domingo, 23 de octubre de 2016

Así son las sectas de tercera generación


El pasado 29 de septiembre tuvo lugar en Córdoba la inauguración del curso académico 2016-2017 del Seminario Mayor “San Pelagio” y del Instituto de Ciencias Religiosas “Beata Victoria Díez”. La lección inaugural estuvo a cargo del sacerdote diocesano y profesor Manuel Sánchez, con el título: “Nuevos movimientos religiosos: la Iglesia ante el desafío de las sectas”. 

Sánchez es miembro de la Red Iberoamericana de Estudio de las Sectas (RIES). Reproducimos a continuación un extracto de la lección, tal y como ha sido publicado en el semanario Iglesia en Córdoba.


La preocupación por las sectas

Desde hace varios decenios los Nuevos Movimientos Religiosos (NMR), también llamados sectas, suscitan gran interés y preocupación. A nivel social la preocupación, básicamente, se centra en lo referente a la vulneración de la legislación vigente y los efectos delictivos consecuentes, además de los efectos psicológicos adversos que sufren muchas de las víctimas que permanecen o han pertenecido a estos grupos.

Será desde mediados de los años setenta en adelante cuando se comience a tomar conciencia de este nuevo fenómeno, dando como resultado, al menos en el ámbito europeo, la publicación de varios documentos, tanto por parte de la Iglesia como de distintos estados europeos, incluido el español, que advertían del riesgo y constataban la alarma social que se iba generando.

Son muchos los autores que se han referido a las causas y consecuencias de un evidente vaciamiento ético y religioso de la cultura y la sociedad actual. Tal vez, el talante nuevo de nuestra época nos desvele que lo religioso, tradicionalmente entendido, tiende a difuminarse. El hecho de que las teorías modernas que pronosticaban la desaparición de la religión no hayan encontrado cumplimiento no significa que lo religioso, y concretamente lo religioso cristiano, no deba afrontar desafíos que las nuevas religiosidades de tipo manipulativo están planteando, sobre todo porque está en juego la dignidad y la libertad de la propia persona.

A pesar que parte de la población se ha alejado de la práctica cristiana, resulta innegable que no se ha producido un desarraigo total del deseo de trascendencia. Más bien habría que afirmar que, lejos de su eliminación, lo religioso y, concretamente lo religioso cristiano, se ha desplazado. De ahí que el vaciamiento al que aludíamos, un vaciamiento ético y religioso de tradición cristiana, esté siendo reemplazado por unas nuevas referencias de una considerable variedad y complejidad.

La postmodernidad, el contexto cultural ideal

Esta diversidad de lo religioso surge en un contexto también distinto. La modernidad, que parte de la Ilustración, pero que fundamentalmente se consolida en el s. XIX con la revolución industrial, postula que la ciencia y la técnica darán al hombre el bienestar y la felicidad que necesitan. Por tanto, la razón humana, la confianza en la ciencia y el progreso sustituyen a Dios.

Pero pronto esta esperanza se desvanece: dos guerras mundiales, el holocausto nazi, amenaza nuclear, guerra de Vietnan, mueren de hambre de millones de seres humanos al año, etc. Las esperanzas de la modernidad se vienen abajo. A la vez que la modernidad iba entrando en crisis se va configurando un nuevo talante de pensamiento. Lo incuestionable es que aquella sociedad moderna tecno-económica y burocratizada está siendo cuestionada. El modelo fundamental de este cuestionamiento es la postmodernidad.

El pensamiento postmoderno apuesta por el abandono de los grandes ideales y de las utopías históricas. La desconfianza en la todopoderosa razón moderna y el desengaño frente a las instituciones ha provocado que la sensibilidad postmoderna propicie y favorezca la experiencia concreta, lo vivido y sentido, lo experimentado aquí y ahora. Esta sensibilidad, cuando entra en el ámbito del espíritu, sistemáticamente desconfía de toda religión institucionalizada y opta por dimensiones exclusivamente transcendentes e individualizadas.

