, el hijo de Dios (pero despojado de la divinidad en una clara herencia del arrianismo), será “el oficial de ejecución para el Juez Supremo”, el “Guerrero celestial” en la batalla apocalíptica. El otro bando, el de los malos, con los reyes de la tierra como generales, será mandado por la bestia de siete cabezas y diez cuernos, que no representa otra cosa que “la potencia mundial dominante”, que comienza con las grandes civilizaciones de la Antigüedad y termina con la séptima cabeza “binaria de la Gran Bretaña y los Estados Unidos de América”. No queramos ver aquí interpretaciones ideológicas. Para evitar esa tentación, la literatura de la Watchtower lo deja bien claro: todas las naciones sin excepción le harán la guerra a Dios, y no sólo el “bloque comunista y anti-Dios de naciones, sino también… las naciones de la cristiandad religiosa. Los gobernantes de la humanidad angustiada siguen hoy la propaganda de guerra de Satanás el dragón simbólico”. De hecho, juntos forman “la entera organización visible del dragón simbólico”.

Y para todos ellos no habrá misericordia: serán exterminados. Las publicaciones jehovistas explican cómo será su final de una forma muy gráfica: “el cuadro que se pinta de ellos, como quienes no merecen una resurrección, es de personas cuyos cadáveres se dejan expuestos sobre el campo de batalla de Har-Magedón, de modo que sus cuerpos hediondos atraen a todas las aves que se sostienen con carroña”. Para los más curiosos, La Atalaya abunda en detalles: “Sí, la sangre fluirá en gran cantidad bajo la mano de las fuerzas de ejecución divinas. Los 69.000.000 de muertos de las dos guerras mundiales parecerán insignificantes en comparación con los que mueran en la guerra de Armagedón procedente de Dios”.

Otro dato importante –fundamental, diría yo– es la datación. ¿Cuándo sucederá todo esto? Agarrándose a la Biblia, leída a su manera, los testigos de Jehová colocan Harmagedón justamente antes del Milenio en el que Cristo reinará sobre la tierra, gobernando a los supervivientes de la gran batalla, los que han sido fieles (es decir, los miembros de la secta). Para situar el acontecimiento, repite la doctrina jehovista que las naciones ya habrán “dispuesto violentamente de la ‘ramera’ religiosa internacional, Babilonia la Grande”, llamada también “el imperio mundial de la religión falsa”, así que las Iglesias cristianas ya no serán un enemigo, porque habrán sido destruidas por las potencias mundiales antes de la confrontación escatológica.

Y la difusión del evangelio, a la manera de los testigos, será otro hecho a tener en cuenta para situar en el tiempo la llegada de Harmagedón. Esto produce un doble efecto atemorizador e intensificador del proselitismo en los adeptos, cuando se escribe: “¡adelante con la obra! Jesús nos asegura que, cuando el trabajo esté hecho, vendrá el fin”.

Con todo esto presente, uno puede hacerse una idea de las motivaciones espirituales y el ímpetu religioso que tienen los testigos de Jehová. Así es como ven el mundo, así es como interpretan la historia y los signos de los tiempos. En uno de sus libros, fechado en 1983, se dice: “¿Y qué hay de la antigua Babilonia? Era poderosa, se sentía confiada, y estaba fortificada con muros macizos. Pero cayó en una sola noche. Así, también, ‘destrucción repentina’ vendrá sobre el inicuo sistema actual. Cuando esto suceda, que se nos halle unidos en la adoración verdadera, por haber tenido ‘muy presente’ el día de Jehová”.

