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miércoles, 8 de abril de 2009

Las Doce Tribus: los “primeros cristianos” que son objeto de polémica en España


En el número 125 de Info-RIES publicábamos un artículo sobre la vida en la comuna que tiene en la localidad de Agones (Asturias, España) la secta Las Doce Tribus. Unos días después, el diario La Voz de Asturias publicaba, en su suplemento Cuaderno del Domingo, un artículo de investigación de Javier Cuevas sobre el mismo grupo y el mismo lugar, que reproducimos a continuación.

Era el año 2003. Un pequeño grupo, que en aquel momento se presentó como ecologista, adquiría por unos 180.000 euros una parcela en Agones, un pequeño pueblo a las afueras de Pravia. De esta forma, Las doce tribus, una comunidad religiosa de ámbito internacional que ha sido tachada de secta en varios de los países en los que actúan, extendía sus ramificaciones hasta Asturias. Su filosofía, afirman, es la de los primeros cristianos. La austeridad salta a la vista en la ropa que llevan y en el barracón donde viven la mayoría de sus miembros –dicen los vecinos que entre 30 y 40 personas– y que no es otra cosa que unas antiguas caballerizas donde cada cubículo se ha transformado en una minúscula habitación. Contrasta, sin embargo, su parque móvil. Todoterrenos y grandes furgonetas de importación americana cuyo consumo no parece cumplir con el compromiso ecológico del que presumen.

La parcela de Las doce tribus está estratégicamente alejada del pueblo, al lado de un camino por el que casi nadie pasa. De este modo, escapan de los curiosos y su actividad es todavía más discreta. Rufino Menéndez es el vecino más próximo que tienen y uno de los pocos que utiliza este camino. «En cuanto apareces por ahí ya te preguntan a dónde vas», explica. La mayoría de los habitantes de Agones afirman tener una buena relación con los miembros de Las doce tribus, aunque Rufino, policía retirado, mantiene que el comportamiento de la mayoría de ellos es diferente al de sus líderes.

El alcalde de Pravia, Antonio de Luis Solar, comenta que en el municipio se sabe muy poco de lo que pasa de puertas adentro de la finca, y afirma que su participación en la vida social del pueblo se limita a la venta en mercados de verduras, hortalizas o productos de panadería, sin que hasta la fecha haya tenido lugar ningún conflicto con los habitantes de Agones.

Vivir su vida

Dos hombres descansan a la puerta de la casa principal, donde según sus vecinos, viven las personas que toman las decisiones en el grupo. Aseguran que las pocas veces que han confiado en la prensa para que relate su forma de vida, este relato ha sido tergiversado de forma malintencionada, y también afirman no estar interesados en desmentir las acusaciones de violencia de género o maltrato infantil que en algún momento se han vertido contra ellos. «Estamos aquí viviendo nuestra vida y no queremos que se haga dinero con ello». Quien habla es un hombre de unos 35 años y barba poblada –algo característico de todos los varones de la comunidad– que asegura que los seguidores de Las doce tribus tienen una buena convivencia con el resto de Agones.

Para más información, remiten a la prensa al contenido de su página web, donde se afirma que la iglesia cristiana está en decadencia desde el siglo I, que la juventud es indisciplinada. No figura, sin embargo, que las personas que pasar a formar parte de la comunidad transfieren todos sus bienes a la misma, que será también beneficiaria de los seguros que hayan suscrito.

Apoyadas junto a la puerta descansan dos varas de madera, el instrumento con la que en otras ocasiones han sido acusados de golpear a los niños –ellos lo denominan corregir– dentro de una férrea disciplina de aprendizaje. No ha sido su único problema. A raíz de una denuncia de los vecinos, la Consejería de Educación elaboró en el 2006 un informe en el que se constataba que los seis menores que en aquel momento residían en la finca de Agones estaban sin escolarizar, pese a tener plaza en los centros públicos de su área de referencia. El informe fue remitido al Observatorio de la Infancia y a la Fiscalía del Menor, donde fue finalmente archivado.

El fiscal, Jorge Fernández Caldevilla, explica que la legislación actual no es «muy dudosa» respecto a la obligatoriedad de la escolarización. Aunque es obligatorio que los padres escolaricen a sus hijos, no se establece ninguna sanción en el caso de que no lo hagan. Hasta hay una sentencia del Tribunal Constitucional que deja «cierta libertad» a los padres a la hora de decidir la educación que reciben sus hijos. «Desde luego, lo que no hay es delito», señala Fernández Caldevilla.

El informe de Educación se acompañó de otro más elaborado por la Consejería de Bienestar Social y en el que se determinaba que, salvo el hecho de no estar escolarizados, los menores no se encontraban en situación de desprotección. Los padres tampoco los vacunaban, pero son ellos los que tienen la última palabra sobre el calendario de vacunaciones y, de todos modos, el Principado comprobó que cuando surgía un problema grave, los miembros de Las doce tribus acudían al centro de salud.

Así todo, se solicitaron informes a la Guardia Civil y a la Policía Local de Pravia, así como un reconocimiento de los niños por parte del psiquiatra forense para detectar si se practicaban técnicas de control de conducta pero en el que no se encontró ninguna anomalía. El fiscal matiza que, aunque el caso se haya archivado, la investigación podría volverse a abrir si se confirman los supuestos malos tratos de los que han sido acusados o si se detecta cualquier otra anomalía. Por ejemplo, cita la posibilidad de que alguno de estos menores pueda tener dificultades si en el futuro quiere romper la barrera de la comunidad y relacionarse con el resto de la sociedad.

¿Secta o comuna religiosa?