Esta fascinación por el misterio ha encontrado su máxima expresión en la denominada Nueva Era. Esta corriente de espiritualidad potencia lo concreto, los vínculos interpersonales, intimistas, el autoconocimiento como introspección, negando o tergiversando las afirmaciones universales del cristianismo. Así, la búsqueda de lo sagrado cobra tintes individuales, o de ámbitos locales y reducidos, cultivando aquellos aspectos que tienen que ver son lo emocional, lo mistérico, lo oculto.

Llegados a este punto observamos que modernidad y crisis de la modernidad o postmodernidad, han propiciado el terreno idóneo para el florecimiento de esta nueva espiritualidad que reviste infinitas formas en los denominados Nuevos Movimientos Religiosos -NMR-.

El nombre –sectas o NMR–: ¿de qué hablamos?

Respecto a la terminología, resulta imprescindible delimitar el concepto. Tradicionalmente, lo que hoy llamamos NMR eran, en su mayoría, calificados como sectas. La etimología del término castellano “secta” proviene de dos verbos latinos: secare (cortar, separar, romper con…) y sequi (seguir, optar por…). Es importante tener este dato en cuenta para diferenciar el sentido con que se utiliza en la actualidad y el que podía tener hace dos mil años, cuando al cristianismo naciente se le denominaba como “secta judía”.

Hoy todos entendemos que al utilizar la palabra secta referida a un grupo, estamos significando una realidad manipulativa, coercitiva, destructiva, etc. En la actualidad se utilizan muchos nombres para referirse a estos grupos destructivos sin que exista un criterio común (Nuevos movimientos religiosos, Religiones alternativas, Grupos de reforma del pensamiento, Cultos, Religiones de juventud, etc.).

El documento del Secretariado romano para la unidad de los cristianos emplea “sectas o nuevos movimientos”. El cardenal Francis Arinze, en su relación "El desafío de las sectas o nuevos movimientos religiosos: una respuesta pastoral" en el consistorio Extraordinario del Colegio cardenalicio, en abril de 1991, se inclina decididamente por la segunda denominación de tal suerte que es casi la única usada en el texto. A favor de ella se halla el hecho de que carezca de sentido peyorativo y el poder ser aplicado a los distintos grupos estudiados.

En la actualidad, muchos de aquellos grupos catalogados como sectas continúan siéndolo, pero se han revestido de formas y dinámicas de actuación que no corresponden del todo con la acepción y características tradicionales del concepto. Además de la complejidad del fenómeno por las múltiples formas que presenta, esta realidad está suscitando la atención social de muchas áreas de investigación, ya que en nuestras sociedades modernizadas del occidente cultural se están transformando, en no pocos casos, en nuevas formas de religiosidad que resultan tan imperceptibles objetivamente como bien aceptadas por una considerable masa de población.

Cuando hablamos de NMR estamos aludiendo a un fenómeno surgido en el interior de nuestra cultura occidental, de carácter religioso o filosófico-religioso que si bien pueden tener su fuente, mayoritariamente, en culturas y tradiciones religiosas no occidentales, ha terminado por ser patente occidental y producto de exportación espiritual.

Todas ellas, de una forma u otra, surgen como reacción al contexto religioso y socio-cultural que las envuelve, no necesariamente actuando y manifestándose siempre en contra del mismo, porque ello supondría el riesgo de un rechazo frontal por parte de un considerable segmento de población, sino que asumen, absorben, incorporan elementos religiosos circundantes y valores sociales vigentes que, mediante una dinámica ecléctica, distorsionan sibilinamente y ofrecen, sin escándalo, un producto nuevo que, si bien no es fiel a las doctrinas o contenidos axiológicos originales, sí que consigue un producto aceptable para ser consumido en el mercado filosófico-espiritual del hombre postmoderno.

Hemos de añadir que este tipo de grupos tienen una inclinación muy definida a tomar elementos de la psicología e, incluso, presentarse como una escuela o corriente psicológica reconocida, incorporando autores y determinadas líneas de investigación para adoptarlos como “padres” o fundamento de sus doctrinas, cuando en realidad no es más que una conformación manipulada del propio movimiento en cuestión, como es el caso de la emergente Psicología humanista o ciertas corrientes de la Gestalt, para crear un producto original y atrayente.

