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lunes, 18 de junio de 2012

Boletín Info-RIES nº 243

Ya está a su disposición el último boletín de la Red Iberoamericana de Estudio de las Sectas (RIES), Info-RIES. Si desean subscribirse pueden hacerlo de manera gratuita en http://www.ries-sectas.tk/. En este caso les ofrecemos un monográfico sobre milenarismo y fin del mundo.

Boletín Info-RIES nº 243 (16/6/12).

1. Tragedias por el fin del mundo.
2. ¡Que viene el Harmagedón! (1): ¿De qué se trata?
3. ¡Que viene el Harmagedón! (2): los adventistas del Séptimo Día.
4. ¡Que viene el Harmagedón! (3): los testigos de Jehová.
5. ¡Que viene el Harmagedón! (4): la Virgen de Fátima y los extraterrestres.
6. La costumbre de subirse al carro del fin del mundo en 2012. 
7. La NASA y el fin del mundo.
8. El apocalipsis de Fidel Castro. 
9. Las ciudadelas del fin del mundo. 

miércoles, 6 de junio de 2012

¡Que viene el Harmagedón! (4): la Virgen de Fátima y los extraterrestres

Fragmentos de apocalipsis (14)

Seguimos ofreciéndoles el siguiente capítulo de la serie "Fragmentos de apocalipsis", del sacerdote D. Luis Santamaría, en su entrega número 14:

Revolviendo en mis papeles he encontrado unos que cumplen ahora un decenio, y que amplían el tríptico inicial de artículos dedicados al Harmagedón. Porque este tema no se agota en las sectas de impronta cristiana, ni mucho menos. Y el hallazgo me ha provocado una sonrisa cuando he visto en la portada de un folleto fotocopiado y encuadernado el siguiente título: “2002: Armagedhon. Mensaje a la humanidad”. Una sonrisa doble: por la datación, ya que han pasado diez años y no logro encontrar en mi memoria tan magno acontecimiento en aquel entonces; y por esa “h” que defiendo para el término Harmagedón, pero mal situada (de hecho, en el documento se lee también esta grafía: Armaghedon).

Fuera de la evidente ausencia de un “libro de estilo” apocalíptico –si se me permite la broma–, el contenido del folleto es tremendista y atemorizador. El discurso catastrófico de siempre. El argumento, en resumen, es el siguiente: mensajes urgentes “del cielo a la tierra” o “mensajes del cosmos” enviados entre 1979 y 2001 por entidades extraterrestres sobre la inminencia del fin, documentos sobre el armamento nuclear y el panorama bélico mundial y… ¡sorpresa! ¡El tercer secreto de Fátima!

Para ilustrar esta brevísima síntesis, algunas frases de muestra. El contexto lo dice la carta de presentación: “considerada la gravísima situación mundial desarrollada a continuación de los eventos del 11 de septiembre 2001” los autores han asumido “la responsabilidad de divulgar los siguientes mensajes”. Desde la astronave Othen-Nis, por ejemplo, los seres del espacio nos revelan: “nuestra presencia sobre vuestro planeta se ha concentrado siempre más tras la explosión de las bombas de Hiroshima y Nagasaki… La amenaza de un conflicto atómico en estos días de vuestro tiempo, 2001 años después de la venida de Jesús Cristo, el Hijo de Dios sobre la tierra, puede volverse concreta en las próximas semanas, en los próximos días o incluso en las próximas horas… Nosotros somos seres que creemos en la inteligencia cósmica que vosotros llamáis Dios… Estáis al borde de una catástrofe, de un holocausto nuclear… Hoy tras milenios, la situación ha alcanzado el punto hipercaótico… La previsión de los terribles actuales eventos está contenida sobre todo en aquella profecía de que tanto se ha hablado cuanto ridiculizado: el tercer secreto de Fátima… La parte que falta como ya ha sido divulgado de uno de nuestros operadores, se refiere no sólo a la situación mundial que estáis viviendo, sino también a nuestra presencia y a nuestra misión… Nosotros estamos preparados y ahora estáis advertidos de nuestra probable intervención en caso de conflicto atómico”.

Respire después de esta antología. Sólo he seleccionado las frases más significativas de un “mensaje urgente” de cuatro páginas enviado desde esa nave extraña en noviembre de 2001 al entonces presidente Bush y otros políticos, además de a Juan Pablo II. El resto del folleto es fácil de adivinar: anuncios de catástrofes inminentes y teoría conspiranoica en torno al tercer secreto de Fátima, cuya revelación por parte de la Santa Sede sería falsa o al menos incompleta. Y ante esto podemos preguntarnos: ¿de dónde viene todo este batiburrillo? ¿Qué tiene que ver la Virgen María y su aparición en Fátima con el tema ufológico? ¿Realmente la Madre de Cristo ha contado algo sobre los extraterrestres y el Vaticano –como nos repiten las novelas de misterio con cada tema que se les ocurre– nos lo ha ocultado?

Por eso tenemos que analizar quién está detrás de esta documentación. Y en la misma portada leemos: “Nonsiamosoli”. Que no es otra cosa que las palabras unidas que en italiano significan “no estamos solos”. Se trata de una secta ufológica (o platillista, como dicen algunos), fundada por Giorgio Bongiovanni, que es quien presenta el folleto y es transmisor de los mensajes extraterrestres más actuales. Bongiovanni es un conocido personaje de ese mundillo en el que se entrecruzan lo espiritual y lo paranormal. Italiano nacido en 1963, saltó a la fama cuando, en 1989, dijo tener una revelación extraordinaria de la Virgen María. ¡Y tan extraordinaria! Como que mezclaba ya entonces lo mariano con lo espacial… No hay que olvidar que, además, este señor dice haber sido, en sus anteriores reencarnaciones, el profeta Elías, Juan el Bautista, y Francisco Martos, uno de los niños videntes de Fátima. Y por si todo esto fuera poco, dice tener estigmas.