¿Es o no una secta? Para Luis Santamaría, sacerdote y responsable en España de la Red Iberoamericana de Estudio de las Sectas (RIES), la respuesta está clara si atendemos a sus actos. «En abril de 1997 Las Doce Tribus protagonizó un suceso en el sur de Francia. La secta dejó morir a Raphael Ginhoux, un niño de 19 meses. No se le prestó la atención médica necesaria por la lectura fundamentalista de la Biblia que hace este movimiento», recuerda. Desde la RIES se realiza un seguimiento de los grupos que han sido considerados sectas, trabajo que este colectivo hace público a través del blog http://info-ries.blogspot.com.

Para financiarse, explica, junto a otros pequeños negocios, recurren a la venta de productos artesanos y ecológicos porque «les sirve como escaparate público, y así pueden contactar con personas interesadas en la ecología, la vida alternativa en comunas, la elaboración de artesanía y un amplio abanico de actividades». Es también el motivo, apunta Santamaría, por el que Asturias y Euskadi han sido las comunidades elegidas para sus asentamientos.

El discurso, prosigue el experto, se centra en una oposición entre lo positivo del grupo y lo negativo del mundo exterior. «La obediencia ciega a los ancianos del grupo como expresión de la voluntad divina y las restricciones en el juego de los niños» son otras de las características de Las doce tribus, que a pesar de haber sabido esquivar los problemas legales que han tenido en Asturias siguen dejando muchas dudas.

Fuente: Info-RIES nº 127 (6/04/09).

jueves, 26 de marzo de 2009

Periodista española relata su visita a una comunidad de Las Doce Tribus


“Una mañana con las doce tribus”. Así se titula el reportaje que hace unos días ha publicado el diario asturiano La Nueva España, que visitó a los miembros de esta comunidad espiritual en la localidad de Agones, que rechazan las críticas que pretenden hacerles pasar por una secta peligrosa, según explica la redactora, Lorena Valdés.

Noche del sábado, suena el teléfono: el domingo por la mañana tengo que visitar la comunidad de Las Doce Tribus en Agones (Pravia). Se trata de un grupo de raíz religiosa que obedece la doctrina de Elbert Spriggs, un norteamericano que se autoproclama apóstol y dice recibir órdenes directas de Yashua (Jesús en hebreo).

Voy dispuesta a conocer un poco más su forma de vida y descubrir cuál es la opinión de sus miembros sobre las acusaciones que les achacan un comportamiento rayano al extremismo religioso. Son muchas las voces que les acusan de manipulación y de no escolarizar a sus hijos a los que -según su versión- no dudan en golpear con una vara de madera cuando se portan mal. Recientemente, un joven catalán denunció que su hijo estaba secuestrado por esta «secta» en Agones. Este padre logró en diciembre pasado ver a su hijo. En un intento desesperado por sacar al pequeño de la comunidad de Las Doce Tribus, ambos se escaparon por una ventana. Ahora está acusado de secuestro y los tribunales dilucidan el caso.

Con estas previas, decido acudir acompañada. A falta de guardaespaldas tipo los «miami» de Ana Obregón, mi madre se presenta como voluntaria. En el camino a Agones nos preguntamos cómo será el día a día de esta comunidad. Estamos inquietas por cómo nos recibirán. A la entrada del pueblo un vecino nos indica dónde se encuentra la casa de Las Doce Tribus. Un camino estrecho y sin asfaltar nos conduce hasta el chalé pintado de amarillo y con una construcción anexa de bloques de cemento. Un niño asomado a una de las ventanas del piso superior nos explica donde está la entrada a la que se accede por un pequeño jardín.

La puerta está abierta y nos recibe un hombre que responde perfectamente a la descripción física de los miembros de esta comunidad, pelo largo atado en una cola, barba poblada y ropa holgada. En ningún momento se identifica. Tras preguntar quién soy, me invita a sentarme en el sofá de su sala de estar y esperar a que me reciba Serek: «Es la persona que te puede atender, aunque no te aseguro que quiera hablar contigo». Mi madre se queda en el coche. Me explica que también debe pasar, que no puede quedar allí. Antes de irse me pregunta: «¿Estáis a favor o en contra nuestro?». Le explico que aún no tengo ninguna idea prefijada.

A los pocos minutos podemos conocer a Serek, un hombre joven que ejerce de líder, acompañado de otro miembro, más tímido, de la comunidad. Los dos hombres se muestran amables y muy educados y nos invitan a tomar café, pero desconfían de nuestras intenciones... Nos observan de arriba abajo, sin perder detalle. Permanecen en todo momento de pie y prefieren preguntar a ser preguntados.

Hablamos de las acusaciones que se vierten contra ellos, incluso les mostramos algunos recortes de prensa. Aseguran que no habían leído casi nada y se ríen a carcajadas mientras comentan el contenido de los artículos. Hablan en inglés y preguntan quién lo ha escrito. «Todo son calumnias, la verdad no vende», comenta Serek. De fondo se escucha el ruido de los niños. Seis familias comparten la casa. Es la hora del desayuno. «Los periodistas buscan siempre el morbo para que les compren sus artículos y así poder cobrar», acusa Serek.

De repente su desconfianza va en aumento y los dos hombres clavan su vista en nuestros bolsos. Nos piden que les mostremos lo que llevamos dentro, temen una cámara oculta. «Tuvimos muy malas experiencias con la prensa, entraron en nuestra casa con cámaras ocultas y eso no está bien». Mi madre muestra el contenido de su bolso con naturalidad y el gesto les relaja. Cuentan algún detalle de su vida cotidiana: «Aquí vivimos seis familias. Agones es un pueblo tranquilo y podemos disfrutar de un entorno natural. Tenemos huerta, cultivamos fabes, sabemos cocinar fabada, y también tenemos gallinas, los huevos caseros son estupendos para las tortillas». Vuelven a rechazar las acusaciones de extremismo religioso y afirman que ellos han elegido voluntariamente su forma de vida sin molestar a nadie.