Y, cómo no, esto tiene su reflejo también en el reclamo proselitista que hacen en sus publicaciones, poniendo al lector ante una decisión trascendental en su vida. En las fechas previas a 1975 esto tenía un fuerte acento temporal, urgiendo a un rápido asentimiento a la secta: “La guerra necesariamente tiene que empezar alguna vez. En este caso es Dios Todopoderoso quien fija el tiempo para esta guerra en Har-Magedón. Puesto que no sabemos Su tiempo exacto, pero hay toda buena razón para saber que está cerca, no debemos pensar en tardarnos en tomar una decisión. ¿Cómo sabemos si no estamos ahora mismo del lado de los ‘reyes de toda la tierra habitada’ y por eso contra Dios Todopoderoso? Es del todo urgente que examinemos nuestro caso y averigüemos dónde estamos. Si descubrimos que no estamos del lado de Dios Todopoderoso y su reino mesiánico, entonces es posible que sinceramente deseemos cambiar de lado. De otro modo, pudiéramos decidir quedarnos donde estamos y sufrir las consecuencias”. Consecuencias nada halagüeñas, como hemos podido ver.

viernes, 23 de marzo de 2012

La NASA y el fin del mundo

Continuamos con la serie "Fragmentos de apocalipsis", del sacerdote D. Luis Santamaría, en su entrega número 9:

El 21 de diciembre de 2012 en el horizonte, y seguimos a vueltas con el fin del mundo del calendario maya. La última noticia ha sido la intervención en este tema de un científico de la NASA, ese organismo que suena tan serio y riguroso. A lo mejor con llamadas a la sensatez como la de Don Yeomans, señalando que los mayas no hablaron más que de un cambio de ciclo, se apaciguan un poco los furores apocalípticos que están hoy de moda.

Lo más curioso es que se invoque como autoridad al responsable del Programa de Objetos Cercanos a la Tierra de la NASA, cuando han sido varios los historiadores y arqueólogos que han señalado públicamente la forma de entender el dichoso calendario precolombino que trae de cabeza a más de uno. Algunos medios se han encargado de dejarnos claro que un representante de los astronautas más importantes del mundo –pues para el imaginario popular no es otra cosa la agencia espacial norteamericana– “descartó la tesis del apocalipsis maya”.

Si escuchamos al señor Yeomans en el vídeo que ha publicado en Internet, el interés de sus declaraciones radica en el desmentido de que haya un planeta errante, esperando por ahí a que llegue la hoja del 21 de diciembre en la agenda para precipitarse contra el planeta Tierra. Ahí sí que es un experto el que nos dice que si hubiera un enorme planeta acercándose a nosotros “lo habríamos visto hace mucho tiempo, y si fuera invisible, de alguna manera, habríamos visto los efectos (gravitacionales) de este planeta en los planetas vecinos”.

Es una explicación fácil de entender, y no creo que sea razonable defender la existencia de una megaconspiración mundial de miles de astrónomos –que no astrólogos– que a diario rastrean el Universo. Además, Yeomans ha tenido que explicar por enésima vez que las erupciones solares no son un problema para nosotros, y que no es cierto que vaya a modificarse el eje de rotación de la Tierra.

Lo del planeta errante trae cola. Llevamos una temporada larga de extraños concordismos que pretenden aunar ciencia y profecía, señalando a cualquier cuerpo celeste fuera de lo común –ya sea real o inventado– como malévolo agente del cumplimiento del cataclismo predicho por los mayas. Si en ocasiones anteriores algunos planetas de ficción como Hercólubus (en el caso de los gnósticos) han servido para inducir al miedo de las personas que transitan entre las aceras del esoterismo y la nueva religiosidad, ahora surgen nombres extraños que crean un clima de inseguridad en la gente que no va a dedicar mucho tiempo en comprobar en fuentes veraces si se trata de hechos probados o, por el contrario, de rumores extendidos como la pólvora por Internet y las redes sociales.

El primero del catálogo, y al que aluden las últimas informaciones de la NASA y compañía, es el inexistente Nibiru. Dicen que tiene reminiscencias babilónicas, y en esa mitología se le asocia al dios Marduk. ¿No lo ha estudiado usted en sus clases de ciencias? ¿O es que se trata de una incorporación posterior al panorama astronómico? Nada de eso: según sus defensores, se trata de un cuerpo celeste real pero invisible, y lo llaman también “planeta X”. Algunos ufólogos ya se han dedicado a explicar una estrafalaria historia del Universo, conocida por los antiguos sumerios, y que le da a Nibiru, y a otros planetas que deben de ser de la familia, un papel importante en el desarrollo de la realidad tal como la conocemos hoy.