Junto con su hermano Filippo, inició el grupo y la revista también llamada Nonsiamosoli, y empezó a anunciar el fin catastrófico de nuestra realidad con la intervención directa de los extraterrestres. Puso la fecha en 1991 y después en otras ocasiones, como la que estamos analizando ahora. ¿Se imaginan cuál es la siguiente? Sin duda: el año 2012. Concretamente el 31 de diciembre, dándonos una generosa prórroga con respecto a la archiconocida profecía maya.

Como ya hemos podido ver, su doctrina es totalmente sincrética, asumiendo elementos de la fe cristiana, del esoterismo, del panorama ufológico… elaborando así un cóctel estrafalario en el que destacan el miedo al fin inminente y la centralidad de sus presuntos estigmas como signos de la certeza de sus profecías. Como dice el experto Miguel Pastorino, buen conocedor de este personaje, en un artículo muy interesante, “a su Teología, de ‘cristiana’ le queda tan sólo el nombre”. Así es.

Por otra parte, para entender a Bongiovanni hay que hacer una referencia a su maestro espiritual, Eugenio Siragusa, a cuya pluma como transmisor se deben varios mensajes del espacio contenidos en el folleto que tengo ante mí. Siragusa (1919-2006), también italiano, comenzó a contactar con los seres del espacio en 1952 y fundó el Centro de Estudios de la Fraternidad Cósmica. Conferenciante y divulgador de estos temas, como lo ha sido después su discípulo, estableció 1967 como el año de la segura destrucción de la Tierra por el impacto de un asteroide. Ésta es la paternidad que está detrás de Bongiovanni, y de tal palo, tal astilla.

Unos ingredientes más en la ensalada espiritual que es la Nueva Era. Donde entra de todo, y también una historia tan complicada como ésta, en la que se mezclan estigmas, apariciones marianas, transmisión de mensajes extraterrestres… Ahora, por lo que he podido ver, se presenta como un pequeño benefactor de la humanidad en América Latina, donde, a su anterior compromiso contra la mafia italiana, ha seguido un trabajo por la promoción de los más pobres. Su discurso pretende ser cristiano, y así leemos cómo su biógrafa escribe que “Giorgio Bongiovanni no cesará de recordar a los hombres y a las mujeres que encuentra por su camino que el camino hacia la vida verdadera pasa a través del Amor hacia el prójimo, la Justicia entre los hombres y la Fe en las enseñanzas del Maestro de todos los Maestros: Jesús Cristo”.

Pero un Jesús, no lo olvidemos, que vuelve a la tierra con la destrucción en la mano, y acompañado o precedido por los extraterrestres y otros seres extraños. Un apocalipticismo con apariencia cristiana, y que ya comenzó este año 2012 con las más terribles profecías: “ninguna otra época de la historia del hombre conoció los actuales peligros que afronta la humanidad”. Respiremos tranquilos, porque lo mismo decía para 2002. Y mucho antes. Revelaciones que pretende añadir Bongiovanni a la revelación definitiva que ha tenido lugar en Jesús. Revelaciones a medida de esta época y a medida del temor y la credulidad de muchos.

sábado, 12 de mayo de 2012

¡Que viene el Harmagedón! (2): los adventistas del Séptimo Día

Fragmentos de apocalipsis (12)

Continuamos con la serie "Fragmentos de apocalipsis", del sacerdote D. Luis Santamaría, en su entrega número 12:

El primer ejemplo de interpretación del Harmagedón que vamos a abordar es el de los adventistas del Séptimo Día. Su origen histórico hay que buscarlo en dos figuras fundamentales de todo el movimiento de “reavivamiento” del panorama cristiano en los EE.UU. del siglo XIX: William Miller y Ellen G. White. El primero centró su atención en los libros de Daniel y del Apocalipsis, y tras un concienzudo estudio bíblico en relación con la historia del mundo, anunció la segunda venida de Cristo para 1843, y luego para 1844. A pesar del fracaso profético de este acercamiento a la Sagrada Escritura, White fue capaz de reunir a los adventistas no desencantados del todo (explicando que lo de 1844 no había sido la parusía –evidente–, sino una especie de mudanza que hizo Jesús en el cielo), y en 1863 creó la Iglesia Adventista del Séptimo Día.

Éste es el clima milenarista de su nacimiento, de forma excesivamente resumida, pero suficiente para dar un marco explicativo de lo que vamos a ver a continuación. Sólo nos falta decir que se trata de un movimiento muy controvertido dentro del cristianismo (aspecto éste que también es discutido, si forma parte o no de esta categoría), entre otras cosas por su consideración del sábado y no del domingo como día sagrado, y por la excesiva autoridad que otorgan a los escritos de la “profetisa” White, que habría sido directamente inspirada por Dios, y cuya vida y escritos habrían supuesto el cumplimiento de las Escrituras. Y un detalle importante más: ya desde el origen del adventismo se consideró que todas las Iglesias cristianas integran lo que el Apocalipsis llama “Babilonia la grande” (y premio especial para el papado, que pasa a ser el Anticristo). Costumbre que permanece y que han adquirido como herencia, de forma notable, los testigos de Jehová.