La conversación toca su fin. De nuevo parece que nuestra presencia no les es cómoda, aunque en ningún momento se muestran descorteses. Antes de cruzar la puerta intento conocer cómo son sus relaciones con los vecinos. «Nos llevamos muy bien con los que nos conocen de verdad y con las autoridades también», responden antes de invitarnos a preguntar en el pueblo. Luego, antes de irnos, nos invitan a volver. «Si quieres un día puedes venir a visitarnos, pero no como periodista, todo el mundo que quiera conocernos es bien recibido».

Abandonamos la casa y, mientras salimos del aparcamiento, donde hay coches y furgonetas, varios jóvenes de la comunidad, la curiosidad siempre es joven, vigilan nuestros pasos desde las ventanas. No quieren sobresaltos, curiosos, ni periodistas que invadan su espacio. Están cansados de que se les cuestione. En el camino de vuelta algunos de sus vecinos, los que no declinan la invitación a hablar, nos comentan: «son gente tranquila». Eso ha quedado claro, igual que otra cosa: nos les gusta que las visitas se presenten sin avisar.

Fuente: Info-RIES nº 125 (4/03/09).

martes, 17 de marzo de 2009

Denuncian la actuación en España de Las Doce Tribus, con menores sin escolarizar


“Una tribu bajo sospecha”. Así se titula el reportaje que acaba de publicar el suplemento Domingo del diario español El País sobre la secta Las Doce Tribus. Firmado por Juan Diego Quesada, señala que sus adeptos no escolarizan a sus hijos, reconocen el castigo corporal como una forma de educarles, según ex miembros, y rechazan en muchos casos los adelantos médicos. La comunidad de Las Doce Tribus, que trata de vivir como los cristianos primitivos, se ha asentado en varias zonas de España.

"Te manipulan y te lavan el cerebro sintiéndose que ellos son los elegidos". Es el relato de un ex miembro de Las Doce Tribus, una organización espiritual que trata de vivir al estilo de los primeros cristianos. La Biblia es el único libro que pueden leer sus adeptos, que obedecen a rajatabla la doctrina de Elbert Spriggs, un norteamericano que se autoproclama apóstol y dice recibir órdenes directas de Yashua (Jesús en hebreo). Los miembros tienen que abandonar su trabajo y sus pertenencias para vivir en comunidad, alejados de la "satánica" influencia de la sociedad. No escolarizan a sus hijos y les acusan de golpear a los pequeños con una vara de madera.

La Guardia Civil, en un informe, señala que hay indicios de que Las Doce Tribus son un "grupo de manipulación". En España tienen comunidades en Irún y San Sebastián (Guipúzcoa), Pravia (Asturias) y Nerja (Málaga), donde viven actualmente unas 150 personas. En el mundo cuenta con 3.000 miembros, en sitios tan diversos como Australia, Argentina y EE UU. "Esta nueva cultura se mantiene pura porque no permite que entre en ella nada extraño o sucio que pueda contaminarla. Uno debe abandonarlo todo para formar parte de ella", explican para captar adeptos. Ellos mismos se definen como un nuevo movimiento que está emergiendo en distintos puntos del planeta y que llegado el momento, "cuando la comunidad sea perfecta y pura, Yashua volverá y limpiará la tierra de todo rastro de la vieja cultura".

La granja de Las Doce Tribus en San Sebastián se esconde en lo alto del monte Ulía, cerca de un acantilado que da al mar Cantábrico. Aquí viven unas 30 personas, con familias. Hay desde un hombre de 40 años al que siempre le ha gustado "vivir en hermandad" hasta un ex presidiario arrepentido ahora de su vida anterior. La convivencia está rigurosamente reglamentada. Se levantan al alba, mientras uno de ellos toca la guitarra y canta de habitación en habitación. La oración y el trabajo marcan el día a día de los hermanos. Fabrican pan que después venden en una tienda ecológica que regentan en el centro de la ciudad.

Todos adoptan un nombre hebreo al entrar en la comunidad. Para "evitar tentaciones", las mujeres no se depilan y visten con ropajes anchos. Ellos llevan barba poblada y se recogen el pelo en una coleta. Guil, nombre ficticio, de unos 50 años, es el único soltero de la casa. Asegura que hace pocos años llevaba una vida frívola. Drogas, sexo y alcohol. Puro rock and roll. Ahora ha cambiado, ha encontrado "la luz". Simpático y de aspecto bonachón, pone en duda que el visitante sepa lo que es el amor verdadero. "En realidad es eso que...", y deja las palabras en el aire. Chasquea los dedos buscando la definición. No la encuentra. "Cosas de la droga", dice ante un té caliente.

A continuación se sienta Hanock, un joven robusto con mujer y varios hijos. Él tiene claro que la educación en la comunidad es la mejor que le pueden dar a los menores. "¿Para qué ir al colegio? Ahí les dicen que el hombre viene del mono, algo ridículo. O que los homosexuales son gente normal". Habla tranquilo y con cierto aire poético. A Hanock, también una identidad ficticia, no le gusta que le digan que pega a sus hijos, sino que prefiere referirse a este hecho como "una instrucción". "Sencillamente, no les dejamos a su aire. Los niños cuando nacen son egoístas y sólo piensan en ellos. No deben tener tiempo para pensar ni fantasear. Se apodera con facilidad el demonio de ellos", explica Hanock. Los niños, según el testimonio de los que han convivido con ellos, son azotados con una vara de madera en las manos o las nalgas por desobedecer a los padres. "¿Y para qué leer otro libro que no sea la Biblia? No aportan nada a nuestra convivencia", añade.