Hace justamente un año, en torno a marzo de 2011, circuló la noticia de que el astro invisible se acercaría a nuestro planeta. Quién sabe… quizás los miles de astrónomos y aficionados al telescopio se citaron para un momento destacado de su conspiración del silencio, y como Nibiru es invisible, puede que haya pasado y aquí no se ha enterado nadie. Aunque algunos habrán aprovechado los “drásticos síntomas geomagnéticos” predichos para ponerlos en relación con el gran terremoto que afectó a Japón precisamente en los días previstos.

Otro astro que ha dado mucho que hablar es Elenin. Quizás ya no se acuerde casi nadie, pero el periodista científico del diario ABC, José Manuel Nieves, tituló un artículo del 21/09/11 así: “El cometa Elenin no destruirá la Tierra”. También en aquella ocasión la NASA tuvo que salir a poner orden en el patio de vecinos de Internet. Algunos apocalípticos habían señalado que, con motivo de la alineación del Sol, la Tierra y Elenin, se produciría en octubre “una oleada de muerte y destrucción como no se ha conocido hasta ahora”. Esta vez sí se trataba de un cuerpo celeste real… con menos de cuatro kilómetros de diámetro y cuya distancia más cercana de paso junto a nuestro planeta fue de 92 veces lo que nos separa de la Luna. Vamos, que poco lugar para el susto. Sin embargo, se especuló mucho sobre la amenaza que suponía para la humanidad. Ya entonces tuvo que intervenir Don Yeomans, que fue muy gráfico al afirmar que “en comparación, mi coche ejerce una mayor influencia sobre las mareas del océano que el cometa Elenin”.

Volviendo a los planetas imaginarios, Hercólubus sigue protagonizando algunas hipótesis del fin o del cambio de época. En muchos grupos esotéricos, sobre todo gnósticos, se difunde el librito del “venerable maestroRabolú, tal como se hizo con vistas al año 1999. Si después de aquella ocasión tuvieron que explicar los editores que “nunca” se habían dicho fechas concretas en el libro del líder gnóstico –algo correcto que, por desgracia, no puede decirse de la aplicación que se usó en las sectas que hablaron de 1999 y recuperaron el tema en 2001 en torno al 11 de septiembre–, ahora toca aprovechar el tirón popular del fin del mundo maya para presentar a este astro como el que traerá el gran acontecimiento a la humanidad. Será en 2012, seguro, aunque el libro no diga nada de este año… porque después habrá que seguir vendiéndolo.

Haciendo una búsqueda rápida por Internet, descubrimos que “Hercólubus afectará terriblemente a la corteza terrestre… también alterará el clima terrestre”, y también está el elemento apocalíptico y conspiranoico: “si no se ha dado publicidad a este asunto se debe a la censura impuesta por miedo a la psicosis colectiva, la cual podría provocar grandes desórdenes sociales y económicos. Pero también no es menos cierto que al ocultar la verdad se está dejando indefensa a la Humanidad ante lo que se nos viene encima. Todavía estamos a tiempo de evitarlo, pues cuando ya se vea a simple vista no podremos hacer nada”.

Está visto que en este año 2012 tendremos que seguir aguantando presagios oscuros debidos a las fuerzas cósmicas –conocidas o desconocidas– que a través de los más diversos cuerpos espaciales –reales o irreales– nos amenazan en cumplimiento de las terribles profecías mayas. Entretanto, habrá una mayoría de la gente que no se lo tome en serio, habrá otros que tengan una cierta inquietud y, subiendo en la escala, los habrá que se preocupen de construir o buscar un búnker donde esconderse el día del cataclismo (porque haberlos, haylos).