Y ahora vamos a lo que nos interesa. Siguiendo el Apocalipsis, los adventistas explican actualmente el Harmagedón como una guerra espiritual y no una confrontación bélica física tal cual. Remarco lo de “actualmente”, porque ellos mismos reconocen que no siempre dijeron eso. En un movimiento caracterizado por la revelación abierta y cambiante encontramos, por ejemplo, la siguiente afirmación: “durante los primeros 75 años de existencia de nuestra iglesia, la mayoría de nuestros pastores, administradores, evangelistas, y maestros de Biblia, creían que el Armagedón sería una batalla física entre Turquía y las naciones cristianas del mundo” (Marvin Moore). Este tema fue polémico en el seno de la secta, y “la dificultad residía en deducir o resolver, qué naciones estarían en un lado, y cuáles en el otro”, según el mismo autor.

Al final, “la caída de Japón en 1945, envió a la tumba el punto de vista del Armagedón como una ‘batalla física’. Hoy, no es más que una reliquia, en el museo de nuestra historia teológica”. La profetisa White tuvo buen cuidado de no interpretar de forma física el Harmagedón, pero sí insistió en la inmediatez del acontecimiento: “Pronto se ha de pelear la batalla de Armagedón. Aquel sobre cuya vestidura está escrito el nombre Rey de reyes y Señor de señores, ha de encabezar pronto los ejércitos del cielo… Falta ahora muy poco tiempo… El día del Señor se está acercando furtivamente… Nos quedan tan sólo muy pocos días de gracia en los cuales prepararnos para la vida futura e inmortal”.

La que se entiende ahora como una guerra espiritual es situada por los adventistas en el contexto de la sexta plaga del último libro de la Biblia. Plaga, por cierto, en la que los “espíritus inmundos” (el dragón, la bestia y el falso profeta) no son otros que “el espiritismo moderno o paganismo, el papado, y el protestantismo apóstata” y que, juntos, constituyen “la gran Babilonia”, según el Comentario Bíblico Adventista. El combate es entre Jesucristo y el sistema religioso unido a los gobernantes de la tierra. Harmagedón “es la guerra entre Dios y la bestia, o sea, el sistema babilónico espiritual de los últimos días… Babilonia son todos los poderes religiosos de la tierra, que han convocado a todos los poderes políticos de la tierra para pelear contra Dios… Babilonia son todos los llamados cristianos, pero que son apóstatas”, explica un responsable adventista predicando en un vídeo colgado en Internet.

Y, siguiendo el mismo razonamiento, la imagen de la bestia es el domingo, “Babilonia ha creado ese día, el día falso de oración”, según dice el predicador, y el falso cristianismo (es decir, todos los no adventistas) recibe esa marca de la bestia, y recibirá así las siete plagas como castigo de Dios. Hacen un paralelismo entre las plagas de Egipto y las apocalípticas. Igual que el Faraón –que aunaba poder religioso y político– no permitió a los hebreos salir a “sabatizar”, así los adventistas son acosados por el sistema actual. En un curso bíblico que imparten leemos que “el Armagedón representa el último esfuerzo de Satanás para destruir a las personas quienes se atreven a obedecer a Dios aún frente a la amenaza de tortura y muerte. Aquellos quienes no tienen la marca de la bestia se sentenciarán a muerte, y así se quitará el obstáculo mayor para Satanás reclamar al mundo como suyo”. Ya sabemos, entonces, cuál es la fidelidad a Dios (la observancia del sábado), quiénes son los fieles (los creyentes adventistas) y quién es el demonio (toda aquella institución o persona a quien consideren antagonista).

Haciendo una interpretación literal del libro de la Revelación, señalan en su Comentario que “no hay duda de que representa el desenlace final cuando Cristo triunfará gloriosamente”. Mucho me temo, con todo esto, que pensar en la batalla definitiva como una lucha de los adventistas comandados por Jesús contra los anglicanos, católicos, ortodoxos y protestantes, no puede traer consigo una consideración positiva de los primeros con respecto a sus enemigos escatológicos. En este tiempo que queda –y que no es mucho, porque el fin está cerca– hay que emplearse a fondo en el proselitismo: a convertir a todos los posibles. Cuando lleguen las plagas y todo lo profetizado literalmente por el Apocalipsis, ya se sabe lo que tocará hacer con los que no se han convertido. Y miedo me da. Porque Cristo será, en palabras del predicador, que resume magistralmente el sentimiento religioso adventista, “para nosotros, nuestro salvador; para ellos, su destructor”.

miércoles, 2 de mayo de 2012

¡Que viene el Harmagedón! (1): ¿De qué se trata?

Fragmentos de apocalipsis (11)


Continuamos con la serie "Fragmentos de apocalipsis", del sacerdote D. Luis Santamaría, en su entrega número 11:


Habrá lectores que estarán pensando en la falta de ortografía mayúscula –y nunca mejor dicho– que parece tener el título. Ya estamos acostumbrados a ver escrito “Armagedón” sin mayor problema, gracias sobre todo a la película Armageddon (Michael Bay, 1998). Si efectuamos una búsqueda en Google, nos encontramos con que la versión sin la “h” inicial pierde por 17 contra 1. Sin embargo, en su Diccionario enciclopédico de las sectas, Manuel Guerra, experto en Filología Clásica, coloca el término entre los que comienzan por “h”, “porque en griego su vocal inicial tiene espíritu áspero”, y éste suele pasar al latín y al castellano de esta forma.