A las siete en punto de la tarde se reúnen en el piso de arriba. Instantes antes de que empiece la minja, la ceremonia religiosa en honor a Yashua, Guil aún sigue buscando en su cabeza lo que es el amor, sin éxito. En un pequeño salón, los miembros se colocan en círculo, adultos y niños. Zacarías, un líder de esta comunidad, empieza a tocar la guitarra. Unos cuantos entran en el círculo y se dan la mano. Bailan en zigzag. A continuación, reflexionan sobre lo que han leído ese día en la Biblia o sencillamente sobre algo que les ha ocurrido. "Esta mañana he sentido envidia. Sentí algo malo, muy malo. Sentí la llamada del Maligno, pero lo rechacé", expone una mujer con acento extranjero. Otro relata un versículo que le agrada. Guil habla. Y por fin da con la tecla: "El amor: es dar la vida por los demás". Sonríe satisfecho.

La comunidad, que no consta como entidad religiosa en el registro del Ministerio de Justicia, tiene negocios de venta de productos naturales, carpintería, imprenta, colocación de sistemas fotovoltaicos y distribución de sal artesanal del sur de Portugal. También participan en ferias medievales. Ahí los conoció un ex miembro que prefiere mantener el anonimato. Apenas tardó una semana en irse a vivir a la casa de San Sebastián con su mujer y una hija. De eso hace ya siete años. Se bautizó con su familia en una inmersión en agua, como tienen que hacer los miembros al ser aceptados. Años después, él se cansó de ser "manipulado". "Ahí no hay libertad. Te controlan por completo", dice. Ahora no quiere hablar mucho del asunto, está cansado. Él abandonó la casa con su familia, pero ellas -su esposa y su hija- volvieron a entrar. Está resignado, ahora que vive solo y no las ve casi nunca.

Miguel Perlado es el presidente de la unidad de Atención e Investigación de Socioadicciones (AIS), una entidad privada que funciona desde hace 35 años. Ha tratado en muchas ocasiones con ex miembros de Las Doce Tribus. Opina que lo que les convierte en un grupo de riesgo es la vida en comunidad que realizan, y así logran que el control del grupo sea más "férreo" y que el adepto sea "poco accesible para su familia". "Toda la estructura de la comunidad y su funcionamiento corresponde a una secta coercitiva", explica. "En los niños, esta forma de vida crea más problemas. Únicamente tienen un criterio aprendido ahí dentro. El control de la información es total. Todo es público, el líder conoce de las experiencias de todos, sus miedos, sus culpas. No se tiende a respetar la individualidad de la persona", sostiene Perlado.

Las charlas en grupo que tienen los adeptos, donde cuentan sus experiencias día a día, le parecen "una terapia muy salvaje". "Tienden a darle a todo un sentido muy culpabilizador. Preocupa mucho la mezcla de niños y adultos en estas charlas". Perlado también cuenta que el grupo pone mucho énfasis en contar con mujeres, pues ellas pueden tener descendencia y garantizar la supervivencia del grupo. De ahí que el conflicto entre parejas que están dentro surja cuando la mujer quiere quedarse y el hombre salir, como ocurre frecuentemente.

Éste es el caso de otro antiguo miembro que tampoco quiere facilitar su nombre para este reportaje, pese a que ha contado su vivencia en foros de Internet con nombre y apellidos. Es la historia de una lucha por sacar a su hijo de Las Doce Tribus. A ella entró con su pareja, a la que iban a llamar Magdalena, con un bebé de ambos y dos hijos de ella fruto de relaciones anteriores. A los pocos meses de estar dentro, él, que pide llamarse Naky, se quiso ir. Magdalena se oponía. Hubo denuncias mutuas. Finalmente, ella accedió. "Entre tus hijos y Yashua ¿a quién elegirías?", le preguntaron los miembros de Las Doce Tribus a Magdalena cuando dijo que iba a irse. Y le recordaron el sacrificio de Abraham, su mano blandiendo un puñal ante el cuello de Isaac, su primogénito. Si eliges a tus hijos es que no sirves para cuidarles, le soltaron a la mujer, que hacía días que había decidido abandonar la comunidad junto con sus tres hijos.

Fuera le esperaba Naky. "A los bebés, cuando lloran, les amordazan y les cogen de los brazos para reducir su personalidad desde que son muy pequeños. Les pegan desde los seis meses, yo lo he visto. Es de verdad un lavado de cerebro. No quería que mi hijo fuese un robot". Y termina: "Eso fue una pesadilla que por fin acabó. Ahora queremos empezar de cero una vida nueva". La última casa en la que estuvo Magdalena fue en las afueras de Pravia, ubicada sobre un terreno agrícola de cinco hectáreas.

El único suceso conocido en esta casa es la denuncia que presentó en 2006 un vecino que dio pie a la investigación de la Fiscalía de Menores. El lugareño les acusaba de ser una secta y no tener escolarizados a los pequeños. En esa época, los servicios sociales de Asturias realizaron un informe, al que ha tenido acceso este periódico, que explica lo siguiente: "Los menores conviven con sus padres con un fuerte ideario y una vida muy mediatizada por la fuerte carga ideológica y religiosa y las normas de la comunidad. Si bien se valora que las necesidades básicas de los niños están cubiertas, no apreciándose una situación de riesgo".

La Guardia Civil recomendaba realizar un examen psiquiátrico a los pequeños sin escolarizar. A continuación, un psicólogo del Instituto de Medicina Legal de Asturias exploró a los niños y concluyó lo siguiente: "No puede acreditarse que los menores, recibiendo la educación alternativa que sus padres y entorno social les dispensan y los valores morales implícitos en dichas enseñanzas, padezcan ningún tipo de sintomatología o trastorno que pueda atribuirse a ningún tipo de manipulación". La fiscalía, a la vista de estos informes, archivó el caso en 2006.