Es también elemento común a estos grupos su disposición a dialogar con las ciencias, pero esta forma o perspectiva de entender la ciencia dentro de los NMR parte de una base teórica del Tao Filosófico y de los descubrimientos de la física cuántica. La referencia esencial en que se ha plasmado esta tendencia es el texto clásico de Fritjof Capra, "El Tao de la Física".

Nuevas espiritualidades emergentes

Ciertamente el rostro del dios de la postmodernidad presenta unos rasgos diferentes que podríamos sintetizar en la denominada “espiritualidad difusa” que, a su vez, conlleva un tipo de relación específica con la divinidad.

Los NMR que surgen o se adaptan en el marco de la postmodernidad se caracterizan por una ausencia de la pertenencia del sujeto. Este cree pero no pertenece o su ligazón a una creencia determinada es circunstancial, momentánea o transitoria y, en gran medida, supeditada a la coyuntura existencial personal. Cuando esta cambia, aunque sea en parte, también se transforma la creencia y se modifica o diversifica la suave pertenencia a otros grupos que aporten novedad o posibilidad de nuevos horizontes de sabiduría espiritual. La pertenencia es circunstancial, acomodaticia a la situación concreta existencial del sujeto. Es la concreción de la religión no institucionalizada.

Como consecuencia, en segundo lugar, la identidad cuantitativa de los NMR no se caracteriza por el gran número de seguidores que integran oficialmente sus filas. Hasta hace dos decenios la imagen del número formaba parte de la puesta en escena proselitista de estos grupos. Actualmente su poder reside en la gran capacidad de influencia que ejercen en un cada vez más elevado número de personas, bien sea a través de contactos personales o mediante la presencia en las redes sociales, lo que posibilita el conocimiento y la posible adhesión desde la intimidad del domicilio.

En tercer lugar, esta creencia sin pertenencia puede parecernos carente de firmeza y sin demasiado fundamento si pensamos en el modelo que, desde sus inicios, ha dado identidad a la Iglesia, e incluso a diversas religiones históricas en las que el ámbito comunitario, doctrinal y celebrativo es parte esencial de la identidad creyente del sujeto que forma parte de ellas.

Incluso en las tradicionales sectas modernas que inician su andadura a finales del siglo XIX y que aún perduran, aunque en franco declive en su modelo actual, el rasgo de la pertenencia era de indudable importancia. En realidad, la falta de pertenencia en los actuales NMR radica no tanto en la creencia firme sino en la novedad de la creencia. El acento es la novedad y esta se presenta cambiante y difusa pero atrayente, porque abre a expectativas ilusionantes que, si bien pueden decepcionar a corto o medio plazo, siempre será posible sustituirlas por otras nuevas. Nos situamos así ante el consumo de lo religioso, en el que el producto espiritual no deja de transformarse y, por tanto, de ofrecer nuevas oportunidades en una búsqueda de identidad.

Los NMR podemos calificarlos como grupos filosóficos, religiosos, éticos, espiritualistas, ocultistas, energéticos, esotéricos, de sanación, de crecimiento personal, etc., todos ellos surgidos, en su forma actual, en las últimas décadas y como reacción crítico-existencial a la pretensión racionalista y cientifista de dar sentido a la existencia del hombre al margen de las religiones tradicionales. Si bien estos grupos, a nivel autónomo, suelen ocupar un lugar periférico en el amplísimo panorama social, en su conjunto, como tendencia, van ocupando un espectro cada vez más amplio.

Las posibilidades del potencial escondido

Nos situamos ante un modo de vivir y entender la existencia que transmite el sentido de pertenencia a un conjunto de experiencias subjetivas. Experiencias que se presentan como un refugio placentero que contrarresta el sinsentido de lo cotidiano. Es una religiosidad vital que satisface un deseo puntual y momentáneo de espiritualidad sin pertenencias estables. Veamos algunas claves.