Hecha la precisión terminológica, que no pasa de ser una curiosidad, vamos a entrar en el tema. El Harmagedón (o Harmaguedón) se ha popularizado como sinónimo de algo apocalíptico y catastrófico, y en ese sentido tomó el título la película antes citada, protagonizada por Bruce Willis. También encontramos el término en contextos que nos hablan de sucesos dramáticos en los campos más variopintos. Por ejemplo, hace poco Televisión Española ha estrenado entre nosotros una serie documental titulada Armagedón animal, que narra la extinción de los dinosaurios y otros grandes eventos de la historia de nuestro planeta. Según la información difundida por la emisora estatal, esta producción de Digital Ranchtransporta a los televidentes al centro de los más horrorosos desastres de la historia de nuestro planeta”. Los títulos de los capítulos no pueden ser más ilustrativos: “Rayos de muerte”, “El infierno en la tierra”, “El día del juicio final”, “Pánico en el cielo”, etc.

Además, las personas que estén familiarizadas con las publicaciones de los testigos de Jehová, habrán visto en más de una ocasión la referencia a esa palabra, que ellos escriben Armagedón, fieles a su procedencia norteamericana (en inglés se usa sin la “h”). Otras sectas de impronta cristiana también emplean el término, e incluso algún grupo esotérico. ¿De qué se trata? Hay una cita bíblica que es el origen de todo esto: Ap 16,16. En este lugar del libro de la Revelación leemos que, para la batalla del gran día de Dios, “reunieron a los reyes en el lugar llamado en hebreo Harmagedón”. Y, como resume en su nota exegética la Biblia Interconfesional, es “un buen símbolo para significar el desastroso fin que aguarda a los ejércitos enemigos de Dios allí reunidos”.

Harmagedón es el lugar de la gran batalla final, según la visión bíblica, en la que Dios por fin destruirá a Satanás y a todos aquellos que representan el mal, en la clave del anuncio profético del “día de Yahvé”. No hay referencias temporales, ni se concreta quiénes luchan exactamente. El nombre, que aparece únicamente en este versículo de la Biblia, se refiere de forma literal al “monte de Meguido”. Era una antigua ciudad cananea situada entre el monte Carmelo y las montañas de Samaria, en un enclave estratégico desde el punto de vista comercial y militar. Su fortaleza era de paso obligado en la Vía Maris, que unía Oriente Próximo y África. En consecuencia, fue escenario de grandes operaciones bélicas. El primer enfrentamiento importante que conocemos es la derrota del general Sísara a manos del ejército hebreo, y allí murieron también los reyes Jorán, Ocozías y Josías.

El libro del Apocalipsis retoma este enclave tan significativo para situar allí la gran batalla final de todos los enemigos de Dios contra el Cordero, que es Jesucristo. Será éste el vencedor, acompañado de sus fieles (y no de ejércitos celestiales), frente a las tropas de los impíos. Hay que ir al capítulo 19 del libro para encontrar el desarrollo y el sentido del combate, protagonizado por un jinete con el manto empapado en su propia sangre, y que destruye a sus enemigos no con el derramamiento de la sangre ajena, sino hiriéndolos con la espada afilada que sale de su boca, la Palabra de Dios. Algunos biblistas han hecho notar el significado profundo de este pasaje, en la clave simbólica de todo el relato apocalíptico: Dios ya ha vencido al mal a través de su Hijo Jesucristo, muerto y resucitado. Su intervención definitiva (escatológica) en la historia ya ha sucedido, y los últimos tiempos han comenzado con la Pascua de Jesús. La salvación ya ha llegado, no hay que esperarla para un futuro más o menos lejano.

Todo esto tiene, en una correcta comprensión bíblica, un efecto que previene de los posibles riesgos interpretativos extremos: caer por un lado en la angustia milenarista que atisba en el horizonte de la historia un combate destructor, o por otro lado espiritualizar tanto el texto que deje toda responsabilidad futura para las esferas celestes. Xabier Pikaza señala en este sentido que, más allá de la localización de la gran batalla –cuya correspondencia con Meguido pone en duda, ya que el libro de Ezequiel la situaba en el entorno de Jerusalén–, “no importa el lugar ni el modo externo del combate, no interesan las señales cósmicas, objeto de disputa erudita o magia evocativa. El verdadero Armaguedón está donde la Iglesia se mantiene fiel a su compromiso de resistencia evangélica”.

Como dice Enzo Bianchi en su comentario al Apocalipsis, el último libro de la Biblia habla de Jesucristo “no en términos dogmáticos o de teología sistemática, sino con una concreción de tipo bíblico, mediante una relectura de su aventura dentro del gran cuadro de la historia”. Esta lectura del texto sagrado, que comprende la cuestión de la batalla de Harmagedón en su contexto literario y teológico, tal y como hay que entender el libro del Apocalipsis, nos sustrae de cualquier interpretación catastrofista y amenazadora, y también de una exégesis literal del escrito. Este último tipo de exégesis, que conlleva un carácter ciertamente atemorizador, es el propio de la tradición adventista, que encarnan fundamentalmente los adventistas del Séptimo Día y los testigos de Jehová. Veremos sus interpretaciones del Harmagedón en los artículos siguientes, y nos acercaremos a otras sectas y corrientes que dan importancia a este acontecimiento, en un sentido ciertamente distinto al que hemos resumido.

viernes, 23 de marzo de 2012

La NASA y el fin del mundo

Continuamos con la serie "Fragmentos de apocalipsis", del sacerdote D. Luis Santamaría, en su entrega número 9:

El 21 de diciembre de 2012 en el horizonte, y seguimos a vueltas con el fin del mundo del calendario maya. La última noticia ha sido la intervención en este tema de un científico de la NASA, ese organismo que suena tan serio y riguroso. A lo mejor con llamadas a la sensatez como la de Don Yeomans, señalando que los mayas no hablaron más que de un cambio de ciclo, se apaciguan un poco los furores apocalípticos que están hoy de moda.