Me viene a la mente algo que sucedió precisamente hace 15 años, por estas mismas fechas, cuando pasó por aquí cerca el cometa Hale-Bopp, brillante y bien visible desde la Tierra. Lo que para muchos fue una curiosidad, o una ocasión de interesarse más por lo astronómico, acabó en tragedia en marzo de 1997 por parte de la secta Heaven’s Gate (la Puerta del Cielo). ¿La razón? Muy simple: en la cola del cometa venía adosada una nave extraterrestre que llevaría consigo a los que abandonaran sus recipientes físicos (vulgo suicidio ritual).

Fueron 39 los adeptos que murieron, y a ellos se unió varios días después alguien que no formaba parte de la secta, pero que conoció su teoría a través de Internet. Y es que, a veces, estas fantasías apocalípticas tienen un efecto más allá de la pantalla del ordenador. Así que, en lo que queda de año “maya”, mucho cuidado.


El resto de "fragmentos" puede verse en:


sábado, 17 de diciembre de 2011

Feliz fin del mundo

Antes de que llegue a fin el mundo entero, el padre D. Luis Santamaría les ofrece el siguiente "Fragmento de apocalipsis". No pierdan tiempo en postponer su lectura, no sea que...

Fragmentos de apocalipsis (6)

No se asusten; no me he vuelto loco ni he confundido las felicitaciones que empiezan a enviarse en este mes de diciembre. El título responde a una nueva campaña de una conocida marca de desodorantes, que no ha tenido otra ocurrencia que lanzar al mercado el modelo “2012”, aprovechando el tirón de las profecías mayas. La campaña publicitaria, que comenzó hace meses en algunos países iberoamericanos, ha llegado recientemente a España, aunque cambiando el formato.

La secuencia del primer anuncio en vídeo es la siguiente. Sobre una música dramática y con imágenes catastróficas –entre otras, la del famoso Cristo de Corcovado o el propio Vaticano derrumbándose– se oye: “según las profecías mayas, en 2012 será el fin del mundo, y puede encontrarte de dos maneras: sin esperanzas o sin ropa”. Tras estas últimas palabras, que sorprenden en el hilo argumental, se empieza a mostrar a chicas ligeras de ropa mientras se dice: “vive tus fantasías antes del apocalipsis”. Y se explica un sistema por el que el usuario de Internet puede escoger una fantasía erótica e, introduciendo sus datos, participar en ella en una especie de vídeo personalizado y compartirlo con sus amigos a través de las redes sociales.

Se trata de lo que los expertos de marketing denominan “estrategia BTL” (below the line), y que consiste en emplear técnicas novedosas, no tradicionales, para colocar un producto con creatividad y un alto impacto en un público no masivo, sino escogido. La campaña que ha realizado esta marca de desodorante la han titulado, siguiendo con el símil, “Apocalistrip”. Como se ve, mezcla el fin del mundo con el desnudo. Femenino, claro. La compañía anunciadora es bien conocida por su instrumentalización del cuerpo de la mujer en un tipo de anuncios que ya aburren por su sexismo y machismo.

Para que nadie piense que estoy haciendo interpretaciones extrañas y rebuscadas de un simple anuncio, utilizaré el propio material de la compañía publicitaria responsable del “spot”, que explica la idea central de la campaña de esta manera: “El fin del mundo se acerca y con él se acaban los prejuicios. Es momento de hacer realidad todas las fantasías del target. Así nace el Apocalipstrip, que trae un final feliz del mundo”. Hay que aclarar que el montaje propagandístico en algunos países iberoamericanos, como he señalado antes, ha sobrepasado en gran medida al simple anuncio televisivo tradicional, ya que a través de Facebook y otras redes sociales se ha difundido el vídeo en el que se muestra cómo los fabricantes del desodorante hacen que un joven anónimo pueda cumplir sus fantasías –todas ellas de índole erótica– y se invita a los internautas a compartir en la red social sus propias fantasías “antes de que llegue el fin del mundo”.