Buscan los actuales NMR una experiencia de los orígenes, remontándose a las ancestrales experiencias precristianas que proporcionarían una especie de “religiosidad incontaminada” de las distorsiones provenientes, según ellos, de la tradición judeo-cristiana. Que Dios haya hablado al hombre por medio de Jesucristo no aparece como vehículo de salvación puesto que es un acontecimiento externo al individuo. La salvación consistiría en la consciencia de una experiencia subjetiva de “iluminación” que llevaría a la propia interioridad como fuente única de sentido. Así, descubriendo cada individuo las raíces de su propio ser, se insertaría en una especie de armonía cósmica.

En segundo lugar, la pregunta sobre la verdad, presente en todas las tradiciones religiosas, es sustituida por la pregunta sobre la utilidad, que consiste en encontrar el punto coincidente entre salvación y salud mediante técnicas que permiten alcanzar el efecto deseado. Todo aquello que conduzca al sujeto a un equilibrio físico-mental es considerado como medio religioso. No se descarta nada. Los medios espirituales de cualquier procedencia son considerados simples técnicas que conducen a la relajación, al equilibrio personal o la transformación del ser. Los NMR ofrecen terapias cuyos “maestros espirituales” son psicoterapeutas, entrenadores personales, sanadores, etc.

En tercer lugar hemos de considerar la mentalidad neo-científica. Los NMR pretenden resucitar la ciencia eliminando su tendencia materialista y sustituyéndola por otra de orden espiritual. Dicho de otro modo, la concepción científica ha pasado del modelo mecanicista que tiene como modelo la física clásica de Newton al modelo “holístico” de la física moderna, según el cual la materia no consiste en partículas sino en ondas y en energía; el universo sería un “mar de energía” que se considera una totalidad, un organismo unitario vivo que, en la medida que se investiga y se conoce nos conduce a la unidad del todo, a la raíz del ser en la que no se distingue sujeto y objeto; el individuo no es un observador independiente, neutro, sino que es parte del todo, energía vital interconexionada. No existe Dios y mundo, alma y cuerpo, cielo y tierra. Todo es una inmensa vibración energética en la que todo está conectado.

Una cuarta clave nos llevaría a considerar el mundo de lo oculto. Encontramos NMR que si bien los catalogamos así, propiamente pertenecerían más al mundo de lo mágico que a la esfera de lo religioso. Los NMR que se adentran en este ámbito cuentan con un contenido doctrinal escasísimo pero que se compensa con la mentalidad mágica que se ha instalado en todos los niveles sociales. No cuentan con prácticas reiteradas de tipo litúrgico.

En este sentido, tal vez la práctica más extendida en este ámbito sea el denominado “Channeling” o canalización de entidades superiores que ofrecen al “canalizador” revelaciones de muy diversa naturaleza y provenientes de instancias cósmicas, seres ascendidos, ángeles, santos, etc. A esto podemos unir formas menos sofisticadas como el espiritismo popular (Oui-ja), la diversidad de técnicas de adivinación, etc.

Ya no se trata de una pertenencia o adhesión a unos principios que el individuo asume desde su referencia a un grupo determinado, sino participación personal en una visión de la realidad que, en el fondo, es una concepción de la filosofía neo-gnóstica.

La opción por las filosofías orientales sería una quinta clave. Los NMR asumen, en su gran mayoría, no solo conceptos tomados de las religiones orientales, sino su visión global en la que desaparece cualquier división, cualquier separación en la creencia del Absoluto impersonal. Evidentemente los NMR reaccionan a la visión judeo-cristiana en la que se “divide y separa”, según piensan ellos, a Dios del hombre, quedando entre ambos la sola posibilidad de una relación dialogal que impide la total inmersión del yo en la Totalidad.