El informe hacía referencia a que Las Doce Tribus utilizan recursos sanitarios alternativos. Apenas acuden al médico. En 2001, en Francia fueron condenados dos de sus miembros por la muerte de un niño, que sufría cardiopatía congénita, al que negaron la medicina moderna. Al menos en España, algunas familias han empezado a vacunar a sus hijos. La fiscalía, a la vista de estos informes, archivó el asunto.

El Defensor del Pueblo andaluz, José Chamizo, abrió también una investigación. Los servicios sociales del Ayuntamiento de Nerja visitaron la casa de la comunidad y no apreciaron ningún riesgo para los menores. Un portavoz del Defensor dice que "el no llevarlos al colegio no supone obligatoriamente un caso de desatención".

Los niños del grupo trabajan con sus padres en el campo. Las niñas cosen y ayudan a hacer la comida en San Sebastián. Tampoco van a la escuela. Sus padres prefieren educarlos en casa. El ejemplo es Spriggs, el líder, que define el razonamiento como "una influencia demoniaca del alma". "¡Qué suerte tienen los niños!", dice Guil, el soltero. "Están puros, a diferencia de los que nos hemos criado fuera". Cree que ellos, "libres de pecado", podrán recibir inmaculados a su mesías. Un portavoz de la Consejería de Educación del Gobierno vasco señala que no le consta que en el caserío haya niños sin escolarizar. "Cuando haya algún tipo de denuncia se actuará", aclara.

Las cuatro comunidades de Las Doce Tribus serán sólo una en breve, ya que los dirigentes han acordado vender las tierras en las que actualmente se encuentran para instalarse a las afueras de Girona. En otros países, el grupo ha tenido más problemas. Hace tres años fueron investigados en Francia por una comisión parlamentaria, ante la preocupación de la escolarización. Los diputados afirmaron que los niños "no eran capaces de explicar el sentido de lo que leen". El presidente de la comisión francesa, al visitar la casa, declaró que tuvo la sensación de encontrarse con "18 Natasha Kampusch", la joven austriaca que fue retenida por un individuo desde niña en un sótano. En 2004, el Estado de Nueva York sancionó a dos comunidades por explotación infantil, mientras que en Alemania varios de sus miembros fueron detenidos por el trato dispensado a los menores.

"Son la secta más destructiva que hay ahora mismo en España. Se saltan a la torera la Constitución", opina Juantxo Domínguez, concejal socialista de Pasaia (Guipúzcoa) y presidente de Redune, la asociación de ámbito estatal para la prevención de la manipulación sectaria. Desde hace años trabaja con personas que salen de Las Doce Tribus. Considera al grupo "totalitario y perverso con los menores". Con Domínguez se puso en contacto un chico extranjero que hace siete años llegó a Valencia como alumno de Erasmus. Acabó enrolado en el grupo. Se entusiasmó con su modo de vida sencillo. Lo dejó todo, en contra de la opinión de sus familiares. Todo le fue bien hasta el día que dijo de irse, donde le esperaba "la muerte eterna". Le trataron como un judas, cuenta Domínguez. Al verle, sus padres pensaron que venía de un campo de concentración nazi. Este joven no ha querido hacer declaraciones porque dice que va a denunciar por manipulación a la comunidad, aunque su abogada explica que no ha movido el asunto por el momento.

Tras una sinuosa vereda junto a Río Seco, en Nerja, un cartel con flores pintadas da la bienvenida a los visitantes. Pero una vez dentro, los seguidores del apóstol Spriggs se muestran hostiles con los periodistas. Un hombre fuerte, con acento andaluz y larga melena dice que no quiere hablar con la prensa. "De aquí hasta allí, nosotros", dice, mientras señala la cancela que da a la calle. "A partir de ahí, vosotros".

Fuente: Info-RIES nº 123 (16/03/09).

viernes, 26 de diciembre de 2008

Afectado por Las Doce Tribus: “quiero sacar a mi hijo de una secta que considero peligrosa”


Iván Méndez, el joven catalán que denunció que su hijo estaba secuestrado por una secta de Agones (Pravia, en la provincia española de Asturias), se trasladó hace unos días a Asturias para ver a su hijo. Lo logró. En un intento desesperado de sacar al pequeño de Las Doce Tribus, y comprobar que se encontraba bien, Iván salió por la ventana de la casa de la comunidad. Fue denunciado por intento de secuestro. El diario La Nueva España fue testigo de su angustia, y lo cuenta la periodista Idoya Ronzón.

Iván Méndez aterrizó en el aeropuerto de Asturias el pasado 16 de diciembre, desde Barcelona. Llegó solo, y nervioso. Más de dos meses removiendo cielo y tierra habían dado sus frutos: sabía -creía saber- que su hijo, Rafael, de nueve meses, se encontraba en Agones (Pravia), en una casa de la comunidad de Las Doce Tribus, una «organización espiritual» que él y numerosos expertos en la materia califican de «secta destructiva y alienante» y que cuenta con centenares de adeptos en todo el mundo. Su ex compañera, Cintia, había desaparecido con el pequeño el 8 de octubre, sin dejar rastro. Ni un aviso, ni una llamada, ni un «estamos bien». Nada.

Encontrarlos no había sido fácil y la única idea que rondaba por la cabeza de Iván cuando tocó tierra en Asturias era la de ver al niño. La Nueva España viajó con él al día siguiente hasta la localidad praviana, donde el joven consiguió por fin penetrar en la vivienda de la comunidad, en la que -explica- fue encerrado en una habitación con llave. La que sigue es la crónica del intento desesperado de Iván para que su hijo no viva condenado «en una secta» en la que asegura que los niños sufren malos tratos físicos, no están escolarizados, no existe un contacto normalizado con «el exterior» y la forma de vestir de sus adeptos recuerda a una representación teatral del Antiguo Testamento.