Lo más curioso es que se invoque como autoridad al responsable del Programa de Objetos Cercanos a la Tierra de la NASA, cuando han sido varios los historiadores y arqueólogos que han señalado públicamente la forma de entender el dichoso calendario precolombino que trae de cabeza a más de uno. Algunos medios se han encargado de dejarnos claro que un representante de los astronautas más importantes del mundo –pues para el imaginario popular no es otra cosa la agencia espacial norteamericana– “descartó la tesis del apocalipsis maya”.

Si escuchamos al señor Yeomans en el vídeo que ha publicado en Internet, el interés de sus declaraciones radica en el desmentido de que haya un planeta errante, esperando por ahí a que llegue la hoja del 21 de diciembre en la agenda para precipitarse contra el planeta Tierra. Ahí sí que es un experto el que nos dice que si hubiera un enorme planeta acercándose a nosotros “lo habríamos visto hace mucho tiempo, y si fuera invisible, de alguna manera, habríamos visto los efectos (gravitacionales) de este planeta en los planetas vecinos”.

Es una explicación fácil de entender, y no creo que sea razonable defender la existencia de una megaconspiración mundial de miles de astrónomos –que no astrólogos– que a diario rastrean el Universo. Además, Yeomans ha tenido que explicar por enésima vez que las erupciones solares no son un problema para nosotros, y que no es cierto que vaya a modificarse el eje de rotación de la Tierra.

Lo del planeta errante trae cola. Llevamos una temporada larga de extraños concordismos que pretenden aunar ciencia y profecía, señalando a cualquier cuerpo celeste fuera de lo común –ya sea real o inventado– como malévolo agente del cumplimiento del cataclismo predicho por los mayas. Si en ocasiones anteriores algunos planetas de ficción como Hercólubus (en el caso de los gnósticos) han servido para inducir al miedo de las personas que transitan entre las aceras del esoterismo y la nueva religiosidad, ahora surgen nombres extraños que crean un clima de inseguridad en la gente que no va a dedicar mucho tiempo en comprobar en fuentes veraces si se trata de hechos probados o, por el contrario, de rumores extendidos como la pólvora por Internet y las redes sociales.

El primero del catálogo, y al que aluden las últimas informaciones de la NASA y compañía, es el inexistente Nibiru. Dicen que tiene reminiscencias babilónicas, y en esa mitología se le asocia al dios Marduk. ¿No lo ha estudiado usted en sus clases de ciencias? ¿O es que se trata de una incorporación posterior al panorama astronómico? Nada de eso: según sus defensores, se trata de un cuerpo celeste real pero invisible, y lo llaman también “planeta X”. Algunos ufólogos ya se han dedicado a explicar una estrafalaria historia del Universo, conocida por los antiguos sumerios, y que le da a Nibiru, y a otros planetas que deben de ser de la familia, un papel importante en el desarrollo de la realidad tal como la conocemos hoy.

Hace justamente un año, en torno a marzo de 2011, circuló la noticia de que el astro invisible se acercaría a nuestro planeta. Quién sabe… quizás los miles de astrónomos y aficionados al telescopio se citaron para un momento destacado de su conspiración del silencio, y como Nibiru es invisible, puede que haya pasado y aquí no se ha enterado nadie. Aunque algunos habrán aprovechado los “drásticos síntomas geomagnéticos” predichos para ponerlos en relación con el gran terremoto que afectó a Japón precisamente en los días previstos.

Otro astro que ha dado mucho que hablar es Elenin. Quizás ya no se acuerde casi nadie, pero el periodista científico del diario ABC, José Manuel Nieves, tituló un artículo del 21/09/11 así: “El cometa Elenin no destruirá la Tierra”. También en aquella ocasión la NASA tuvo que salir a poner orden en el patio de vecinos de Internet. Algunos apocalípticos habían señalado que, con motivo de la alineación del Sol, la Tierra y Elenin, se produciría en octubre “una oleada de muerte y destrucción como no se ha conocido hasta ahora”. Esta vez sí se trataba de un cuerpo celeste real… con menos de cuatro kilómetros de diámetro y cuya distancia más cercana de paso junto a nuestro planeta fue de 92 veces lo que nos separa de la Luna. Vamos, que poco lugar para el susto. Sin embargo, se especuló mucho sobre la amenaza que suponía para la humanidad. Ya entonces tuvo que intervenir Don Yeomans, que fue muy gráfico al afirmar que “en comparación, mi coche ejerce una mayor influencia sobre las mareas del océano que el cometa Elenin”.

Volviendo a los planetas imaginarios, Hercólubus sigue protagonizando algunas hipótesis del fin o del cambio de época. En muchos grupos esotéricos, sobre todo gnósticos, se difunde el librito del “venerable maestroRabolú, tal como se hizo con vistas al año 1999. Si después de aquella ocasión tuvieron que explicar los editores que “nunca” se habían dicho fechas concretas en el libro del líder gnóstico –algo correcto que, por desgracia, no puede decirse de la aplicación que se usó en las sectas que hablaron de 1999 y recuperaron el tema en 2001 en torno al 11 de septiembre–, ahora toca aprovechar el tirón popular del fin del mundo maya para presentar a este astro como el que traerá el gran acontecimiento a la humanidad. Será en 2012, seguro, aunque el libro no diga nada de este año… porque después habrá que seguir vendiéndolo.