Se abriría así un abismo insalvable entre el hombre y Dios, entre Dios y el cosmos. La tendencia orientalista considera que la multiplicidad y la diversidad son solo apariencias y ofrecen su verdad, que consiste en afirmar que la Realidad es una y es sagrada; el hombre, como parte de esa realidad es divino, es Dios. No hace falta, en consecuencia, rendirle cuentas a nadie externo al individuo.

Para alcanzar esta conciencia se brinda la “meditación”, diferente del concepto occidental, mediante la cual se puede llegar a la “iluminación” que consistiría en descubrirse como parte del Absoluto impersonal presente en cada individuo; cada persona tomaría conciencia que es parte de la “Energía Cósmica”, lo que le conduciría a superar los límites de la condición humana y alcanzar así capacidades sobrehumanas que le permitirían sentirse una sola cosa con la “consciencia universal”, con la energía cósmica.

Evidentemente, todos estos elementos y concepciones orientalistas están sacados de su contexto original y adaptados a las mentalidades occidentales. Paradigma de ello será la doctrina de la reencarnación, elemento adulterado en los NMR como respuesta compensatoria a la eliminación de la experiencia de la resurrección cristiana.

Una sexta clave la encontramos en la psicología no reglada y la intromisión en la ciencia médica, lo que se conoce como “nuevas terapias de sanación”. Los NMR hacen una utilización de la psicología no desde la perspectiva formativa o clínica, sino como medio de expansión de la conciencia e instrumento de sanación integral que permite abrir al individuo a la experiencia mística, evidentemente no de carácter cristiano.

La psicología asume un papel de tipo religioso que busca la liberación y sanación de conflictos existenciales, la integración de la personalidad del individuo mediante el conocimiento de sus potencialidades ocultas y el descubrimiento de su auténtico ser. El ámbito religioso de estos grupos se reduce a simple técnica en manos del terapeuta de turno, titulado o no, por lo que cualquier elemento de las diferentes religiones es válido.

En lo referente a las nuevas terapias de sanación, en lo que concierne al ámbito de la salud, en las últimas décadas nuestra sociedad ha asistido a la creación de un auténtico psicomercado, fuera del ámbito de la psicología profesional. Todas las actividades de las pseudociencias utilizan un lenguaje con una importante carga esotérica y fomentando interpretaciones ingenuas de la enfermedad o del problema, de forma que se termina depositando toda la responsabilidad del padecimiento y de la curación en la persona afectada.

Estos grupos manipulativos afirman, por ejemplo, que un cáncer tiene su origen en un conflicto de pareja; si no se soluciona con las claves que dan al enfermo no será responsabilidad del pseudoterapeuta, sino del enfermo, que no ha seguido correctamente sus indicaciones.

Conclusiones

Las grandes sectas tradicionales siguen estando ahí. Pero no podemos ignorar que el escaparate del “gran hipermercado de las sectas” se está renovando. No podemos afirmar que la práctica de todas las técnicas arriba mencionadas sean sectarias; lo cierto es que todas ellas son utilizadas como “careta” por multitud de sectas de tercera generación para encubrir sus auténticos fines.

La Iglesia ha brindado, a raíz del Concilio Vaticano II, numerosos y valiosísimos documentos para afrontar, en este contexto actual de cambio de época, el desafío que suponen los NMR. No podemos ignorar esta realidad que afecta al hombre de hoy; conocerla es prioritario para dar respuesta real desde la fe en el Dios de Jesucristo. No hay recetas.

Anuncio del Kerigma, formación integral, sentido comunitario, experiencia espiritual que lleve a un encuentro personal con Cristo, sentido estético de la liturgia, etc. Importante es la implicación de profesionales cristianos de diferentes disciplinas que colaboren a favor de tantos heridos que buscan, aunque sea como última posibilidad, un lugar en este “hospital de campaña” de nuestra Iglesia.

En su homilía en Santa Marta del 19 de abril de este año, el Papa Francisco nos proponía a Jesús, el Buen Pastor, en contraste con el mundo de los falsos pastores, adivinos, magos y otros personajes que ofrecen espiritualidades que esclavizan porque no pasan por la Puerta que es Jesús y que dañan a las personas.