Visita a la comunidad de Las Doce Tribus

Tres y media de la tarde. Miércoles, 17 de diciembre. Hasta Agones se desplazó Iván -30 años-, una abogada del despacho de Pedro Menéndez Prieto -que le representa en este -, La Nueva España y dos periodistas de Tele 5 venidos desde Madrid y que colocaron al joven una cámara oculta para no perder detalle de lo que ocurría en el interior de la casa. Sobre las cuatro y media, Iván llamó a la puerta de la vivienda, con la cámara captando cada uno de sus movimientos. Le abrió uno de los miembros de Las Doce Tribus: barba negra y poblada, y ropa oscura, amplia, austera.

-Quiero ver a mi hijo. ¿Me vais a dejar verlo?-, preguntó Iván. -No-, le contestó el hombre. -Por favor, por humanidad, quiero ver a mi hijo-, volvió a pedir Iván. Tengo claro lo es que es este sitio. -Si es así, ya te puedes ir-, le respondió de nuevo el miembro de la organización. Iván dio entonces media vuelta, farfullando un «Vosotros veréis lo que hacéis. Yo no me voy a quedar parado». Entonces, el hombre le llamó, le pidió que se acercara y le permitió entrar en la casa.

Iván fue introducido en una habitación «que cerraron con llave», asegura. Con él estaban dos adeptos de Las Doce Tribus: el que le había abierto la puerta, que identificó como Malak, y otro, de nombre David. Al poco bajó Cintia. -Ni siquiera eres dueña de tus actos-, le dijo Iván-. Están pensando por ti. Quiero ver al niño.

Según relata Iván, la mujer miró entonces a los dos hombres que estaban con ellos en la habitación, «como pidiendo aprobación». Uno de ellos asintió con la cabeza y le llevaron al pequeño. Hacía dos meses que no lo veía. «Ellos me repetían que no había entendido su mensaje», explica Iván, sobre el que no pesa ninguna resolución judicial que le prive de ver o estar con su hijo cuando lo desee. Desde el punto de vista legal, tanto derecho tiene él como la madre del pequeño.

-Vosotros pensáis de una manera, igual que hace 1.500 años. En la Inquisición, se pensaba de otra-, les replicó Iván. -Sabemos que podemos acabar así-, le contestaron, con tranquilidad. El joven pidió permiso para sacar al niño fuera de la casa, con la excusa de dar un paseo. En realidad, explica, quería comprobar que no había sufrido ningún daño físico y que no le habían practicado la circuncisión. «Las Doce Tribus permite el castigo físico a los niños. Una vez allí, tienes que "bautizarte" para morir y volver a nacer y, al hacerlo, has de donar todos tus bienes. Cintia no tenía nada, ni casa ni dinero, pero sí tres hijos (dos de una relación anterior) para entregar».

Los dos hombres que acompañaban a Cintia, que seguían con la mirada todos sus movimientos, asegura, le dijeron que no, que no podía sacar al niño de allí. «Cintia se puso entonces de pie, como un muelle. "No te llevarás al niño", me dijo. "El niño no saldrá de aquí porque así está escrito en la Biblia". Y empezó a gritar "¡Malak, Malak, cógelo"». Iván vio detrás suyo un ventanal grande, a unos treinta centímetros del suelo, lo abrió sin pensar y salió de la casa, con el niño en brazos.

Iván fue entonces a donde se encontraban su abogada y La Nueva España en una explanada situada a escasos metros de la casa. Al poco tiempo, llegaron varios miembros de la comunidad, persiguiéndole a bordo de dos coches de alta gama, y una patrulla de la Guardia Civil. «Iván, dame al niño», le gritaba Cintia, mientras miembros de la organización observaban la escena. Los agentes de la Guardia Civil, atónitos al principio, intentaban infundir tranquilidad, mientras la abogada del joven trataba a su vez de explicarles lo que sucedía. En realidad, poco más podían hacer, ya que los dos -Iván y Cintia- tienen idénticos derechos sobre el niño. El momento no podía ser más tenso.

Historia anterior del caso

La historia comenzó con el nacimiento de Rafael. La relación entre Cintia e Iván no iba bien. «Ella estaba muy agobiada. Un día, su hermano le comentó que había conocido Las Doce Tribus, en Nerja (Málaga), y pensó que podían ayudarla». Así, el 22 de agosto la mujer se trasladó a la comunidad. Cuando Iván habló con ella, la vio «satisfecha». «Me dijo que aquello estaba bien, que podíamos vivir los tres en la naturaleza. A mí no me pareció mal».

Las cosas cambiaron inmediatamente después de la llegada de Iván a Nerja. La pareja no podía vivir en la misma caravana porque no estaba casada. «Me restringían estar en la zona donde Cintia residía con los niños, sólo me dejaban estar con ellos en las reuniones que organizaban, a las seis de la mañana y las cinco de la tarde. Siempre me ponían a una persona al lado, para "adoctrinarme"». En un arranque de desesperación, Iván se fue a Barcelona. Y ya no volvió a ver a Rafael ni a Cintia. Atando cabos, supo que se habían trasladado a Asturias. Así que en noviembre viajó a Agones e intentó ver al pequeño. No le dejaron. Por eso al verse ahora con el niño en brazos se resistía a dejarlo marchar.