Haciendo una búsqueda rápida por Internet, descubrimos que “Hercólubus afectará terriblemente a la corteza terrestre… también alterará el clima terrestre”, y también está el elemento apocalíptico y conspiranoico: “si no se ha dado publicidad a este asunto se debe a la censura impuesta por miedo a la psicosis colectiva, la cual podría provocar grandes desórdenes sociales y económicos. Pero también no es menos cierto que al ocultar la verdad se está dejando indefensa a la Humanidad ante lo que se nos viene encima. Todavía estamos a tiempo de evitarlo, pues cuando ya se vea a simple vista no podremos hacer nada”.

Está visto que en este año 2012 tendremos que seguir aguantando presagios oscuros debidos a las fuerzas cósmicas –conocidas o desconocidas– que a través de los más diversos cuerpos espaciales –reales o irreales– nos amenazan en cumplimiento de las terribles profecías mayas. Entretanto, habrá una mayoría de la gente que no se lo tome en serio, habrá otros que tengan una cierta inquietud y, subiendo en la escala, los habrá que se preocupen de construir o buscar un búnker donde esconderse el día del cataclismo (porque haberlos, haylos).

Me viene a la mente algo que sucedió precisamente hace 15 años, por estas mismas fechas, cuando pasó por aquí cerca el cometa Hale-Bopp, brillante y bien visible desde la Tierra. Lo que para muchos fue una curiosidad, o una ocasión de interesarse más por lo astronómico, acabó en tragedia en marzo de 1997 por parte de la secta Heaven’s Gate (la Puerta del Cielo). ¿La razón? Muy simple: en la cola del cometa venía adosada una nave extraterrestre que llevaría consigo a los que abandonaran sus recipientes físicos (vulgo suicidio ritual).

Fueron 39 los adeptos que murieron, y a ellos se unió varios días después alguien que no formaba parte de la secta, pero que conoció su teoría a través de Internet. Y es que, a veces, estas fantasías apocalípticas tienen un efecto más allá de la pantalla del ordenador. Así que, en lo que queda de año “maya”, mucho cuidado.


El resto de "fragmentos" puede verse en:


jueves, 26 de enero de 2012

El apocalipsis de Fidel Castro

Fragmentos de apocalipsis (8)

Seguimos con la serie desarrollada por el padre D. Luis Santamaría, en este caso centrado en la figura del dictador Fidel Castro.

A comienzos de enero ya es normal encontrar en los medios de comunicación las predicciones que en Cuba hacen los “babalawos” o sacerdotes de la santería para el año nuevo. Sobre esto escribí el año pasado justamente por estas mismas fechas (“Augurios del otro lado del océano”, 11/01/11). 

Ahora quiero volver a la isla, pero dejando de lado el sincretismo afrocaribeño para centrarme en un asunto diferente de interés, y que no es otro que las últimas declaraciones del anterior jefe de Estado cubano, Fidel Castro. Quiero tomarlas como un ejemplo reciente de un lenguaje apocalíptico peculiar al que ya nos vamos acostumbrando y que se sale de los límites de lo religioso para impregnar un discurso de nivel político que se difunde en nuestra sociedad.

El contexto de las afirmaciones de Castro es la primera de sus reapariciones públicas en 2012, esta vez por escrito, ya que de vez en cuando corren rumores sobre su estado de salud, y parece que el ex-mandatario debe desmentirlos de forma discursiva. Si durante su ejercicio del poder absoluto la modalidad de adoctrinamiento era la tan conocida de sus arengas interminables, ahora que está en un lugar mucho más discreto su nuevo estilo de magisterio es la aparición de sus artículos escritos, bajo el encabezado genérico de “Reflexiones”. Publicadas por la página web Cuba Debate, y difundidas por Twitter, se enmarcan en un proyecto editorial que se define de esta manera: “un espacio para el intercambio sobre el terrorismo y las campañas de difamación organizadas contra Cuba”, y también como un “proyecto para destruir las calumnias contra Cuba y otros países hermanos, y evitar que la mentira se convierta en un arma mortal”. Por si no es suficiente el diario oficialista Granma para informar, con esa libertad sui generis del comunismo isleño, sobre la maldad de los Estados Unidos, la OTAN y todo lo que represente oposición contra el castrismo, aquí está una web que lanza a todo el mundo las reflexiones del “compañero Fidel”, tal como lo llama el diario comunista ya citado al reproducir los textos exclusivos de Cuba Debate.

Aterrizando en el artículo en cuestión, fue publicado el pasado 5 de enero con el título tremendo de “La marcha hacia el abismo”. No previene de la desaparición de sus colaboraciones escritas, pues no se refiere el ex-dictador a su salud, para regocijo de sus fieles y lamentación de sus víctimas y críticos. Tras algunas reflexiones sobre la historia humana, Fidel afirma que “la idea de un juicio final está implícita en las doctrinas religiosas más extendidas entre los habitantes del planeta, sin que nadie las califique por ello de pesimistas”. Ya se excusa al inicio, por tanto, del tono oscuro de sus predicciones. Y urge a impedir lo que considera un “dramático y cercano acontecimiento”.

¿Qué argumentos esgrime Castro para fundamentar este alarmismo? “Numerosos peligros”, asegura, que se encierran en dos –como los mandamientos–: la guerra nuclear y el cambio climático. Y añade, a estos hechos preocupantes, el brillo de los números redondos, que tanto gusta a agoreros y que, como Nostradamus de turno, sirve para mostrar lo ideal de la fecha para que ocurra algo grande. Las efemérides que subraya son el aniversario correspondiente de la Revolución (así, con mayúscula) cubana y el cincuentenario de la “crisis de los misiles” de 1962. La verdad es que sorprende que exagere tanto el peligro del armamento atómico cuando precisamente aquel momento histórico de hace 50 años sí que se vivió como el instante previo a la más que segura guerra nuclear. Aún así, ahora el ex-dictador afirma que “ninguna otra época de la historia del hombre conoció los actuales peligros que afronta la humanidad”.