La versión española de la campaña es más moderada en las formas, pero tiene el mismo fondo. Así la describen: “si fuera el fin del mundo en el 2012 como dicen las profecías mayas, ¿qué harías antes del fin del mundo? Pide tu deseo y Axe te lo puede hacer realidad. Puedes elegir entre crear tu deseo, escribirlo tú mismo, deseo aleatorio o ver la lista de los últimos deseos para inspirarte”. El anuncio en vídeo contiene la siguiente secuencia: sobre una música más desenfadada que en la versión latina, aparecen imágenes “locales” de una catástrofe. Un joven contempla cómo la gente y los animales se disponen a huir, mientras construye un arca de madera de gran tamaño, empleando así una iconografía de todos conocida. Cuando ha concluido su obra y las nubes predicen el diluvio, el Noé redivivo se aplica el desodorante, y a continuación empiezan a aparecer parejas de… ¿lo adivinan? Sí, chicas. Jóvenes y guapas, faltaría más. Y termina simplemente con el lema de la campaña: “Feliz fin del mundo”.

¿Por qué incluyo todo esto, bastante superficial, en una serie de comentarios sobre el milenarismo y el miedo al apocalipsis en la actualidad? Porque creo que es un buen ejemplo de vulgarización cultural del tema. Una marca publicitaria ha aprovechado la popularidad de ese presunto fin del mundo del calendario maya para el próximo mes de diciembre de 2012 para difundir un producto vinculado directamente a esa fecha en su mismo nombre, y lo ha unido a su línea corporativa que hace de la atracción sexual del varón-cliente el gancho principal para el consumo. Se da, así, una doble utilización de la persona, en un contexto apocalíptico: por un lado, la clara instrumentalización de la mujer como objeto de deseo y de fantasías; por otro, la instrumentalización del varón, que se reduce a mero consumidor y del que se priman los impulsos genitales. El lector habrá comprobado que más arriba citaba un anglicismo sin traducirlo, y tiene que ver con esto: “es momento de hacer realidad todas las fantasías del target”. Y “target” designa precisamente, en el lenguaje del marketing, al público objeto de una campaña publicitaria, al destinatario de un producto. La persona, en su doble condición masculina y femenina, reducida a objeto una vez más. Nada extraño en este mundo propagandístico, por otra parte.

Un paso más. En Internet he podido encontrar los datos de un supuesto estudio realizado por la dichosa compañía del desodorante en el que habrían consultado a la gente sobre la fidelidad a la pareja en el caso de un hipotético fin del mundo. Lo digo con precaución porque no he sido capaz de comprobar la veracidad de esta información, como ocurre muchas veces en el ciberespacio. En resumen, la encuesta revelaría que “seis de cada diez mujeres y cinco de cada diez hombres serían infieles a su pareja si conocieran la inminente llegada del fin del mundo”. Y da otros detalles que ya no escandalizan, cuando hemos asistido a recientes campañas promocionales de la infidelidad en varios lugares del mundo. Así, en algunas páginas web se augura “un 2012 calentito”, y se invita al lector (varón, se supone) a estar “atento para no perder la ola de sexo y desenfreno que nos espera”.

No sólo se ha banalizado el asunto del fin del mundo, sino que se ha conseguido emplear algo que unos publicistas concretos no se toman en serio para jalear el hedonismo y la filosofía del “carpe diem” en vistas a una graciosa interpretación de la historia que nos acercaría a su final. Cuando se hace en tiempo de crisis, como ocurre esta vez, no parece lo más indicado para animar a un consumo serio, a una responsabilidad social o a un trato natural entre los sexos. Claro que muchos me podrán decir que es una simple campaña publicitaria y que sólo pretende vender. Pero ¿qué imagen del ser humano proyecta o refleja, y qué moral? Desde luego no la más adecuada para afrontar un posible apocalipsis, ni tampoco la ideal para reconstruir un mundo que tiene buena falta de arreglo.

1. Fragmentos de apocalipsis
2. Las profecías de Nostradamus
3. Un mes con dos apocalipsis fallidos
4. Nostradamus y el fin del mundo en 2012
5. Los cristianos, ignorantes del tiempo del fin

Fuente: En Acción Digital

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