Desenlace

«Yo sólo quería estar un momento tranquilo con mi hijo», explica Iván. «No tengo por qué verlo en una habitación cerrado con llave, con dos miembros de Las Doce Tribus delante. No quiero que mi hijo crezca así. Me gustaría que creciera con su madre, pero siempre que ella esté en libertad. Sé que Cintia puede ser más o menos perfecta, pero es su madre. Yo no quiero separarla del niño, sino sacarlo a él de una secta que considero peligrosa. Se están vulnerando sus derechos, y los míos».

Finalmente, Iván entregó al pequeño. Cintia se montó entonces en uno de los coches de Las Doce Tribus y se alejó de allí. Se dirigió al cuartel de la Guardia Civil de Pravia, donde puso una denuncia contra Iván por intento de secuestro. «Aunque parezca lo contrario», explica el abogado del joven, Pedro Menéndez Prieto, «eso será beneficioso para Iván, ya que de este modo la justicia actuará más deprisa». El joven prestó declaración en el cuartel al día siguiente y regresó, otra vez solo, a Barcelona. La próxima cita será en el Juzgado.

Al llegar a la casa de Agones, Iván Méndez intentó hacer entrar en razón a Cintia. «Te está asesorando el mismísimo Satanás», le contestó ella, según la versión del joven. En la fotografía, Cintia, de pie junto al coche, intenta a través de la ventanilla que Iván le dé al niño. Junto al vehículo, la abogada del joven -del despacho de Pedro Menéndez Prieto- explica a un agente de la Guardia Civil cuál es la situación. «Nunca pretendí llevarme al niño», explica Iván. «No así, sólo quería asegurarme de que estaba bien, porque esto es de locos».

Proceso legal

Iván, de mano de su abogado, solicitará vía judicial la guarda y custodia del niño. Aún no da crédito a lo que le sucede. Según el letrado, Pedro Menéndez Prieto, «debajo de ese manto de paz espiritual y amabilidad exquisita que proyectan los dirigentes de Las Doce Tribus, se esconde un grupo de auténtica manipulación psicológica que, cuando no se sienten observados, llegan a adoptar un comportamiento autoritario, cínico y cruel. En todo momento, creen estar en posesión de la verdad absoluta.

Este comportamiento coincide plenamente con la definición de secta coercitiva surgida en la Conferencia de Wingspreade: «Grupo o movimiento de características totalitarias, presentado bajo la forma de asociación o grupo filosófico, cultural, científico, comercial, terapéutico, político, religioso o de cualquier otra temática, que exige una absoluta devoción o dedicación de sus miembros a alguna persona o idea, mediante el uso de técnicas de manipulación, persuasión y control, con objeto de conseguir los objetivos del líder y del grupo, provocando en sus adeptos una total dependencia».

Fuente: La Nueva España, 20/12/08.

domingo, 14 de diciembre de 2008

Afectado por Las Doce Tribus: «Mi hijo está secuestrado por una secta»


Un joven catalán lleva dos meses sin saber nada de su bebé, después de que su compañera se fuera con él a una «organización espiritual» afincada en Pravia. Los expertos califican a Las Doce Tribus como una «peligrosa secta, destructiva y alienante», que tiene cientos de adeptos en todo el mundo

Oviedo, Idoya RONZÓN

La voz de Iván Méndez suena a desesperación. Ya no sabe qué puertas tocar, a quién acudir. Hace más de dos meses que no ve a su hijo Rafael, de nueve meses, «secuestrado», asegura, por su madre, que decidió marcharse a vivir con los miembros de Las Doce Tribus, una «organización espiritual» que él y numerosos expertos en la materia califican de «secta destructiva y alienante» y que cuenta con centenares de adeptos en todo el mundo. Las pocas pistas que dejó la «desaparición» de su compañera y el bebé han traído a Iván hasta Asturias. A Agones, en Pravia, donde Las Doce Tribus tienen una granja y donde Iván tiene constancia de que se encuentra su pequeño.

Iván Méndez, de 30 años, es de Barcelona, aunque hasta que su vida se convirtió en una búsqueda angustiosa vivía en Órgiva (Granada) con el niño, su compañera y dos hijos más de ésta, de 5 y 10 años, de una relación anterior. Un pequeño repaso al significado de Las Doce Tribus pone en situación para entender la preocupación que transmiten las palabras de Iván: sus adeptos no ven la televisión, ni escuchan la radio, ni leen periódicos. Su contacto con el exterior es mínimo. Su modelo de vida está inspirado en el Antiguo Testamento, tratan de seguir el estilo de vida tribal de los primeros creyentes, incluso en su vestimenta. Trabajan de sol a sol, practican la circuncisión a sus hijos y no llevan a los niños a la escuela. Y, según relata Iván, defienden el castigo físico a los menores, «a los que golpean con una vara». Iván, que se ha puesto en manos del abogado ovetense Pedro Menéndez Prieto, no sólo pretende volver a ver a su hijo. «No quiero que viva así, quiero sacarlo de ahí», afirma. El defensor del menor de Andalucía ha decidido investigar la situación de los niños de esta «comunidad».

La historia comenzó con el nacimiento de Rafael. La relación con su compañera, Cintia, no iba bien. «Ella estaba muy nerviosa, agobiada con los niños. Un día, su hermano le comentó que había conocido Las Doce Tribus, en Nerja (Málaga), y pensó que podían ayudarla». El pasado 22 de agosto, la mujer se trasladó a la comunidad. Pasó allí la noche y cuando Iván habló con ella la vio «satisfecha». «Me dijo que aquello estaba bien, que podíamos vivir los cuatro allí, en la naturaleza. A mí de mano no me pareció mal. Residíamos en un piso de alquiler, así que quedamos en que ellos se adelantarían y yo me encargaría de vaciar la casa y buscar un hogar para nuestros perros (allí no se permitían animales). Al principio parecía una comuna normal, sin nada extraño, daban una buena imagen». Iván dejó su trabajo como jardinero y se puso a empaquetar las cosas de su familia. Hablaba con su compañera a diario, por teléfono. Y ya empezó a sospechar: «A veces me decía cosas extrañas, que allí había gente conectada con Dios, pero tampoco sabía muy bien qué pensar entonces».