¿Qué le espera entonces al ser humano? La posibilidad de “una muerte espantosa en breve tiempo”, si empiezan a explotar las bombas que hay por ahí. Y de esperanza o seguridad, nada de nada, si hacemos caso a una frase lapidaria de Castro: “La humanidad, en cambio, no goza de garantía alguna”. La bestia parda es el vecino del norte, el eterno enemigo de Cuba. Pero si se arregla el tema y al final no hay cataclismo nuclear –vamos, si se retrasa, porque dice el camarada que sucederá tarde o temprano–, tenemos el Plan B de este peculiar milenarismo comunista: retrasada la guerra, lo que acabará con la humanidad será el cambio climático. ¿A que adivinan quién es el responsable del cambio climático? Sí: los Estados Unidos, además de las multinacionales. Vamos, los de siempre.

¡Menos mal que Fidel dice observar estos terribles acontecimientos “con la serenidad de los años vividos”! Lo mismo cita documentales que científicos, aportando datos que contribuyen a sentenciar de muerte a un mundo podrido. Y ésta es su felicitación para el año nuevo. La verdad es que sólo le ha faltado citar alguna profecía maya, tan de moda en estos días, y poner alguna fecha para el fin del mundo, y así habría entrado con más autoridad en el catálogo de predicciones apocalípticas para este año. A estas alturas de la vida, lo ve todo gris, o más bien negro, y parece que ni la revolución comunista es solución para un destino fatal inexorable. Una situación ciertamente negativa como la que se está viviendo, cuando se mira desde una perspectiva puramente mundana, habiendo arrasado con toda afirmación de sentido religioso de la vida, acaba así. No en el paraíso anunciado por el comunismo clásico sino, en el fondo, en el abismo. Ése es, al final, el horizonte que queda: el apocalipsis de Fidel Castro.

miércoles, 4 de enero de 2012

Magia para el año nuevo

Fragmentos de apocalipsis (7)

Les ofrecemos otro artículo de la serie desarrollada por el padre D. Luis Santamaría, que en este año nuevo de 2012 nos trae alguna de las manifestaciones mágicas y esotéricas ocurridas y celebradas en distintos lugares del mundo para afrontar este nuevo periodo de tiempo.

En mi búsqueda de referencias apocalípticas y milenaristas, sean mayas o no, sobre el año 2012 que hoy comenzamos, me he topado estos días con una serie de grupos y personas de la órbita de la nueva religiosidad y del esoterismo que hacen afirmaciones muy peculiares en torno al cambio anual de calendario, o al menos al que acaba de suceder. Y con unas consecuencias rituales de lo más extraño, a pesar de que a estas alturas, en medio de tanta liturgia popular, se complica cada vez más la celebración de la Nochevieja entre uvas, cava, prenda usada y nueva, ropa de tal color, algo de oro en la copa y la mezcla de cotillones y pirotecnia.

La agencia France Press proporcionaba la siguiente información en vísperas del cambio de año: “en Brasil se espera que dos millones de personas vestidas de blanco lleguen a la playa de Copacabana, en Río de Janeiro, para recibir el 2012 con un gigantesco espectáculo de 24 toneladas de fuegos artificiales lanzados desde el mar, que este año buscan promover la preservación del medio ambiente”. Hasta aquí, parece que todo es normal: al tratarse de otra cultura, pensamos que ésas serán sus costumbres. Pero seguimos leyendo y encontramos la clave de esta celebración: “tradicionalmente, los cariocas vestidos de blanco hacen sus ofrendas a Yemanjá, diosa del mar del culto afro-brasileño candomblé, y lanzan al mar gladiolos blancos en pedido de paz, rojos para tener amor y pasión, o amarillos para atraer el dinero”.

Si la cifra aportada se aproxima a la realidad, estamos ante una práctica bastante difundida. Seguramente no todos los que han participado anoche en este rito sean practicantes asiduos del candomblé, pero esto nos da una idea de la popularización de una costumbre ligada a un culto sincretista afroamericano bien concreto. Muchos de los que han celebrado esta fiesta serán católicos, por ejemplo, y no verán problema ninguno en honrar a una diosa pagana con sus ofrendas. Triste espectáculo que contrasta con las impresionantes actas de mártires que conservamos en la Iglesia como testimonio de antepasados nuestros que se dejaron matar antes que quemar un puñado de incienso delante de un ídolo. En la Biblia, antes de Cristo, encontramos ya el testimonio dramático de los siete hermanos que, junto con su madre, afrontaron el martirio firmes en su fidelidad a Dios y sin abandonar las tradiciones de sus padres (2 Mac 7). Pero ésta es otra historia, y parece que poco tiene que ver con lo que vivimos hoy.

Siguiendo con los cultos afroamericanos, y sin salir del despacho publicado por France Press, “los habitantes de Cuba arrojan baldes de agua para purificar su hogar”. A primera vista, igual que antes, parece una simple costumbre supersticiosa, pero la misma agencia informativa nos aclara que se trata de “una costumbre inspirada en las religiones africanas”. Volvemos, pues, al sincretismo popularizado entre la gente. Leemos también que en Nicaragua se bañan al aire libre para recibir el nuevo año purificados mirando al sol, y en Colombia colocan espigas sobre la mesa donde cenan para invocar a la abundancia, además de poner “tres patatas bajo la cama: una pelada, una a medio pelar y otra sin pelar. A medianoche, se elige una sin mirar: la pelada representa un mal augurio, la medio pelada ni el bien ni el mal y la sin pelar depara gran bonanza”. Aunque desconozco el origen de estas prácticas, nos movemos en el mismo ámbito de ritualización más o menos esotérica de un momento que se vive especialmente como cambio de ciclo.

Según los expertos en sociología de la religión, después de sus investigaciones sobre el terreno, los adeptos de estos cultos afroamericanos –sobre todo umbanda y candomblé– crecen numéricamente en Brasil, y sólo en Río de Janeiro habría más de 250.000. Esto produce unos efectos sociales que van más allá del rito puntual de fin de año en las playas cariocas, pasando a otras esferas más institucionales. En estos días, por ejemplo, el alcalde de Río, Eduardo Paes, ha emitido un decreto que declara el culto a esa divinidad marina, Yemanjá, “patrimonio cultural carioca”. Como afirma acertadamente una noticia de la agencia Efe, esta ofrenda multitudinaria “es una tradición que ha trascendido a la propia religión y que ahora la practica gran parte de la población” de esta ciudad brasileña.

Viajamos hacia el norte y cambiamos de culto, aunque continuamos en el mismo continente y en los parámetros del sincretismo religioso contemporáneo. Algunos medios de comunicación han destacado estos días cómo viven el cambio de año los fieles de la Santa Muerte, algo que ha cobrado una creciente popularidad en México en estos últimos años. Como es natural, sus adeptos encomiendan el año 2012 a la protección de esa figura lúgubre personificada y divinizada. Un redactor de la revista mexicana Sexenio explica que “existen personas que le encargan su seguridad, porvenir económico y salud a la Santa Muerte”, y añade que a pesar del rechazo de la Iglesia católica a esta desviación espiritual, “cada vez más católicos creen en ella y en los milagros que concede, los cuales cobra a alto costo, si no se cumplen los acuerdos que le fueron ofrecidos”.

Podríamos seguir con muchos más ejemplos de todo esto. No pueden faltar los adivinos, cartomantes y magos que siempre aparecen con sus predicciones para el año nuevo. Uno muy popular en Iberoamérica, Walter Mercado (que dio un salto directamente del cine al ocultismo, y que ahora se hace llamar Shanti Ananda), nos puede servir como ejemplo. En su “Panorama astrológico” para 2012 habla de planetas y signos zodiacales, y desde ahí vaticina lo que va a ocurrir. Por un lado, todos los efectos interiores de las personas –cuyo cumplimiento será difícil de comprobar a final de año–, tales como “enfrentar nuestro lado oscuro del corazón y batallar contra nuestros demonios internos”, añadiendo que “sólo con honestidad y fe llegaremos a realizar el Reino de Dios en nuestro interior”.

Por otro lado, lo más interesante y mediático, que son las predicciones que afectan al mundo exterior. Así, leemos afirmaciones demasiado genéricas, como que “los sistemas legales alrededor del mundo tendrán que corregir errores que afectaban a ciertos grupos un tanto marginados y destruir los abusos de poder, tanto gubernamentales como corporativos”. O que “se cuestionarán la llamada sabiduría o los dogmas absolutos de algunas religiones organizadas”. Y están los típicos avances de la política mundial, como éste: “Plutón irá tumbando y destruyendo gobiernos dictatoriales donde no existen libertades”, en referencia a los países árabes que han vivido las recientes revoluciones. Y lo más curioso de todo es que en 2012 “se intensificará el descubrimiento de seres de otros planetas o de planetas paralelos”. Y, para dejar buen sabor de boca, una recomendación práctica: “la sanación global estará en la unión de todos con amor, fraternidad, compasión, comprensión y fe”.

Para terminar, recojo la referencia de algunos medios de comunicación que proponen a sus lectores algunas pistas de acción para el cambio de año. En un periódico ecuatoriano leo los consejos de un “terapeuta holístico” que también es maestro de reiki, y que llamaba a “armonizarse” con vistas al año nuevo. En un lenguaje espiritual típico de la Nueva Era, recomienda la oración –que es “muy poderosa”– con una vela encendida alrededor del aura propia de la persona. A esta oración, explica, “se le pone un propósito deseando que esa vela consuma todo lo negativo de la mente y del corazón. Ese es el fuego transmutador que todo lo quema y lo renueva y mientras más fe le pongas, mejor”. Junto a esto, la meditación: “enciérrate a solas en una habitación y visualiza que del cielo desciende una cascada de luz que viene desde la mano de Dios”. No sabemos de qué Dios habla, claro. Y a esto se une una serie de indicaciones prácticas sobre la limpieza energética con el baño en aguas amargas, la quema de monigotes o la purificación del hogar con incienso.

Ciertamente el cambio de año se vive como un momento especial por parte de las personas, un momento que va más allá del simple gesto de cambiar el calendario y de repartir buenos deseos entre los demás. Los momentos de paso en la vida sirven para mirar atrás y recapitular, y para plantear la vida con sentido hacia el futuro. Cuando no se encuentra este sentido, hay que buscarlo en algún lugar, y por las rendijas del puro positivismo vital se cuelan todas estas ofertas alternativas que habría que situar más en el espacio de la magia que en el de la religión. Se intentan disipar los miedos y asegurar las certezas, dejando muy poco espacio para la esperanza y para la fe, y poniendo todo en las manos de divinidades y fuerzas más o menos conocidas a las que habrá que tener contentas. Pura magia.