A finales del pasado mes de septiembre, Iván fue a Nerja. «Yo ya había empezado a percibir la transformación de Cintia», afirma. Y al llegar, de mano, le espetaron que la pareja no podía vivir junta en la misma roulotte porque no estaba casada. «Luego me dijeron que ella y sus tres hijos se tenían que marchar a San Sebastián. Yo, claro, me opuse». Pero aquello no había hecho más que empezar: «Me restringían estar en la zona donde ella residía con los niños, sólo me dejaban estar con ellos en unas reuniones que organizaban, a las seis de la mañana y a las cinco de la tarde. Siempre me ponían a una persona al lado, para adoctrinarme, y ella estaba rodeada de dos mujeres». «Mi preocupación», continúa, «es que pegan a los niños, con una vara. Yo lo he visto. No les dejan jugar con juguetes, con nada, sólo obedecer».

En algo más de una semana, Iván comprendió lo que sucedía allí, «pero Cintia no. En Las Doce Tribus tienes que "bautizarte" para morir y volver a nacer y, al hacerlo, tienes que donar todos tus bienes. Cintia no tenía nada, ni casa ni dinero, pero sí tres hijos para "entregar"». En un arranque de desesperación, Iván se fue a Barcelona a ver a su familia. De pronto, relata, «un día la hicieron "desaparecer", a ella y a los niños». Y ya no volvió a verlos. Atando cabos, supo que los habían enviado a Pravia. El pasado mes de noviembre viajó a Asturias y se presentó en Las Doce Tribus. «Me negaron ver a mi hijo, no me dejan verlo», afirma desconsolado. Mientras tanto, Cintia cursó una denuncia contra él por malos tratos para mantenerlo alejado, que finalmente el juez dejó sin efecto al entender que carecía de fundamento.

«Era tal mi desesperación que me golpeaba a mí mismo por no pegarle a ella; pero era tarde, ya la habían captado»

Hubo un instante en que Iván pensó que la pesadilla había terminado. Aún estaban los dos con Las Doce Tribus, en Nerja. «Un día vino Cintia y me dijo que nos teníamos que ir, porque le habían hecho una pregunta. "Si tuvieras que elegir entre tus hijos y Yahshua (como se refieren a Dios), ¿con qué te quedarías?". Ella respondió que con los niños. Y le dijeron que se tenía que marchar, nos hicieron sacar todas nuestras cosas y nos llevaron a la estación de autobús».

Como ya no tenían casa, fueron a la de un hermano de Cintia. «Pero esa misma noche me replicó que no se tenía que haber ido, que yo lo que quería era matarla. Era tal mi desesperación que me golpeaba a mí mismo por no pegarle a ella. Pero ya era tarde, ya estaba captada. Me decía que aquello era el paraíso. Y se fue».

Según el abogado Pedro Menéndez, «no existe ningún motivo por el que Iván no pueda ver a su hijo y tendrá que ser la justicia la que decida cuál de los dos progenitores es el más idóneo para cuidar del bebé y, en su caso, establecer el oportuno régimen de visitas. Sabemos que es una secta peligrosa y no nos quedaremos con los brazos cruzados».

Fuente: La Nueva España, 14/12/08.

jueves, 20 de noviembre de 2008

Padre denuncia que su hijo está en la secta "Doce Tribus"


Joven español denuncia que su ex-pareja tiene en una comuna de la secta “Las Doce Tribus” a un hijo de ambos.

Un joven barcelonés de 30 años ha presentado una denuncia ante la Policía autonómica catalana en la que asegura que su ex pareja sentimental tiene en contra de su voluntad en una secta al hijo común de ambos, nacido en Motril hace ocho meses y al que no puede ver. En el escrito, presentado ante los Mossos d'Escuadra, el hombre manifiesta que su ex novia, con la que vivió durante varios meses en Órgiva (Granada), se puso en contacto con una hermandad conocida como "Las doce tribus" al tener problemas para educar a sus tres hijos, dos de ellos de una relación anterior.

Según el denunciante, el pasado 22 de agosto de 2008 la mujer, de 29 años, cogió a los tres niños y fue a visitar la referida hermandad, que al parecer cuenta con una cafetería y con una casa en la localidad malagueña de Nerja. Al regreso de esta visita su novia le comunicó que se fuese a vivir allí y éste aceptó, aunque al instalarse en la casa de la comunidad vio conductas "no muy normales" por parte de sus responsables.

En el relato que hizo ante la Policía, el joven comenta que al bautizarse en la hermandad obligaban a la gente a que donase sus bienes materiales, debían ser "sumisos" y no dejaban que los niños -a los que golpeaban si se portaban mal- tuviesen contacto con el exterior, ni con juguetes ni libros. Al tercer día de convivencia en la comunidad el denunciante decidió irse "porque creía que aquello era una secta", precisa el escrito presentado el pasado 20 de octubre de 2008, y cuando vio que su mujer y su hijo no salían volvió para intentar sacarlos de la misma.

Según informa la agencia española Efe, aunque ambos optaron por irse de la casa, cuando su relación ya no funcionaba el joven se fue hasta Barcelona y dejó a su hijo con su ex pareja, que al parecer el pasado 16 de octubre volvió a entrar a vivir a la casa con los niños "a los cuales tiene sin escolarizar".

Fuente: Granada Digital, 17/11/08.